Guía
para el Jefe de Tropa
Por:
Lord Baden-Powell de Gilwell
A MANERA DE PROLOGO
No hay que
preocuparse del volumen de este libro.
El Escultismo
no es ciencia abstracta ni difícil; antes bien es juego alegre
si se le aborda por el lado bueno. Al mismo tiempo es instructivo
y (como la misericordia) beneficia tanto al que da como al que
recibe.
El vocablo
"Escultismo" ha venido a significar un método para
formar al ciudadano, mediante juegos que se adaptan a la
naturaleza de la niñez.
En este mundo,
las niñas son de mucha importancia, pues cuando las madres de la
nación son buenas ciudadanas y mujeres de carácter, se
preocupan de que sus hijos no carezcan de estos atributos. Según
marchan las cosas, se hace indispensable el adiestramiento para
ambos sexos, y se imparte por medio de actividades de los Scouts
y de las Guías. Los principios son los mismos, tanto para los
varones como para las niñas; la única diferencia estriba en
cuestión de detalles.
En una de sus
novelas, el escritor inglés A. S. M. Hútchinson, sugiere que lo
que la juventud necesita es ambiente sano; pues éste se lo
proporciona el Escultismo; y es el mismo que Dios ha brindado a
todo el mundo: aire libre, felicidad y oportunidad de ser útil.
Sin duda
alguna, el Jefe de Tropa al iniciar a sus muchachos en las
actividades del Escultismo, se impone el deber de participar en
esa misma felicidad y utilidad. Descubre que ha emprendido una
labor mucho más elevada de lo que se imaginó al comenzarla,
puesto que se da cuenta que rinde un servicio a Dios y a la
humanidad, servicio digno de que le consagre toda su vida
Si se espera
que este libro indique los peldaños para subir hasta la cúspide
de una perfecta sabiduría, se sufrirá un desengaño.
Me propongo
simplemente delinear, a guisa de sugestión, lo que hemos
encontrado que nos podría dar buenos resultados y las razones
que lo justifican.
Un hombre
lleva a la práctica las sugestiones que se le hacen con tanto
mayor afán cuanto mejor comprenda los fines de ellas.
Baden Powell of
Gilwell
INTRODUCCIÓN
A LA PRIMERA EDICION
GUIA
PARA EL JEFE DE TROPA
Poco antes de
que estallara la Primera Guerra Mundial, Baden Powell había
preparado y dirigido un curso para Jefes de Tropa. Para poder dar
este curso, hizo unos apuntes relativos al adiestramiento de
muchachos mediante el Escultismo. Después de terminado el
conflicto se le sugirió que esos apuntes bien podrían ser
publicados en forma de libro. Los revisó a la luz de la
experiencia que se había adquirido, pues de mil maneras la
guerra fue una prueba por la cual paso el adiestramiento del
scout, y fue así como, en 1920, apareció la obra originalmente
escrita en inglés con el título de "Aids to Scoutmastership"
(Guía para el Jefe de Tropa).
En aquel mismo
año se celebró en Londres la Primera Reunión (Jamboree)
Mundial de Scouts, con el fin de fundar y estimular la
Fraternidad Mundial de Scouts En dicha reunión, Baden Powell fue
aclamado espontáneamente como Jefe de los Scouts del Mundo,
honor que él siempre consideró como el más elevado de todos
los que había recibido.
Diez años
después se publicó una edición corregida de "Aids to Scoutmastership".
Y a mí me tocó el honor de colaborar en su preparación. Baden Powell
me solicitó que cooperase con él ya que, en mi carácter de
Jefe de Campo del Parque de Gilwell, era mi deber, así como
satisfacción, seguir y exponer las sugestiones y consejos
contenidos en este libro para el adiestramiento práctico de los
Jefes de Tropa. Había además a la sazón otro vínculo que
unía más estrechamente al Jefe Scout con el Parque de Gilwell.
En 1929, al entrar el Escultismo en su mayoría de edad - por
decirlo así - y celebrarse el Tercer Jamboree Mundial de Scouts,
se le confirió al Jefe Scout un título de nobleza del Reino
Unido. Por recomendación del Comité Scout Internacional, el
Jefe Scout agregó a su nombre el título de Lord y el de Gilwell,
llamándose entonces Lord Baden Powell of Gilwell, puesto que el
Parque de Gilwell había sido reconocido como el Centro
Internacional de Adiestramiento de los Scouts. Por otra parte,
tanto los miembros que integraban el Comité, como el propio
Jefe, abrigaban el deseo de poner de relieve la distinción que
la monarquía británica había conferido a la Fraternidad
Mundial de los Scouts.
Las
principales partes en que se dividen ambas ediciones de la obra
se basaban en un cuadro que ideó el Jefe Scout y en el cual hizo
constar el análisis de las cualidades propias a todo verdadero
ciudadano y las prácticas del Escultismo que las inculcan.
Según costumbre suya, Baden Powell siempre revisaba su material,
empeñándose en presentarlo en lenguaje tan claro como fuera
posible. Uno de los resultados de esta constante revisión fue el
cuadro bien simplificado del Esquema para el Adiestramiento del
Scout, cuadro qué incluyó en su obra autobiográfica intitulada
"Lessons from the Varsity of Life" (Lecciones tomadas
de la Escuela de la Vida).
La edición
mundial de esta "Guía Para el Jefe de Tropa", se ciñe
a este último análisis. El material de las primeras ediciones
ha sido amoldado ligeramente para que se conforme a ella, y se
han llenado unos cuantos vacíos con párrafos tomados de otras
obras de Baden Powell. En vista del propósito que persigue esta
nueva edición, para elevarla del plan nacional al internacional,
se ha evitado hacer referencias a ciertas prácticas educativas
inglesas, tan en boga en la tercera década de este siglo, pero
que ya no son ni pertinentes ni oportunas. El trabajo de
redacción en inglés fue ejecutado con toda idoneidad por
William Hillcourt, miembro del personal de redacción de los Boy Scouts
de Estados Unidos, quien durante su vida de Escultismo ha seguido
con asiduidad y orgullo el sendero que abrió BP
Nos es grato
dejar constancia del reconocimiento de que es acreedora Lady Baden
Powell, quien generosamente ha dado su consentimiento y estímulo
para que pudiera prepararse esta edición.
Mi propio y
firme criterio es que el Escultismo, por todo el mundo, necesita
tornarse hacia la idea original y simple de que es un juego, que
ayudará al autodesarrollo del muchacho con la más mínima
intervención posible por parte de los adultos. Si nosotros, que
nos hemos elegido para desempeñar el alto cargo de ser sus
directores, nos proponemos ACORDARNOS DE CUANDO ÉRAMOS MUCHACHOS
en nuestra vida cotidiana y en todas nuestras actividades de
Escultismo, haremos mejor nuestro trabajo y obtendremos mejores
resultados. Para lograr esto no hay ayuda más excelente que la
ofrecida por la Fraternidad Scout, que es en sí una fuerza
poderosa para fomentar la buena voluntad y el entendimiento no
sólo nacional, sino también internacionalmente.
Apoyada en
este criterio, la presente edición de "Guía para el Jefe
de Tropa" sale ahora a la luz pública. Acariciamos la
esperanza de que esta obra ha de contribuir a mantener vivo el
verdadero Espíritu del Escultismo, tal cual lo vislumbró su
Fundador. Nuestro anhelo es que ayude a los Jefes de Tropa, en
todo el mundo, a comprender los fines y métodos de nuestras
actividades.
J. S. WILSON
(1939 - 1953)
PARTE
I
CÓMO ADIESTRAR AL MUCHACHO
- El Muchacho
- Escultismo
El Jefe de Tropa guía al muchacho con el
espíritu de un hermano mayor.
EL JEFE DE TROPA
Como palabra preliminar de aliento para
los que aspiran a ser Jefes de Tropa, quisiera desvanecer el
concepto errado que usualmente se tiene sobre que, para llegar a
lucirse como Jefe de Tropa, el individuo debe ser émulo del
Admirable Caballero Crichton, es decir, ser sabio...
No hay tal cosa.
Sencillamente, lo que sí debe ser es
hombre-muchacho, esto es:
1) Poseer espíritu de muchacho y saber,
como primera medida, colocarse en su plano;
2) ser consciente de las necesidades,
perspectivas y deseos inherentes a las distintas edades de los
muchachos;
3) tratar con el muchacho
individualmente, y no en conjunto, y
4) fomentar el espíritu de cooperación
para obtener los mejores resultados.
Con referencia al primero de estos
puntos, es de saber que el Jefe de Tropa no tiene que ser ni
maestro de escuela, ni oficial de mando, ni director espiritual,
ni tampoco instructor. Todo lo que se requiere es el don de saber
gozar con provecho del aire libre, compenetrarse del anhelo de
los muchachos, y tener el tino de encontrarles otras personas que
los encarrilen en la debida dirección, ya sea con respecto a
materia de señales o de dibujo, del estudio de la naturaleza o
de la exploración.
Tiene que hacer las veces de hermano
mayor, esto es, considerar las cosas desde el punto de vista del
muchacho, aconsejarlo, y guiarlo por el buen sendero,
transmitiéndole entusiasmo. Como un verdadero hermano mayor,
debe apreciar el valor de las tradiciones de su familia y
procurar que las conserve, aun cuando para ello necesite emplear
mucha firmeza. Eso es todo. El Movimiento es una confraternidad
de alegría, tanto más jovial cuanto que en el juego del
Escultismo se hace una gran obra para los demás: combatir el
engendro del egoísmo.
Con respecto al segundo punto, diremos
que existe por ahí gran variedad de manuales que tratan de los
aspectos sucesivos de la vida del adolescente.
En cuanto al tercer punto, la misión del
Jefe de Tropa - de suyo muy interesante - es procurar que el
muchacho muestre sus recónditos sentimientos e imponerse
sutilmente de lo que anida en su alma.
Logrado esto debe asir lo bueno que
encierra su ser, para desarrollarlo a fin de que elimine lo malo.
Por malo que sea el carácter de una persona, siempre hay en él
un lado bueno. El juego consiste en acertar a descubrir esa buena
semilla; saber cultivarla y abonarla, para que llegue a
fructificar con mayor abundancia. Esto no es instruir a la joven
mentalidad; es educarla.
Por lo que hace al cuarto punto: en el
adiestramiento para el Escultismo, el Sistema de Patrullas o
grupos refleja en su conjunto la expresión del adiestramiento
individual, que en la práctica indica todo lo que al muchacho se
le ha enseñado.
El Sistema de Patrullas cuenta también
con un valioso elemento para la formación del carácter, si se
sabe aprovecharlo como se debe. Mueve a cada muchacho a tratar de
asumir alguna responsabilidad personal por el bien de su tropa.
Induce a cada patrulla o tropa a preocuparse del descargo de
alguna misión bien definida que sea de provecho para la Tropa.
Interpretando este espíritu, el Jefe de Tropa queda en
condiciones de juzgar, no solamente su propia instrucción, sino
también sus ideas con respecto a la perspectiva moral de sus scouts.
A la luz de ese espíritu, el scout mismo va comprendiendo poco a
poco que tiene voz y voto en lo que hace la tropa de que forma
parte. El Sistema de Patrullas hace que la Tropa, y por ende todo
el Escultismo, sea un esfuerzo genuinamente cooperativo.
EL DEBER DEL JEFE DE TROPA
Del ejemplo personal del Jefe de Tropa
depende en gran medida su éxito en el adiestramiento del
muchacho. Es asunto fácil llegarse a convertir uno en héroe,
así como lo es el insinuarse como hermano mayor del muchacho. A
medida que el tiempo nos aleja de nuestros días juveniles, se
nos va olvidando la gran capacidad que posee la juventud para
admirar a sus héroes.
El Jefe de Tropa, quien para sus
muchachos es un héroe, tiene en sus manos una poderosa palanca
para su desarrollo; pero esto también le impone una seria
responsabilidad. Los muchachos no tardan en descubrirle alguna
característica o rasgo, no importa cuán pequeño, provenga
éste de alguna virtud o de algún defecto. El natural imitador
de los muchachos inconscientemente hace suyos sus gestos, los
modales que muestre, su ceño, su felicidad radiante, o su mirada
de impaciencia; su voluntad para disciplinarse o flaquezas
morales... No solo se fija en todo esto, sino lo imita.
Por lo tanto, para lograr que cumplan con
todo el espíritu de los cánones de la Ley Scout, es preciso que
el Jefe de Tropa la observe él mismo con escrupulosidad en todos
los actos de su vida. De este modo bastará apenas una palabra
suya para que los muchachos acaten sus indicaciones.
La tarea del Jefe de Tropa se asemeja al
juego de golf, a la siega y a la pesca con anzuelo. Si uno se
precipita, no llega a ninguna parte; ni siquiera hasta donde
llegaría aun movido por impulso apático... Pero es necesario
actuar. De nada sirve permanecer inmóvil. La disyuntiva es:
avanzar o estancarse. Por consiguiente, avancemos... y hagámoslo
jovialmente.
Lealtad al Movimiento
El Jefe de Tropa debe recordar que
además de su deber en particular para con sus muchachos, tiene
otro en general para con el Movimiento. Nuestra intención de
convertir a los muchachos en buenos ciudadanos tiende a
beneficiar a la nación, pues así ésta podrá contar con
hombres viriles y dignos de confianza, cuya concordia y espíritu
de rectitud la mantengan unida en el interior y en paz con los
vecinos.
Investidos del deber de enseñar la
abnegación y la disciplina, mediante la propia práctica y el
ejemplo, es preciso que los Jefes de Tropa estén por encima de
mezquinos resentimientos personales, y deben tener tal amplitud
de criterio que les permita subordinar sus propios puntos de
vista a una norma de pensamiento más elevada. A ellos les toca
enseñar a sus muchachos a ser ecuánimes, cada uno en su
respectiva órbita, como piezas del engranaje de una maquinaria.
Cada Jefe de Tropa tiene señalada su esfera de trabajo, y cuanto
más se dedica a él tanto más responderán los Scouts al
adiestramiento. Luego, tornando la mirada a los propósitos más
elevados que persigue el Movimiento, o a los efectos de la labor
diez años más tarde, será posible aquilatar en su justa
proporción los detalles de hoy
.
Cuando un Jefe de Tropa no quiere seguir
concienzudamente la línea de conducta requerida, la única
actitud varonil que debe adoptar es decirlo sin ambages a su
Comisionado o a la Oficina Nacional, y si no se pueden arreglar
las cosas, entonces que deje el trabajo. En primer lugar, cuando
entró a desempeñarlo lo hizo con los ojos abiertos, y resulta
peregrino que, si después encuentra que no le satisfacen los
detalles, se queje de que la culpa de todo la tienen los
superiores.
Afortunadamente, en nuestro Movimiento,
debido a la descentralización y a que se deja a las autoridades
locales libertad de acción, recortamos muchos de los trámites
engorrosos que siempre han sido causa de fricciones y quejas en
muchos organismos.
También tenemos la buena fortuna de
contar con un cuerpo de jefes de tropa de amplio criterio en su
perspectiva y en la lealtad que en general le guardan al
Movimiento.
Recompensa del Jefe de Tropa
Una vez cierto individuo se atrevió a
decirme que el hombre más feliz de la tierra era él; y tuve a
bien informarle que había otro aun más feliz que él: yo.
No vaya a suponerse que en la
consecución de esta felicidad no nos salieron al paso mil
contrariedades. Todo lo contrario.
Lo que nos da el gozo completo de
haberlas vencido es precisamente la satisfacción de que no nos
arredraron los obstáculos que se nos presentaron, y haber sabido
soportar con determinación las punzadas de las espinas.
No debe esperarse que la vida sea un
lecho de rosas; si así fuera, no valdría la pena vivirla.
De la misma manera, al tratar con los Scouts,
uno está sujeto a sufrir desencantos y contratiempos. Hay que
armarse de paciencia. Hay personas que con frecuencia echan a
perder sus obras o carrera por falta de paciencia más que por el
efecto de la bebida u otros vicios. Habrá que soportar con
paciencia, hasta cierto punto, críticas mordaces y otros
sinsabores; pero a la larga llegará la recompensa.
La satisfacción que se deriva de haber
tratado de cumplir uno con su deber, aun a costa de sacrificios
personales, y de haber desarrollado el carácter de los
muchachos, que les dará un horizonte diferente de la vida, trae
consigo un premio que la palabra escrita no alcanza a describir
fielmente. El hecho de haber trabajado para que no se repitan
esos males que, de darles rienda suelta, pronto darían al traste
con nuestros jóvenes, le proporciona al hombre un consuelo
firme de que por lo menos ha hecho algo por su patria, por
humilde que sea su condición.
Tal es el espíritu que debe animar a los
jefes de tropa, comisionados, miembros de los comités,
instructores, organizadores y secretarios (a todos los cuales
describe genéricamente y con acierto, el vocablo "scouter")
en la labor que hacen por el Movimiento Scout.
A este ejército de trabajadores
voluntarios se debe la organización y propagación del
Escultismo. Ahí tenemos una prueba notable, aunque muda, de ese
delicado espíritu de patriotismo que yace bajo la superficie de
la mayoría de las naciones. Estos hombres ofrecen su tiempo y
energías, y en muchos cases también su dinero, a la tarea de
organizar el adiestramiento de muchachos, sin que ni por un
momento pase por su mente la idea de merecer premio o alabanzas
por la obra que hacen. Es que sencillamente aman a su patria y a
sus semejantes.
Miembros de la familia del Escultismo:
Lobato, Scout y Rover.
EL MUCHACHO
EL PRIMER paso que se debe dar para el
éxito en el adiestramiento de un scout es tratar de conocer algo
de la vida de los muchachos en general y luego la de ése en
particular.
Cierto doctor inglés (Saleeby) hablando
en Londres ante la Sociedad de Ética, dijo lo siguiente:
"El primer requisito para que un maestro tenga éxito es
conocer la naturaleza del muchacho. Ni el niño ni la niña es
edición pequeña de un hombre o de una mujer; ni es una hoja de
papel en blanco sobre la que el maestro debe escribir. No. Todo
niño tiene su propia curiosidad peculiar, hija de su
inexperiencia, es decir, una mentalidad misteriosa para el
adulto, que necesita ayuda atinada, estimulo y modelación, o
modificación y hasta restricción."
En lo que sea posible, será bueno
recordar cuáles eran las ideas de uno cuando era muchacho, para
poder entender mejor sus sentimientos y anhelos. Habrá que tomar
en consideración las siguientes cualidades del muchacho:
Genio. Debe tenerse presente que un
muchacho por naturaleza siempre está rebosante de buen humor.
Puede que éste se incline a lo superficial, pero siempre le hace
apreciar una broma o un chascarrillo y ver el lado cómico de las
cosas. Esta actitud permite al que trabaja con muchachos contar
con una oportunidad placentera y radiante para facilitarle su
obra, y lo habilita además para hacerse compañero jovial con
sólo participar en la alegría de la ocasión, en vez de que se
le tome por capataz.
Valentía. Generalmente el muchacho es
animoso, además de no ser miedoso. Por naturaleza no es
quejumbroso, aunque más tarde llegue a serlo, cuando haya
perdido el respeto a sí mismo o cuando ha frecuentado la
compañía de los quejosos.
Confianza. El muchacho por lo general
tiene suprema confianza en sus propias facultades. Por lo tanto,
no le gusta que se le trate como si fuera chicuelo, ni que se le
diga que haga las cosas o la
manera de hacerlas. Prefiere ensayar por
su propia cuenta, aunque se equivoque; pero precisamente al
cometer errores adquiere experiencia y forja su carácter.
Agudeza. Raro es el muchacho que no sea
más perspicaz que un lince. Es fácil instruirle en lo relativo
a la observación, fijar la atención en las cosas y deducir el
significado de éstas.
Amor a la Aventura. El muchacho que
habita en la ciudad es casi siempre más inquieto que sus
hermanos del campo, debido a los sucesos que a diario ocurren en
la ciudad, tales como el paso raudo de un coche de bomberos que
acuden a un incendio, o una viva pelea entre dos de sus vecinos,
etc. No puede permanecer en una colocación por más de uno o dos
meses, pues bien pronto le entra el irresistible deseo de cambiar
de posición.
Sensibilidad. Cuando un muchacho
encuentra alguien que se interesa en él, responde y va donde se
le dirige; y aquí es en donde entra esa admiración a los
héroes que le sirve de gran fuerza auxiliar al Jefe de Tropa
Lealtad. Esta es una de las
características del muchacho que debe inspirar esperanza
ilimitada en él. Los muchachos son generalmente amigos leales
entre sí, y de ese modo la amistad es en cada uno de ellos casi
natural. Es lo único que considera como deber. Puede dar la
impresión de ser egoísta; pero, por regla general, debajo de
esa superficie, siente un ansia por ayudar a los demás, y éste
es el terreno fértil que nuestro adiestramiento de Escultismo
trata de cultivar
Si se consideran y estudian estas
diversas cualidades del muchacho, uno puede discernir la mejor
manera de adaptar la instrucción del adiestramiento a sus
inclinaciones. El fruto de este estudio es el primer peldaño
para alcanzar el éxito en esa instrucción. Yo he tenido el
placer de encontrarme, en el transcurso de una semana, con tres
muchachos en distintos centros, acerca de quienes me informaron
que, antes de haber sido tocados por la influencia del
Escultismo, eran díscolos incorregibles y bribonzuelos de tomo y
lomo. Los respectivos Jefes de Tropa, en cada caso particular de
loa tres, descubrieron las buenas cualidades que yacían latentes
bajo la superficie de las malas, y habiendo asido aquéllas
pusieron los muchachos a trabajar en tareas adecuadas a su
disposición moral; y ahora ahí están esos tres excelentes y
toscos mozalbetes trabajando espléndidamente sin parecerse en
nada a lo que antes eran. Solamente por el logro de estos tres
triunfos aislados, se justifica el esfuerzo de haber organizado
las Tropas.
En un artículo que apareció en la
revista inglesa "Teacher's World", se describe de la
siguiente manera esa complicada obra de la Naturaleza: el
muchacho:
"A juzgar por mi propia experiencia,
yo diría que los muchachos viven en un mundo aparte
exclusivamente suyo... un mundo que ellos se han hecho para sí
mismos; y en ese mundo no tienen cabida ni los maestros ni las
lecciones. El mundo del muchacho tiene sus propios
acontecimientos y normas, códigos y chismes y opinión pública.
No hay que olvidar que en cuanto el
muchacho ingresa
al Escultismo, quiere empezar
inmediatamente a explorar.
Así pues, no se debe cohibir su
entusiasmo dándole
al principio demasiadas explicaciones
preliminares.
Satisfáganse sus deseos con juegos y
prácticas de exploración
y después incúlquensele poco a poco los
detalles elementales.
"Contra el viento y marea por parte
de maestros y padres, los muchachos se mantienen leales a su
propio mundo. Obedecen su propio código, por diferente que sea
al que se les inculca en el hogar y en el aula. Prefieren sufrir
contentos el martirio que los adultos les infligen a ser
desleales a su propio código.
"El código del maestro, por
ejemplo, ordena el silencio, precaverse de los peligros y la
conducta decorosa. El código de los muchachos es diametralmente
opuesto: prescribe la bulla, los riesgos y el tumulto.
"¡Diversión, pleitos y hartazgos!
Estos son los tres elementos principales del mundo del muchacho.
Son fundamentales. Son por los que verdaderamente se preocupa, y
no tienen nada que ver con maestros ni con libros de texto.
"Según la opinión pública en el
Reino de los Muchachos, eso de sentarse durante cuatro horas
diarias, en un cuarto, ante un pupitre, es una miserable pérdida
de tiempo y de sol. ¿Habrá alguien que sepa de algún muchacho,
(uno natural y saludable) que haya conocido algún muchacho que,
interrumpiendo su retozo al aire libre, vaya y suplique a la
mamá que le permita sentarse en la sala?
"Claro que no. Un muchacho no es un
animalito que se pueda relegar a un escritorio; tampoco es para
tenerlo echado. Tampoco es pacifista, ni partidario de "la
seguridad ante todo", ni aficionado a la lectura seria, ni
filósofo.
"Sencillamente es un muchacho hecho
y derecho -¡qué Dios lo bendiga! - rebosante de retozo y pelea,
travesuras arriesgadas y bullanguería, observación y alboroto.
Y si no es así, entonces no es normal.
"Que siga librándose la batalla
entre el código de los maestros y el de los muchachos. éstos
vencerán en lo futuro como han vencido en lo pasado. Pocos de
entre ellos se someterán y se ganarán becas; pero la abrumadora
mayoría persistirá en su espíritu de rebeldía, y llegarán a
ser los hombres más capacitados y más nobles de la nación.
"¿Acaso no es cierto, como la
historia lo confirma, que a Édison, quien patentó mil
invenciones suyas, cuando era niño lo despachó a su casa el
maestro con una nota en la que decía de él que era
"demasiado estúpido para aprender"?
"¿No es cierto que los maestros de
escuela consideraban torpes a Newton y a Darwin, quienes más
tarde enunciaron célebres teorías científicas?
"¿Es que no existen centenares de
ejemplos análogos de haber resultado, andando el tiempo, útil y
eminente el desaplicado de la clase? ¿Y no es esto prueba de que
nuestros métodos actuales de enseñanza son deficientes para el
desarrollo de la aptitud de los muchachos?
"¿Acaso no tiene razón el
muchacho, después de todo, en mantener su propio código de
justicia y obras y aventuras?
"¿Es que no está anteponiendo la
acción a los estudios, como debe hacerlo? ¿No es en realidad un
pequeña obrero sorprendente que se desempeña por sí solo, a
falta de inteligente dirección?
"¿No sería infinitamente más
apropiado que por algún tiempo los maestros dedicaran sus
estudios a analizar las maravillas de la vida del muchacho que
por el momento tratan en vano de doblegar y reprimir?
"¿Por qué nadar contra la
corriente, si ésta, al fin y al cabo, corre en el mismo sentido
que uno desea ir?
"¿No es hora ya de que adaptemos y
armonicemos nuestros fútiles métodos a los hechos
incontestables? ¿Por qué hemos de insistir en comentar
plañideramente: "cosas de muchacho", en vez de
regocijarnos de la energía, ánimo e iniciativa que tan
admirablemente despliegan los muchachos? ¿Y cuál tarea puede
ser más noble y más íntima, para el verdadero maestro, que la
de encauzar alegremente las fuerzas salvajes de la naturaleza del
muchacho por las sendas del servicio a la sociedad?"
El ambiente y las tentaciones.
Como ya se ha dicho, el primer paso en el
camino hacia el éxito es conocer al muchacho; pero el segundo es
conocer su hogar. Solamente después de familiarizarse con el
ambiente que rodea al muchacho cuando no se encuentra en
compañía de los Scouts, puede el Jefe de Tropa decidir a
ciencia cierta cuáles elementos debe poner en juego para
influenciarlo.
Cuando se ha granjeado la simpatía y
apoyo de los padres del muchacho y los ha inducido a formar
consorcio con él en el desarrollo de un interés más pleno por
la obra de la Tropa y el objetivo del Movimiento, entonces la
labor del Jefe de Tropa se vuelve proporcionalmente liviana.
El cinematógrafo ofrece una de las
tentaciones más formidables. Indudablemente, las películas
ejercen irresistible atracción en los muchachos, y algunas
personas se devanan constantemente los sesos buscando medios para
dominarla; pero sucede que ésta es una de esas cosas que sería
muy difícil de contener, aun cuando ello fuera altamente
deseable. La cuestión es, antes bien, aprovechar las películas
de la mejor manera posible para que sirvan a nuestros fines.
Partiendo del principio de abordar cualquier dificultad
aparejándonos a ella y encaminándola en la propia dirección
que uno sigue, debemos esforzarnos en aislar lo que tenga de
valor el cinematógrafo, y luego tornarlo en ventaja del objetivo
de instruir al muchacho. No cabe duda de que puede convertirse en
instrumento poderoso para lo malo, mediante simple sugestión, si
no se le vigila debidamente; pero ya se han dictado medidas, y
continúan dictándose, para que la censura sea más eficaz. Sin
embargo, así como puede ser una potencia del mal, asimismo puede
hacérsele una potencia del bien. Existen actualmente películas
excelentes sobre historia natural y estudios de la naturaleza que
dan al niño una idea mejor que las que puede formarse por su
propia observación, e indiscutiblemente mejor que un número
cualquiera de lecciones sobre la materia. La historia puede
enseñarse objetivamente. Hay películas de hazañas dramáticas,
épicas o heroicas, y otras de pura diversión y cómicas. Muchas
de ellas ponen de relieve lo que es malo para condenarlo y
ridiculizarlo. No admite dudes el hecho de que este método de
enseñanza visual puede ser adaptado de manera que produzca un
buen efecto admirable en los niños, aprovechando la inclinación
e interés de éstos en el "salón de cine". También
debemos recordar que el cinematógrafo ejerce la misma influencia
en las escuelas que lo están empleando para su buena labor. En
el Escultismo no podemos hacerlo hasta ese punto; pero sí
podemos aprovecharlo para estimular nuestros propios esfuerzos.
Tenemos que presentar nuestro Escultismo con tan suficiente
atracción que el muchacho llegue a preferirlo a cualquiera otra
que pueda hacerle la contra.
El fumar y el daño que causa al
adolescente; el juego de azar, con todo el séquito de jaranas
que lo acompaña; los perjuicios del alcohol y de pasar el tiempo
con muchachas; falta de aseo, etc... Todo esto sólo puede ser
corregido por el Jefe de Tropa que conoce el ambiente a que
están acostumbrados sus mozalbetes.
No se puede corregirlo echando mano a
prohibiciones y castigos, sino substituyendo esos defectos con
algo que sea por lo menos igualmente entretenido, pero cuyos
efectos sean buenos.
El delito juvenil no es por naturaleza
innato en el muchacho, sino que brota del espíritu aventurero
que le es inherente, de su propia torpeza, o de su falta de
disciplina, según la idiosincrasia del individuo.
El Local de Tropa y el Campamento
El antídoto más eficaz contra un
ambiente perjudicial es naturalmente el cambio de éste por uno
benéfico, y la mejor manera de efectuarlo es recurriendo al
local de Tropa y al campamento de Scouts. Cuando digo local, no
quiero significar un ejercicio semanal de media hora en un salón
de clase que se haya dispuesto para ese objeto - cosa de que
parece se valen a menudo los que tratan con muchachos - sino un
lugar que los mozalbetes puedan considerar como verdaderamente de
su propiedad, sea ese local un sótano o un desván; algún lugar
al que puedan acudir todas las noches, si fuere necesario, y
encontrar en él trabajo de su agrado y diversión, abundante
variedad de actividades y una atmósfera brillante y feliz. Con
sólo conseguir esto, el Jefe de Tropa habrá hecho una obra muy
buena al proporcionar a sus muchachos el correcto ambiente, que
para algunos de ellos será el antídoto contra el veneno que de
otro modo les iría emponzoñando la mente y el carácter.
Luego, el campamento (el cual debe
organizarse con tanta frecuencia como sea posible) es otro
antídoto aún más potente que el del local. La atmósfera
limpia y refrescada por la brisa, sumada a la del compañerismo y
consorcio continuo bajo los toldos, en el campo y alrededor de la
fogata, hace que entre los muchachos se avive un entusiasmo
edificante, y da al Jefe de Tropa una oportunidad, como ninguna
otra, para ganarse la confianza y simpatía de los Scouts.
Cómo Atraer al Muchacho
A mí me place comparar al hombre que
trata de lograr que los muchachos caigan bajo buena influencia,
con un pescador aficionado deseoso de triunfar en su deporte.
Si un pescador ceba su anzuelo con la
misma clase de alimento que a él le gusta, lo más probable es
que no atrape muchos peces, y seguramente menos a los cautos y
grandes. Así pues, tiene que emplear la carnada que agrade a los
peces.
Lo mismo pasa cuando de muchachos se
trata; si se intenta predicarles lo que uno considera edificante,
no se dejarán atrapar. Cualquier cosa que tenga visos de
estricta perfección y santidad, ahuyentará hasta los más
resueltos de entre ellos; y son esos precisamente a los que hay
que atraer. La única manera de pescarlos es presentándoles algo
que realmente los atraiga e interese. Y estoy convencido de que
esto lo tiene el Escultismo.
Luego ha de ser posible aderezárseles
con lo que se crea conveniente.
Lo que el Jefe de Tropa hace, eso hacen
los muchachos.
Los Scouts reflejan a su jefe. De la
abnegación y sacrificio
del Jefe de Tropa, los Scouts aprenden la
práctica de hacer
sacrificios voluntariamente y a rendir
servicios a la patria.
Para poder ganarse la confianza del
muchacho, uno debe de ser su amigo; pero al principio no hay que
precipitarse a establecer esa relación, sino esperar que haya
dejado de ser huraño. EL escritor F. D. How, en su libro
sintetiza el procedimiento correcto para estos casos en la
siguiente anécdota:
"Un hombre, a quien el paseo
cotidiano llevó cierta vez por una calle poco elegante, vio a un
pilluelo, de cara sucia y piernas mal desarrolladas, jugando en
la cuneta con una cáscara de plátano. El hombre le hizo una
inclinación de cabeza... El muchacho se alejó lleno de temor.
Al día siguiente, el hombre volvió a inclinar la cabeza. El
pequeño se había dada cuenta de que no tenía nada que temer, y
le lanzó un salivazo como respuesta. Al otro día, el rapaz
sólo se quedó mirándolo. Al subsiguiente, exclamó: "¡Ea!"
cuando pasaba el hombre. Andando el tiempo, el chicuelo
correspondió con una sonrisa al saludo que ya estaba
acostumbrándose a recibir. Y por último, el triunfo fue
decisivo, cuando el muchacho estaba esperando en la esquina, y
tomó los dedos del hombre entre sus manitas sucias. Era aquella
una calle sombría; pero al hombre le pareció desde entonces uno
de los lugares más brillantes que había vista en su vida."
La vida vigoroza al aire libre es la
clave del espíritu del Escultismo
ESCULTISMO
EL ESCULTISMO es un juego de muchachos,
dirigido por elIos mismos, y para el cual los hermanos mayores
pueden proporcionar a los menores un ambiente sano, y animarlos a
entregarse a aquellas actividades saludables que son conducentes
a despertar las virtudes de la CIUDADANIA.
Su estímulo más fuerte lo da el estudio
de la naturaleza y el de la vida en los bosques. Influye
directamente al individuo y a la Tropa. Levanta las cualidades
intelectuales tanto como las puramente materiales y morales.
En un principio, el Escultismo se
orientaba hacia estos fines; pero ahora hemos aprendido de la
experiencia que, cuando es bien dirigido, no sólo se orienta
hacia ellos, sino que los logra.
Tal vez quien mejor ha expuesto los fines
y métodos del Escultismo ha sido James E. Russel, Decano del
Colegio de Maestros, de la Universidad de Columbia de Nueva York,
expresándose como sigue:
"El programa de los scouts es
trabajo de hombres adaptado a muchachos. Fascina al muchacho, no
por ser éste un muchacho, sino porque está en el estado
formativo de un hombre... El programa del Escultismo no exige de
ningún muchacho lo que un hombre maduro no puede hacer; pero
paso a paso lo substrae del lugar en que se encuentra hasta
trasladarlo al que mejor le corresponde...
"Para el desarrollo de la
iniciativa, el Escultismo no sólo depende de su programa de
trabajo para el muchacho, sino que, de maravilloso modo aprovecha
el engranaje de su administración. El plan administrativo ofrece
una espléndida oportunidad para salirse de métodos que tienden
a incrustarse en el individuo. Esto se manifiesta tanto en la
patrulla como en la Tropa. Enseña a los muchachos a trabajar en
conjunto. Logra conseguir el esfuerzo cooperativo hacia el fin
común, lo cual en sí es democrático...
"Al dar aliento a los Scouts para
que ejecuten Buenas Acciones de manera sana y jovial, y no en
espíritu santulón por una recompensa, como primer paso, y luego
para que rindan servicios a la localidad como objeto de
desarrollo puede uno hacer más por ellos que estimulando su
pericia, disciplina o aplicación, pues aunque así no se les
enseña tanto el cómo ganarse la vida, se les hace saber cómo
vivir."
El Escultismo es Sencillo
Para un extraño, el Escultismo debe
parecer, a primera vista, una cuestión muy complicada, y es
probable que más de algún hombre por ahí pospuso
indefinidamente tratar de llegar a ser Jefe de Tropa, al
considerar el gran número y variedad de cosas que tendría que
saber, según él, para poder adiestrar a los muchachos. Pero no
le parecería tan fiero el león como lo pintan, si nuestro
hombre fijara su atención en los siguientes puntos:
1. El objetivo del Escultismo es muy
sencillo;
2. El Jefe de Tropa transmite al muchacho
el ansia y deseo de aprender por sí solo, sugiriéndole
actividades que le sean atrayentes, y que desempeñará hasta que
la experiencia le diga que están bien hechas. (Para sugestiones
de esas actividades consúltese la obra "Escultismo para
muchachos");
3. El Jefe de Tropa trabaja por medio de
sus Guías de Patrulla.
EL OBJETIVO DEL ESCULTlSMO
El propósito de la instrucción o
adiestramiento de scouts es "mejorar la calidad del
ciudadano futuro, particularmente en lo que se refiere al
carácter y a la salud; substituir el Yo por Rendir Servicios;
hacer de los mozalbetes individuos eficientes, moral y
materialmente, con el objeto de que esa eficiencia pueda ser
aprovechada en servicios al prójimo.
La ciudadanía o civismo ha sido definida
en pocas palabras así: "Lealtad activa a la
comunidad." En un país libre es cosa fácil, y nada fuera
de lo común, considerarse uno como buen ciudadano con sólo
acatar las leyes, ser trabajador y expresar opiniones sobre
política, los deportes o actividades de índole general, y
dejando que otros se preocupen del bienestar nacional. Esto se
llama ciudadania pasiva; mas esta clase de ciudadanía no es
suficiente para mantener en alto, en el mundo, las virtudes de
libertad, justicia y honor. Únicamente la ciudadanía activa
puede conseguirlo.
Las Cuatro Divisiones del Adiestramiento
Scout
Para alcanzar la meta de la instrucción
para la ciudadanía activa, debemos emprender la enseñanza de
las cuatro divisiones que se dan a continuación, las cuales son
indispensables para la formación de buenos ciudadanos, y que
inculcamos de adentro para fuera, en vez de hacerlo a la inversa:
Carácter. Lo enseñamos por medio del Sisterna
de patrullas, la Ley Scout, historias de Scouts, conocimiento de
la vida en los bosques, la responsabilidad del Guía de patrulla,
juegos en conjunto y el ingenio que requiere el trabajo del
campamento. Esto incluye el reconocimiento del Creador por Su
obra divina, el aprecio de la belleza en su forma natural, el
amor a las plantas y a los animales que despierta la vida al aire
libre, durante la cual se familiariza uno con ellos.
Artes Manuales y Destreza. De vez en
cuando, por medio de actividades bajo techo, pero más
particularmente, por exploraciones; construcción de puentes;
vida de campamento; expresión de la personalidad en las artes,
todo lo cual tiende a producir trabajadores eficientes.
Servicio al Prójimo. Llevar a la vida
cotidiana la práctica de la religión ejecutando "buenas
acciones," desde las más pequeñas hasta las de provecho
general.
Para los detalles de estas cuatro
divisiones véase la página 17, y para su descripción,
consúltese la segunda parte de esta obra.
LAS ACTlVIDADES DEL ESCULTlSMO
Con la palabra "Escultismo" se
quiere significar el trabajo y atributos de los leñadores,
exploradores, cazadores, marinos, aviadores y colonizadores.
Al transmitir a los muchachos los
elementos de esos personajes, les proporcionamos un sistema de
juegos y prácticas que satisfacen sus deseos e instintos, siendo
ello a la vez de valor instructivo.
Desde el punto de vista de los muchachos,
el Escultismo los mezcla en bandos fraternales, que son su
organismo natural, ya sea para el juego, la travesura o el ocio;
les da traje y equipo elegantes; les toca la imaginación y el
romanticismo, y los hace entregarse a una vida activa al aire
libre.
Desde el punto de vista de los padres,
estimula en sus hijos la salud corporal y los desarrolla; les da
energía; les enseña trabajos manuales y les aguza el ingenio;
instila en el mozalbete disciplina, determinación, hidalguía y
patriotismo: en una palabra, les forja el "carácter",
lo más esencial para que un muchacho se abra camino en la vida.
ESQUEMA DEL ESCULTISMO (el mencionado
como de la pág. 17)
Adiestramiento para la Ciudadanía
1. CARÁCTER
2. SALUD Y VIGOR
Cualidades que se
Mediante la
Cualidades que se
Mediante la
busca fortalecer:
Práctica de:
busca fortalecer: Práctica
de:
Cívicas.
Trabajo de patrulla; Salud.
Asumir
responsabilida por la
Probidad;
Deportes en conjunto
salud propia;
Respeto al derecho Corte
de Honor
Higiene;
de los demás;
(Consejo de los Guías
Templanza;
Disciplina;
de patrullas);
Continencia;
Habilidad para dirigir;
Acampar.
Responsabilidad.
Morales.
Ley Scout y Promesa;
Vigor.
Desarrollo físico;
Honor;
Obras
y actividades del
Deportes;
Hidalguía;
Scout;
Natación;
Confianza en uno
Apreciación de la
Caminatas;
mismo;
naturaleza;
Excursiones
a montaña;
Valor;
Estudio de tradiciones y
Otras
actividades
Capacidad para
de historia natural;
semejantes.
gozar;
Astronomía;
Nobleza de
Bondad para con los
sentimientos e
animales;
ideas;
Servicio al Prójimo.
Religiosidad;
(Ver abajo).
Devoción;
Respeto a uno
mismo;
Lealtad.
3. ARTES MANUALES Y DESTREZA
4. SERVICIO AL PRÓJIMO
Cualidades que se
Mediante la
Cualidades que se Mediante la
busca fortalecer:
práctica de:
busca fortalecer: práctica
de:
Destreza técnica.
Artes del Scout;
Altruismo.
Ley Scout y Promesa;
Tareas y expedientes
del campamento;
Abnegación.
Buenas Acciones;
Inventiva.
Exploración;
Deberes cívicos. Primeros
Auxilios;
Ingeniosidad.
Premios en la forma de
Patriotismo.
Saber combatir incendios;
insignias por la diversas
clases de artes manuales Servicios a la
patria. Cuerpo de auxilio para
(Especialidades);
casos de accidentes;
Intelectuales.
Aficiones;
Humanitarismo.
Ayudar en hospitales;
Observación.
Estudio de los
Deducción.
bosques;
Servicios a Dios. Otras
labores en beneficio de
Autoexpresión.
Rastreo.
la colectividad.
El adiestramiento del scout atrae a los
muchachos de todas las clases sociales, ricos y pobres, y aun a
los impedidos, sordomudos y ciegos. Inspira el deseo de aprender.
El principio motriz del Escultismo es estudiar las ideas del
muchacho y animarlo a que se eduque por sí solo en vez de
esperar a recibir instrucción.
Proporciona un buen comienzo en la
instrucción técnica, concediendo insignias para premiar la
pericia en diferentes clases de aficiones y trabajos manuales,
además de las ya instituidas para Scouts de Primera y Segunda
Clase, que representan los méritos que han hecho en la
natación, exploración, cocina, vida de campamento, y otras
actividades que ponen de relieve su hombría y habilidad. El
objeto que nos guía a ofrecer tantas insignias en este período
elemental es el de hacer que todos traten de emprender diferentes
labores, y que el ojo vigilante del Jefe de Tropa pueda reconocer
inmediatamente la inclinación particular de cada uno, y luego
inspirarle ánimo, según el caso. Y ése es el mejor camino que
debe tomarse para la expansión del carácter individual del
muchacho, y para encarrilarlo en la senda de una brillante
carrera.
Cuando el propio Jefe de Tropa tiene en
sí mismo algo de muchacho, y logra comprender todas las cosas
desde el punto de vista del muchacho, bien puede, si tiene
imaginación, inventar nuevas actividades, haciéndolas variar
con frecuencia, para satisfacer la sed de novedad de los
mozalbetes. Fijémonos, por ejemplo, en lo que hacen las empresas
teatrales. Si éstas ven que alguna representación no agrada al
público, no insisten en repetirla, con la esperanza de que a la
larga llegue a gustarles a los espectadores; lo que hacen es
retirar la representación y substituirla por otra de más
interés.
Los muchachos pueden encontrar aventuras
hasta en un charco sucio, y si el Jefe de Tropa es hombre
muchacho, también podrá encontrarlas allí. Para encontrar
nuevas ideas no es necesario incurrir en grandes gastos ni contar
con aparatos, pues muchas veces los mismos muchachos contribuyen
con sugestiones.
Otra manera eficaz de que se puede valer
el Jefe de Tropa para idear actividades que plazcan a los
muchachos es manteniendo los oídos abiertos y dejar que repose
un poco su cerebro.
Cuando en tiempo de guerra un explorador
de infantería sale a cumplir su consigna por la noche, para
averiguar lo que hace el enemigo, tiene que depender en gran
parte del sentido del oído. Asimismo, cuando un Jefe de Tropa se
encuentra en la obscuridad con respecto a su conocimiento de la
inclinación o carácter de sus muchachos, puede hacerse bastante
luz sabiendo escuchar.
Oyendo, podrá descubrir lo más profundo
del carácter de cada muchacho y percatarse de la manera en que
más pueda interesársele.
Así, del mismo modo, durante las
deliberaciones en el seno del Consejo de los Guías de patrulla,
o alrededor del fuego de campamento, si uno se impone la tarea de
escuchar y observar, como ocupación especial, se llega a obtener
muchísima más intormación de la fuente de los mismos muchachos
que la que se les puede extraer mediante la conversación.
Además, cuando se visite a los padres,
no hay que llegar ante ellos con la idea de causarles buena
impresión con respecto al valor que tiene el Escultismo, sino
con el propósito de averiguar sus ideas, con respecto a la
instrucción que debe darse a sus hijos, lo que esperan del
Escultismo, o qué defectos le encuentran.
El Escultismo es un juego alegre al aire
libre,
en donde muchachos grandes y pequeños
buscan juntos la aventura, como si fueran
hermanos,
cosechando salud y felicidad, habilidad y
diligencia.
Cuando una Tropa deja oír el estruendo
alegre de sus carcajadas goza de sus triunfos, y palpita de
emoción anticipando nuevas aventuras, pocos serán los que,
llenos de aburrimiento, la abandonen.o
El Espíritu del Escultismo
El rasgo fundamental es el espíritu del
Movimiento, y la llave que libera este espíritu es el romance
misterioso que encierra la Selva y que se revela en el concierto
de la Naturaleza.
¿Dónde podrá encontrarse algún
muchacho - y si a eso vamos - un hombre maduro, aun en estos
tiempos materialistas por que atravesamos, que sea sordo al
llamado de la naturaleza y que se substraiga a la fascinación de
un camino real?
Tal vez no se deba ello más que a la
obediencia de un instinto primitivo... pero el hecho es que
existe. Con esa llave puede abrirse una imponente puerta, aunque
sólo sea para dejar entrar una ráfaga de aire libre y un rayo
de sol en las vidas que, de otro modo, irían marchitándose poco
a poco.
Pero generalmente puede hacer mucho más.
Los héroes indómitos de las selvas, los
colonizadores y exploradores, los que vagan por los mares y los
que surcan los cielos, son como el "Flautista de Hamelin"
para los muchachos. Los seguirían a cualquier parte donde
aquéllos los condujeran; harían cualquier cosa, siempre que les
tocaran la fibra de lo varonil y del arrojo, las aventuras, las
hazañas, la eficiencia, la destreza y el sacrificio espontáneo
en provecho de los demás.
En ello hay satisfacción y goce
espiritual para el muchacho.
Observad a ese joven que va por la calle,
mirando sin ver; sus ojos perdidos en el vacío. ¿Se irá
forjando en su mente una epopeya de arriesgadas aventuras en las
praderas o en la vasta extensión de los azarosos mares? ¡Quién
sabe! Lo que sí podemos afirmar es que su imaginación febril le
ha transportado a un mundo de sueños, distante de la prosaica
realidad de su existencia.
¿Habéis leído las historias de Búfalo
Bill y las manadas de bisontes que vagaban por las vastas
praderas occidentales de la América del Norte? ¿Podéis
imaginaros y ver el humo que sale en espirales de las tiendas de
los indios sioux y comanches? Yo he soñado con ellos durante
muchos años.
Las excursiones ofrecen ahora al muchacho
la oportunidad de echarse a la espalda una mochila, a la usanza
de los primeros colonizadores, y sentirse parte activa de los
hombres de las selvas. Puede descubrir y seguir senderos y
rastros, hacer señales, encender fuego, construir su choza y
cocinar su merienda. Puede aplicar su talento y habilidad manual
al arte de explorar y acampar.
La pandilla constituye su grupo natural
de amigos, que sigue dirigiendo el mismo jefe, en las prácticas
del Escultismo.
Podrá formar parte del conjunto, pero
sabe también que tiene valor como ser individual.
Las actividades al aire libre le enseñan
a conocer los goces sanos de la vida.
Esto tiene también su lado espiritual.
La sabiduría de la naturaleza se asimila
a pequeños sorbos durante las caminatas por los bosques, donde
el alma incipiente se expande y busca a su alrededor nuevos
prodigios. Las excursiones constituyen por excelencia la escuela
de la observación y de la práctica que nos hacen comprender las
maravillas de un mundo portentoso.
Descorren velos a la mente para que ésta
aprecie la belleza que encierra cada día. Muestran al joven de
la ciudad que las estrellas penden en el firmamento, no sólo
adonde apuntan las chimeneas, y que los celajes del crepúsculo
lucen su derroche de matices muy por encima del techo del salón
de cinematógrafo que acostumbra visitar.
El Escultismo eleva el nivel moral del
más empedernido pillete, y le inculca los principios de fe en
Dios. Junto con la obligación que tienen los Scouts de hacer
diariamente una buena acción, forma la base de los deberes para
con Dios y sus semejantes; con su enseñanza, sus padres o el
director espiritual pueden formar más fácilmente en el muchacho
la clase de credo deseado.
Puede usted muy bien vestir
De bufón, fraile o torero,
De siervo y hasta de emir;
Mas no puede descubrir,
Con el tacto y al momento
De ese joven el talento,
Con sólo tocarle el manto:
Si es un héroe o es un santo;
Si es medianía o portento.
Es el espíritu, no la indumentaria
superficial, lo que hace al héroe.
En todo muchacho está latente ese
espíritu, pero hay que descubrirlo y sacarlo a la luz.
La Promesa Scout que ofrece cumplir bajo
su palabra de honor - hasta donde llega el concepto que de ella
tiene - y la Ley Scout son los puntales de nuestra fuerza
disciplinaria, que rinde sus frutos en casi la totalidad de los
casos. Al muchacho no hay que gobernarlo por medio de la
represión, sino por medio de la acción. La Ley Scout se
considera como guía de sus acciones, no como barrera contra sus
faltas. Se concreta a señalarle la pauta y lo que se espera de
él como scout digno de merecer la distinción que se le
confiere.
La visión del muchacho vuela sobre
las praderas y los mares. En sus
excursiones, se connaturaliza con el
indio, el explorador y el hombre de las
selvas.
SISTEMA DE PATRULLAS
El Sisterna de patrullas es una de las
características esenciales que diferencian al adiestramiento del
scout del de todos los demás organismos similares, y cuando se
aplica debidamente - sin que quepa duda - tiene que rendir buenos
resultados.
La formación de los muchachos en
patrullas compuestas de seis a ocho y su adiestramiento como
unidades separadas bajo la responsabilidad de sus propios jefes,
es la clave para el éxito de una buena tropa.
Las patrullas constituyen siempre la
unidad en el Escultismo, tanto en el trabajo como en el juego, en
los ejercicios y en los deberes.
La práctica de asignar responsabilidades
al individuo para formarle el carácter rinde inapreciables
resultados, los cuales no se dejan esperar en cuanto se hace
responsable al Guía por la buena dirección de su patrulla. El
Guía queda en libertad de disponer en la forma que prefiera, y
desarrollar las cualidades en cada uno de los muchachos que
integran su grupo. Parece una atribución compleja, pero en la
práctica da buenos frutos.
Después, mediante competencia y
emulación entre las patrullas, el Jefe desarrolla el verdadero
espíritu que debe animar a un scout, puesto que endurece el
temple de los muchachos y les da en general un nivel más alto de
eficiencia.
Cada muchacho que forma parte de la
patrulla comprende que es en sí una unidad responsable y que el
honor de su grupo depende, en cierto grado, de la habilidad con
que él represente su papel.
Consejo de Guías de Patrullas.- Corte de
Honor
El Consejo de Guías de Patrullas y la
Corte de Honor son parte importante del sistema de patrullas.
Constituyen un comité permanente que, bajo la dirección del
Jefe de Tropa resuelve los asuntos de la Tropa, los casos
administrativos y disciplinarios. Inculca en los miembros que lo
forman la dignidad, los ideales de libertad y el sentido de la
responsabilidad y respeto a la autoridad constituida, y al mismo
tiempo, proporciona práctica individual y colectiva en estos
procedimientos tan valiosos para los muchachos que han de
constituir los ciudadanos del mañana.
Ha resultado conveniente admitir como
miembros de este Consejo a los Subguías, porque al mismo tiempo
que se aprovecha su ayuda, se les brinda la ocasión de adquirir
práctica en las funciones del mismo. La Corte de Honor en
cambio, se compone solamente de Guías de Patrulla y, como su
nombre lo indica, tiene una misión de carácter especial, tal
como resolver los casos que atañen a la disciplina y conferir
premios y honores.
Valor del Sistema de Patrullas
Es importante que el Jefe de Tropa
conozca los extraordinarios resultados que puede conseguir
mediante el Sistema de Patrullas. Es la mejor garantía de la
vitalidad y del éxito de la tropa. Ahorra al Jefe de Tropa gran
parte de las pequeñas labores rutinarias.
Pero ante todo, la Patrulla es la escuela
del carácter del individuo. Ella vigoriza en el Guía de
Patrulla el sentido de responsabilidad y la cualidad de líder.
Impulsa a los muchachos a subordinar su interés personal en
provecho del conjunto, y desarrolla en ellos los principios de
abnegación y dominio de sí mismos, en el espíritu de mutua
cooperación y camaradería.
Más, para obtener los mejores
resultados, hay que depositar verdadera y completa
responsabilidad en los Guías de patrullas, Si sólo se les
asigna una responsabilidad parcial, los resultados serán
también parciales. El principal objeto no es evitar molestias al
Jefe de Tropa sino imponer responsabilidad al muchacho, porque es
el mejor medio para fortalecer su carácter.
Los mavores progresos se obtienen
de aquellas tropas cuyo mando y
responsabilidad están a cargo de sus
guías de patrulla. Esto es la llave del
éxito en la enseñanza del Escultismo.
El Jefe de Tropa que desee tener éxito
en su misión no sólo debe estudiar la teoría y los métodos
del Sistema de patrullas, sino poner en práctica las sugestiones
que lee. La importancia estriba en la ejecución de ellas, y los
Guías de patrullas y Scouts sólo pueden adquirir experiencia
mediante la práctica continua.
Mientras más labores se les encomienden
tanto más darán de sí y fortalecerán su energía y su
carácter.
UNIFORME SCOUT
He dicho a menudo que no me importaba un
bledo si el scout vista uniforme o no, con tal que ponga su
corazón en el trabajo y se ajuste a la Ley Scout. Pero es raro
el scout que no lo use si puede comprarlo. El espíritu del
Escultismo lo impulsa a lucirlo.
Esta misma regla se aplica a aquellos que
dirigen el desarrollo del Escultismo, es decir: a los Jefes de
Tropa y Comisionados, quienes no están obligados a usar uniforme
cuando no les agrade, pero que en su categoría de dirigentes
tienen que subordinar sus preferencias para dar el ejemplo a los
demás.
Personalmente, yo me pongo uniforme
aunque sólo sea para inspeccionar a una patrulla, porque tengo
la seguridad de que levanta el espíritu de los muchachos. Eleva
su estimación por sus propios uniformes cuando ven que un hombre
mayor no siente reparo en llevarlo. Su propia dignidad se
vigoriza cuando se dan cuenta de que son tomados en serio por
hombres que consideran importante el formar parte de su
hermandad.
La elegancia del uniforme y la
corrección en los detalles puede parecer asunto trivial, pero
tiene su valor en el desarrollo de la dignidad, y contribuye
inmensamente a la buena reputación del Escultismo entre los
profanos que juzgan por lo que ven.
Es esencialmente un asunto de ejemplo.
Muéstreseme una Tropa con indumentaria desaliñada, y puedo
deducir al punto que el jefe que la dirige es descuidado en su
persona y porte. Los Jefes de Tropa deben pensar en esto cuando
se pongan el uniforme o se den el último toque de arrogancia al
calarse el sombrero. Recuerden que son los modelos que copian sus
muchachos, y su nitidez en el vestir se reflejará inmediatamente
en ellos.
LABOR DEL JEFE DE TROPA
Todos los principios del Escultismo van
encaminados hacia un buen fin. El éxito de su aplicación
depende del Jefe de Tropa y de la forma en que los ponga en
práctica. Mi objeto actual es esforzarme por ayudarlo en este
sentido: primero, mostrándole el propósito del adiestramiento
y, segundo, sugiriéndole los métodos por medio de los cuales
puede llevarlo a cabo.
Muchos Jefes de Tropa probablemente
desearían que les señalase prolijamente los detalles. Pero esto
en realidad sería imposible, pues lo que puede ser conveniente
para una Tropa en particular o para una clase de muchachos en
determinado lugar, tal vez no dé resultados buenos con otros que
se encuentren sólo a dos kilómetros de distancla o mucho menos
con aquellos que se encuentran esparcidos por todo el mundo,
viviendo bajo condiciones totalmente diferentes. Sin embargo, se
pueden hacer ciertas sugestiones generales que, al adoptarse, los
Jefes de Tropa puedan juzgar por sí mismos en cuanto a los
detalles que producen mejores resultados.
Pero antes de entrar en pormenores, debo
repetir una vez más: no se amedrenten por la magnitud imaginaria
de la empresa. Eso desaparecerá después que hayan vista su
objeto. En esto debe fijarse la vista y aplicar todos los medios
para conseguirlo.
Como bien lo dice una obra inglesa:
"Poco importa que no realicemos plenamente nuestros ideates,
siempre que éstos sean elevados y nos impulsen hacia la
perfección."
PARTE
II
DE SCOUT A CIUDADANO
1.
CARÁCTER
2. SALUD Y VIGOR
3. ARTES MANUALES Y DESTREZA
4. SERVICI0 AL PRÓJIMO
El Código de Honor del caballero
medieval
es el que rige al caballero de hoy.
1. CARÁCTER
"El florecimiento de una nación se
debe no tanto a la potencia de sus armamentos cuanto a la firmeza
del carácter de sus hijos."
"Para el éxito en la vida, el
carácter es más esencial que la erudición."
El carácter es de valor fundamental
tanto para una nación, como para un individuo. Y siendo lo que
señala la carrera de un hombre, hay que desarrollarlo desde una
edad temprana, cuando es todavía un muchacho de mente
perceptivo. El carácter no puede ser imbuido en el muchacho. Él
lo posee en embrión, pero es necesario hacer que se manifieste
para cultivarlo. ¿De qué manera?
El carácter es generalmente hijo del
medio ambiente. Por ejemplo: tómese dos muchachos, gemelos, si
se quiere. Enséñeseles las mismas lecciones en la escuela, pero
poniéndolos en ambientes diferentes, distintos compañeros y
hogares, fuera de la escuela. Colóquese a uno bajo el cuidado de
una madre bondadosa y alentadora, entre limpios compañeros de
juego, justos y sinceros, donde se confíe en su honor para el
cumplimiento de sus deberes. Y déjese al otro holgazanear en un
hogar sucio, entre compañeros malhablados, pillos y díscolos.
¿Será posible que éste último crezca con la misma firmeza de
carácter que su hermano?
Millares de muchachos se pierden
diariamente porque se les deja crecer sin educarles el carácter,
convirtiéndose en despilfarradores, en piltrafas humanas y en
pesadilla y peligro para la sociedad.
Podrían haberse salvado con sólo
haberles proporcionado ambiente sano en sus primeros años,
cuando sus mentes pasaban por el estado perceptivo. Y hay muchos
millares de otros que no descendieron a tan bajo nivel, (hay
escorias en todas las clases sociales) pero que habrían sido
hombres mucho mejores y más útiles, si a tiempo se les hubiera
cultivado el carácter.
La Tropa No Debe Exceder de 32 Scouts
Es preferible que el número de muchachos
que compongan una tropa no pase de treinta y dos. Sugiero esta
cifra porque al adiestrarlos he descubierto que dieciséis es el
mayor número de muchachos que he podido dirigir con éxito, en
la empresa de hacer que revelen y afirmen su carácter. Concedo a
otros mentores doble capacidad que la mía, y de ahí que
duplique el número haciéndolo llegar a treinta y dos.
He oído a algunos decir que han tenido a
su cargo buenas tropas compuestas de sesenta y hasta de cien
muchachos; y sus jefes me refieren que han resultado ser tan
buenas como los grupos menos numerosos. Me he
"admirado" de eso (pero admiración en el sentido
literal significa "sorpresa") y no les he creído.
Me preguntan que ¿para qué preocuparse
por el adiestramlento individual? Pues porque creo que es la
única manera de educar. Se puede instruir a un gran número de
muchachos, hasta un millar a la vez con sólo poseer una voz
estentórea y un método agradable de disciplina. Pero eso no es
adiestramiento y mucho menos educación.
La educación es lo que cuenta en el
desarrollo del carácter y en la formación de hombres.
Cuando se infunde en el individuo el
incentivo de la propia perfección, hace brotar en él sus
energías latentes, en la esfera que más acomode a su
temperamento y habilidades.
No se obtiene el más pequeño resultado
enseñando la Ley Scout o imponiéndola como órdenes a un
crecido grupo de muchachos. Cada mente requiere una exposición
especial de sus principios y el estímulo de ambición para
aceptarlos.
Ahí es donde se revela la personalidad y
habilidad del Jefe de Tropa.
En vista de ello consideremos unas pocas
cualidades morales y mentales que contribuyen a formar el
carácter; y después veamos la forma en que el Jefe de Tropa
puede conseguir que el muchacho las desarrolle por sí mismo
mediante la práctica del Escultismo.
Caballerosidad y Probidad
El Código de Honor de los caballeros
medioevales fue la base de las normas de conducta de todos los
caballeros desde 500 años d.C. cuando el Rey Arturo redactó en
la Tabla Redonda el canon de sus caballeros.
El romanticismo de los caballeros atrae a
todo muchacho y estimula su sentido moral. Su Código de
Caballerosidad abarca el honor, autodisciplina, cortesIa, valor,
abnegación en el cumplimiento del deber y orientación
religiosa.
Estas normas, según fueron publicadas en
tiempos de Enrique VlI, son las siguientes:
1. Nunca deberán quitarse sus armaduras,
excepto para dormir;
2. Buscarán la aventura para alcanzar
"brillo y renombre";
4. En una querella, apoyarán al que
tenga la razón y solicite ayuda;
5. No deberán ofenderse entre sí;
6. Lucharán por la defensa y bienestar
de su país;
7. Trabajarán por honor antes que por
lucro;
8. No romperán nunca una promesa por
ninguna razón;
9. Se sacrificarán por el honor de su
patria;
El ideal de los caballeros y el principio
de rectitud en las acciones son, por sobre todo, lo primero que
debe inculcarse en los muchachos para guiarlos por el limpio
sendero de la justicia que debe formar parte de su carácter, si
es que desean llegar a ser buenos ciudadanos.
El hábito de ver las cosas desde el
punto de vista de otro puede desarrollarse en los juegos al aire
libre, para los cuales es esencial la imparcialidad. Durante el
juego se observan reglas estrictas que implican dominio de sí
mismo y buen humor de parte de los jugadores y al fin de la
justa, lo correcto es que el victorioso muestre hidalguía hacia
el vencido, y que éste sea el primero en felicitar al vencedor.
Esto debe practicarse hasta convertirlo
en hábito.
Otra gran ayuda, para fomentar entre los
muchachos el sentido de la justicia, es la práctica de debates
sobre asuntos que les interesen y en los cuales dos bandos
argumenten, lo cual sirve para hacerles comprender que todo
asunto importante tiene dos aspectos, y que no hay que dejarse
llevar por la elocuencia de un orador antes de haber oído la
contraparte, para entonces pesar la justicia que asiste a ambos
litigantes antes de dictar el fallo.
Una medida práctica para garantizar esto
es que la votación no se haga levantando las manos, porque
los muchachos timoratos o desatentos votan siguiendo a la
mayoría. Cada cual debe entregar su voto ('SÍ' o 'NO') anotado
en una hoja de papel. Esto da al muchacho ocasión de juzgar, con
su propio criterio, después de aquilatar ambos aspectos del
asunto.
Así es cómo, usando su juicio con el
fin de enseñar rectitud, abnegación y sentido de obligación
para con los demás, el Jefe de Tropa puede aprovechar grandes
oportunidades para educar a sus muchachos, ya sea bajo techo o al
aire libre.
A pesar de que sólo la he abordado
someramente, creo que - de todas las materias que nos ocupan -
ésta es la más importante para formar hombres con criterio
propio y alto sentido de ciudadanía.
Disciplina
Para que una nación prospere debe tener
disciplina, y ésta sólo se consigue en las masas disciplinando
al individuo. Con ello quiero significar obediencia a la
autoridad y a los otros dictados del deber.
Esto no puede lograrse con medidas
represivas, sino fomentando y educando al muchacho primero en la
autodisciplina y en el renunciamiento de sus propios placeres en
beneficio de los demás. Esta enseñanza tiene una gran eficacia
mediante el ejemplo, señalando obligaciones al muchacho y
esperando de él que sea digno de confianza.
El Sistema de Patrullas impone una gran
obligación a sus Jefes haciéndolos responsables de todo lo que
sucede entre los scouts que dirigen.
En 1596, Sir Henry Knyvett hizo ver a la
Reina Isabel que el Estado que descuida la instrucción y
disciplina de la juventud no solamente forma malos soldados y
marinos, sino que produce el mal mucho mayor de que sus
ciudadanos sean igualmente malos en la vida civil, o, según sus
propias palabras: "La falta de una verdad disciplina hace
que las riquezas del Príncipe y del país se dilapiden frívola
y lamentablemente."
El orden y la disciplina no se consiguen
castigando al niño por un mal hábito, sino proporcionándole
una ocupación mejor que absorba su atención y gradualmente lo
haga olvidar y abandonar la mala costumbre.
El Jefe de Tropa debe imponer rápida y
rígidamente la disciplina aún en sus mínimos detalles. Déjese
a los muchachos en entera libertad sólo cuando se crea
conveniente darles rienda suelta, lo cual de vez en cuando es
provechoso.
Concepto del Honor
La Ley Scout es la base sobre la cual
descansa toda la educación del Escultismo.
Todas sus cláusulas deben explicarse
clara y detalladamente por medio de sencillas ilustraciones de su
aplicación en la vida diaria.
Y no hay mejor enseñanza que el ejemplo.
Si el Jefe de Tropa se ciñe estrictamente a la Ley Scout en
todos sus actos, los muchachos están prontos a imitarlo.
Este ejemplo tiene mayor fuerza
persuasiva si el Jefe de Tropa hace la Promesa Scout en la misma
forma en que la hacen los jóvenes que están bajo su guía.
En el primer artículo de la Ley que es:
"El scout cifra su honor en ser digno de confianza",
estriba el buen comportamiento y disciplina futuros del scout. El
scout debe ser íntegro. Así debe explicárselo cuidadosamente
el Jefe de Tropa - como primer paso - antes que haga la Promesa.
La investidura del scout se hace adrede
con cierta ceremonia, ya que si un pequeño ritual de esta clase
se lleva a cabo con solemnidad impresiona al muchacho, y tomando
en cuenta la seria importancia de la ocasión, lo correcto es
impresionarle hasta donde sea posible. Es también muy importante
que el scout periódicamente refresque su conocimiento de la Ley.
Los muchachos tienen la tendencia de ser olvidadizos y no debe
permitírseles que, habiendo hecho la promesa solemne de
ajustarse a la Ley Scout, carezcan de habilidad para decir en
cualquier momento, en qué consiste dicha Ley.
Cuando el scout haya comprendido lo que
se espera de su honor después de su iniciación, el Jefe de
Tropa debe tener plena confianza en él para encargarle la
ejecución de algunas órdenes. En sus acciones debe demostrarle
que lo considera persona responsable. Confíesele alguna misión
y téngase fe en que la cumplirá fielmente. No hay que
mantenerse en acecho tratando de averiguar cómo la cumple.
Déjesele que lo haga a su manera. Permítasele que grite y se
afane si es necesario, pero en todo caso hay que dejarlo solo, y
confíese en que hará lo mejor que pueda. La confianza debe ser
la base de toda educación moral.
Imponer responsabilidad es la clave del
éxito con los muchachos, especialmente con los más
alborotadores y díscolos.
El objeto principal del Sistema de
Patrullas es inculcarles sentido de responsabilidad a tantos
muchachos como sea posible, con miras a desarrollar su carácter.
Si el Jefe de Tropa confiere al Guía de patrulla amplia
autoridad, es mucho lo que puede esperar de él, y dejándole
manos libres en el desempeño de su labor habrá hecho más para
fortalecer su carácter que cualquier estudio escolar al
respecto, por intenso que fuere.
Confianza en Sí Mismo
El muchacho no recibe todo el beneficio
del Escultismo hasta que no obtiene el grado de scout de primera
clase. Las pruebas que debe pasar para obtenerlo fueron ideadas
con la intención de que a quien demuestre suficiente capacidad
para esa categoría se le considere poseedor de las cualidades
básicas necesarias para ser un ciudadano viril y honrado.
Cuando el muchacho es consciente de que
ha pasado sus días de noviciado, y de que es ya un ser
responsable, con capacidad ejecutiva, digno de la confianza de
sus superiores, adquiere seguridad en sí mismo. Las ambiciones y
las esperanzas comienzan a golpear a las puertas de su alma.
Entonces se sentirá mejor preparado que
antes y dueño de esa confianza en sí mismo que da esperanza y
ánimo, en momentos difíciles de la lucha por la vida, así como
fuerza espiritual en los empeños para llegar a la meta de sus
aspiraciones.
Los conocimientos de Primeros Auxilios y
los medios para extinguir incendios, el viajar en carromatos y el
construir puentes, son de gran valor para desarrollar la destreza
y aguzar el ingenio, ya que el muchacho, en cooperación con los
demás, es responsable de la parte que le corresponde en la obra.
La natación tiene su valor educativo -
mental, moral y físico- porque da confianza del dominio de un
elemento y la de poder salvar vidas, y con ella se desarrollan
también los pulmones y las extremidades.
Cuando el autor de estas líneas
adiestraba a la Policía Sudafricana, acostumbraba enviar a los
hombres en parejas para que llevaran a cabo recorridos de grandes
distancias, de trescientos a quinientos kilómetros, con el
objeto de enseñarlos a defenderse mutuamente y a usar su
inteligencia.
Pero cuando tenía un recluta algo torpe,
lo enviaba solo, sin nadie que lo protegiera, tanto para que se
desempeñara por sí mismo, y buscara los medios de alimentarse
él y a su caballo, como para que, sin ayuda, rindiera el
informe de su expedición. Esta fue la mejor práctica de todas
para imprimir confianza en sí mismo y avivar su inteligencia; y
refleja un principio que puedo recomendar con toda fe a los Jefes
de Tropa para el adiestramiento de sus Scouts.
De todas las escuelas, el campamento es,
sin duda ninguna, la mejor para enseñar a los chicos las
cualidades del carácter que se desea inculcarles. Allí el
ambiente es saludable; los muchachos se vuelven ambiciosos y
perspicaces; les rodea todo un mundo interesante, y el Jefe de
Tropa tiene a ésta constantemente, día y noche, bajo su
dirección.
El Jefe de Tropa tiene en el campamento,
según puede notarse, la mayor oportunidad de observar y
conocer las características individuales de cada scout, para
después encauzarlas en la dirección conveniente a su
desarrollo; y los muchachos a su vez van adquiriendo las
cualidades del carácter inherente a la vida campestre, en la
cual el comprensivo Jefe de Tropa puede inculcarles, con jovial y
bondadosa dirección, disciplina, habilidad, ingenio, confianza,
destreza, conocimiento de los bosques, manejo de canoas,
espíritu colectivo, los secretos de la naturaleza, etc. Una
semana de esta clase de vida equivale a seis meses de enseñanza
teórica en las aulas por excelente que ésta sea.
Por lo expuesto anteriormente se aconseja
que el Jefe de Tropa poco experto en ese ramo estudie el arte de
acampar en sus distintos aspectos.
Alegría de Vivir
¿Por qué se considera el conocimiento
de los secretos de la Naturaleza como actividad fundamental del
Escultismo?
Esta pregunta encierra precisamente la
diferencia que existe entre el sistema de enseñanza de los Scouts
y el de cualquier otro club de muchachos. Y puede contestarse
fácilmente con la siguiente frase: "Deseamos enseñar a
nuestros chicos no solamente la manera de ganarse la vida, sino
también la forma de disfrutarla, o sea el arte de gozarla en
sentido elevado."
El conocimiento de los misterios de la
naturaleza, sobre el cual tal vez he insistido demasiado, es el
mejor medio de despejar la mente de los muchachos, y al mismo
tiempo, si el Jefe de Tropa no descuida este punto, los
preparará para apreciar la belleza de la Creación y por ende,
el arte, lo cual los lleva a gozar de la vida en un alto plano.
Además de que les muestra el poder del
Dios Creador, por medio de sus obras maravillosas, cuando a esto
se junta la práctica por Él ordenada de hacer el bien a los
demás, constituye la base concreta de la religión.
Ayude al muchacho a crear confianza en
sí mismo,
a que sea ingenioso y se baste a sí
sólo, es decir,
que mire de frente a la vida y se labre
su propio porvenir.
Hace algunos años me encontraba en la
sala de un amigo que acababa de morir, y en una mesa, junto a su
abandonada pipa y su tabaquera había un libro de Richard Jefieries
-"Field and Hedgerow"- que tenía doblada la esquina de
una página donde decía lo siguiente: "El concepto del bien
moral no es completamente satisfactorio. La forma más elevada
que conocemos hasta el presente es el puro renunciamiento: la
práctica del bien no con miras de una recompensa inmediata o
más tarde, ni con el deseo de realizar un ideal imaginario.
¡Esta es la mejor interpretación que podemos darle y es tan
poco satisfactoria! Se necesita algo que satisfaga rnás
completamente los anhelos del corazón que cualquier obra de
abnegación personal. Debe ser algo que vaya de acuerdo con la
percepción de la belleza y de un ideal. La virtud personal no
basta y yo no puedo dar una definición del bien ideal; pero me
parece que, en alguna forma, debe ir estrechamente asociado con
la belleza ideal de la Naturaleza."
En otras palabras, se podría decir que
la felicidad es una combinación de íntima convicción y de
sentido común. Y se gozará cuando la conciencia y los sentidos
estén igualmente satisfechos. Si la definición que hemos citado
es la verdadera, la correlativa es por lo menos igualmente
acertada, o sea que la apreciación de la belleza no produce
felicidad a menos que no se tenga paz de conciencia. De ahí que,
si queremos que nuestros muchachos sean felices en la vida,
debemos imbuirles la costumbre de hacer el bien al prójimo,
además de enseñarles a apreciar las bellezas de la Naturaleza.
El paso más corto para alcanzar esto
último es mediante el conocimiento del concierto de la
Creación.
La gran mayoría de los muchachos tiene
cerrados los ojos del alma, y al Jefe de Tropa corresponde la
dicha de realizar el milagro de abrírselos.
Cuando el germen del conocimiento de los
bosques ha entrado en la mente de un muchacho, la observación,
la memoria y la deducción se desarrollan automáticamente, y
entran a formar parte de su carácter, quedando integrados en
él, no importa cual sea la senda que siga en la vida.
A medida que se presentan las maravillas
de la naturaleza a la mente joven, puede también mostrársele la
belleza que encierra para que la vaya comprendiendo gradualmente.
Cuando en la mente se ha dado cabida a la apreciación de la
belleza, ésta crece simultáneamente con la observación, y
lleva alegría y optimismo al corazón aún en el ambiente más
árido.
Haciendo nuevamente otra digresión... un
día crudo, nebuloso y obscuro, en la grande y lóbrega estación
de Birmingham, en Inglaterra,... nos vimos arrastrados por una
multitud de tiznados trabajadores y militares en viaje. Más, a
pesar de ello, empecé a mirar con atención a mi alrededor,
mientras trataba de caminar. Luego proseguí; me detuve; volví a
mirar, y reanudé la marcha, hasta que recogí una imagen
completa de todo cuanto me rodeaba. No creo que mis compañeros
lo notaron, pero yo sí observé en aquella sombría cueva un
rayo de luz que puso optimismo en mis actividades de ese día; y
no fue más que una enfermera de uniforme carmelita, con una
gloriosa cabellera roja, llevando en sus brazos un gran ramo de
crisantemos. Quizá para ustedes esto no habría constituido nada
extraordinario, pero no para aquellos que tienen ojos para ver
esas notas de luz que se presentan hasta en el ambiente más
depresivo.
Es muy común la idea de que los niños
no pueden apreciar la belleza y la poesía; pero recuerdo cierta
vez que se mostraba a un grupo de muchachos la pintura de una
tormenta, acerca de la cual Ruskin había dicho que en esa escena
de desolación, sólo había un signo de paz y de belleza. Uno de
ellos señaló inmediatamente un rincón de plácido cielo azul
que dejaba libre la cubierta de plomizos nubarrones.
La poesía los atrae también en forma
que es difícil apreciar. Cuando el sentido de la belleza empieza
a embargarlos, su mente parece que ansía expresarse en forma
diferente a la prosa diaria.
En la prosa puede hallarse poesía de la
mejor calidad, algunas veces; pero generalmente la belleza
poética se asocia con el ritmo y la rima. Por tanto, ésta (la
rima) es lo que incita el mayor esfuerzo de los jóvenes
aspirantes a poetas. Y la experiencia ya les habrá dicho a
ustedes que, cuanto más alienten a los vates en ciernes por el
camino de la poesía, mayor será el número de versos ramplones
que les darán a leer.
Alejen de esa senda, si pueden, a los que
carezcan de talento y los dones indispensables. En el mundo es ya
demasiado crecido el número de poetastros.
Amplitud de Miras: Respeto a la Religión
La amplitud de miras empieza naturalmente
con el respeto a Dios, que mejor podemos designar con el nombre
de "Veneración."
La veneración a Dios y el respeto a
nuestro prójimo y a nosotros mismos, como siervos de Dios, es la
base de toda forma de religión. La manera de expresar esta
veneración a Dios varía según las sectas y creencias. La que
adopta el muchacho depende, como regla, de la voluntad de sus
padres. Ellos son los que lo deciden, y a nosotros nos
corresponde respetar sus deseos y secundar sus esfuerzos para
inculcar la veneración en el niño, sea cual fuera la fe que
profese.
Puede que haya muchas dificultades
relacionadas con la definición de la instrucción religiosa que
abarca nuestro Movimiento, dada la gran variedad de sectas
existentes; y los detalles de la expresión de los deberes para
con Dios deben, por lo tanto, dejarse en su mayor parte en manos
del director espiritual. Pero no hay dificultad alguna en sugerir
la línea que deba seguirse en el sentido humano, ya que los
deberes directos para con nuestro prójimo los comprenden casi
todos los cultos .
"Aunque el muchacho solo muestre un
rostro rebosante
de alegría en la calle, ya es bastante.
Levanta el espíritu
de gran número de loa que encuentra en
su camino.
Vale la pena tratar de conseguir que
lleve ese aspecto
alentador, como paso a una felicidad
mayor."
La actitud del Escultismo en lo tocante a
religión, aprobada en nuestro Consejo por los jefes de las
diferentes sectas y creencias, es como sigue:
"(a) Todo scout debe pertenecer a
alguna secta religiosa, y asistir a los actos o servicios que
ella prescribe.
"(b) Cuando la Tropa se compone de
creyentes de una religión determinada, es de esperarse que el
Jefe de Tropa se ajuste a las prácticas y enseñanza de dicha
religión, en la forma que crea más
conveniente, de acuerdo con el capellán
o autoridades religiosas correspondientes.
"(c) Si la Tropa está formada de
adictos a credos religiosos distintos, se le debe inducir a cada
muchacho a concurrir a los servicios y prácticas de su religión
respectiva, y en el campamento se puede establecer la costumbre
de decir diariamente una especie de plegaria, y celebrar un
servicio semanal de carácter sencillo, al cual asistan
voluntariamente."
El Jefe de Tropa no puede ir muy
desacertado si toma estas normas como guía. Estoy plenamente
convencido de que hay más de una manera de inculcar la
veneración. La elección de una de ellas depende de las
circunstancias y del carácter individual del muchacho. La clase
de instrucción que convenga a uno puede que no surta los mismos
efectos en otro, y queda al instructor, ya sea el Jefe de Tropa o
el capellán, la elección de la más apropiada.
Hablando desde el punto de vista de la
gran experiencia personal que he tenido con algunos millares de
jóvenes que han estado a mi cuidado, he llegado a la conclusión
de que las convicciones religiosas han guiado muy poco las
acciones de la mayoría de nuestros hombres.
Esto puede atribuirse hasta cierto punto
al hecho de que a menudo se ha empleado la instrucción en lugar
de la educación en la preparación religiosa del niño.
La religión se inspira, no se enseña.
No es una indumentaria dominguera, sino una parte integrante del
carácter del muchacho y del temple de su espíritu. Es asunto
personal, de pura e íntima convicción, y no resultado de la
enseñanza objetiva.
Por eso, a veces, los mejores alumnos de
las clases dominicales de doctrina o lectura de los libros
sagrados, aferrándose demasiado a la letra del texto, pierden la
idea fundamental, y se convierten en fanáticos intransigentes;
mientras los que forman la mayoría, que en el fondo nunca están
entusiasmados con este estudio, tan pronto como abandonan las
aulas caen en la indiferencia y la irreligión, quedando sin
orientación espiritual en ese período dificultoso de la vida
que transcurre entre los dieciséis y los veinticuatro años de
edad.
No a todo hombre le es dado llegar a ser
buen profesor de religión y a menudo los más celosos son los
que más fracasan, siendo lo peor que no se den cuenta de ello.
Afortunadamente, contamos entre los Jefes
de Tropa con un crecido número de hombres competentes en este
ramo. Pero tal vez hay muchos que duden de su influencia, y en
ese caso es preferible que busquen un capellán o un instructor
experimentado para su Tropa;
En una Tropa formada de Scouts
pertenecientes a una misma religión, hay por lo general un
capellán de tropa, a quien el Jefe de ésta debe consultar todos
los asuntos que atañen a la instrucción religiosa.
Como parte de esa preparación, es
conveniente establecer un servicio o una clase especial. Esto
consiste en una reunión celebrada con el objeto de rendir culto
a Dios y de fomentar el fiel cumplimiento de la Promesa y Ley
Scout; pero como complemento, y no como substituto de las
prácticas religiosas regulares.
Pero muchas de nuestras tropas están
integradas por niños de diferentes creencias. Cuando esto
ocurre, cada muchacho debe ser enviado donde su clérigo o pastor
correspondiente para que reciba la instrucción de la fe que
profesa.
Otras tropas, formadas en barrios bajos y
en regiones menos adelantadas, cuentan con niños que no han
tenido prácticamente ninguna clase de religión, y para quienes
sus padres han sido de poca o ninguna ayuda en este sentido.
Tales chicos requieren sistemas y métodos de enseñanza
distintos de los que se emplean con muchachos que han tenido
buena preparación religiosa.
Aquí es donde nuevamente el Escultismo
es muy práctico para ayudar al instructor; y ya ha brindado
excelentes resultados.
Presta su ayuda mediante las siguientes
prácticas:
a) Ejemplos personales del Jefe de Tropa;
b) Estudio de la Naturaleza;
c) Buenas acciones;
d) Retención del muchacho de más edad.
a) Ejemplo Personal: No hay duda alguna
de que, ante los ojos de los muchachos, son las acciones de un
hombre las que cuentan y no sus palabras.
De ahí que sobre los hombros del Jefe de
Tropa pese la gran responsabilidad de actuar correctamente, y de
dejarse ver mientras lo hace, pero cuidando de no hacer de ello
un alarde.
Aquí es donde una actitud de hermano
mayor, antes que de profesor, tiene más fuerza convincente para
los niños.
b) Estudio de la Naturaleza: Grandes
enseñanzas se derivan de la observación de la Naturaleza. En la
vida de un pájaro, por ejemplo, el nacimiento de sus plumas de
igual forma y color que las de los de su misma especie que viven
a millares de kilómetros de distancia, las migraciones, la forma
igual de tejer sus nidos, el color de sus huevos, el desarrollo
del polluelo, el cuidado de la madre, la alimentación y la
facultad de volar; todo se realiza sin la intervención del
hombre; sólo obedeciendo a las leyes del Creador, y constituye
una lección inapreciable para los muchachos.
Asimismo, Las plantas de todas clases,
con sus flores, cortezas, follaje y frutos; los animales, sus
especies, sus hábitos; las estrellas en el firmamento, con sus
lugares señalados y sus órbitas fijas en el espacio, nos dan la
primera concepción del infinito y de la inmensa obra del
Creador, en la cual el hombre no es más que una ínfima parte.
Todo esto tiene gran fascinación para la juventud; atrae su
curiosidad, su poder de observación, y la conduce directamente a
reconocer la mano de Dios en las maravillas del Universo, con
sólo que haya una persona que se las muestre.
Lo que a mí más me asombra es cómo
algunos profesores han descuidado este fácil e infalible método
educativo, y en cambio se han aferrado a la instrucción bíblica
como primer paso para conseguir que el espíritu inquieto del
muchacho se oriente hacia conceptos más elevados.
c) Buenas Acciones: Si el Jefe de Tropa
estimula un poco a los muchachos a que hagan diariamente una
buena acción, la práctica pronto se vuelve un hábito en ellos,
y es el mejor paso hacia la formación de un cristiano práctico
y no teórico. El niño se inclina naturalmente hacia el bien si
ve que hay una forma práctica de hacerlo; y el precepto de la
buena acción diaria le brinda la oportunidad para desarrollar y
manifestar el instinto de la bondad, hacienda brotar en él el
espíritu de caridad cristiana hacia el prójimo.
La expresión de esa tendencia hacia el
bien es más efectiva, más espontánea, en el muchacho, y está
más de acuerdo con los métodos del Escultismo que la
aceptación pasiva de los preceptos didácticos.
d) Retención del Muchacho de más Edad:
Tan pronto como un muchacho empieza a adquirir nociones generales
y el dominio de las cuatro reglas, se le lanza al mundo,
creyéndose que lleva el suficiente bagaje para que se labre
honradamente su porvenir como buen ciudadano. Cuando deja la
escuela primaria, tiene generalmente la oportunidad de ingresar
en otras instituciones docentes a las cuales puede asistir
después de sus horas regulares de trabajo, si así lo desea o si
sus padres lo instan. Los mejores muchachos lo hacen así y
adquieren finalmente una buena cultura.
¿Pero cuál será la suerte del muchacho
de medianos alcances o de malas inclinaciones? Se le deja
desviarse de la buena senda en el preciso período de su vida en
que lo que más necesita es continuar y terminar los estudios
emprendidos, y en el momento justo en que pasa material, mental y
moralmente a lo que va a ser durante el resto de la vida.
Aquí es donde el Movimiento del
Escultismo puede hacer mucho por el adolescente, y para cooperar
en su importante misión es que estamos haciendo todo lo posible
por organizar Rover Scouts o scouts mayores con el fin de retener
al jovenzuelo, conservando nuestro contacto con él, para
inspirarle los más elevados ideales durante el período de su
vida en que vacila en elegir entre el bien y el mal.
Respeto a Sí Mismo
Entre las formas de respeto que deben
fomentarse en el muchacho no hay que omitir una muy importante:
el respeto a sí mismo, o sea la dignidad personal en su aspecto
más elevado.
Esto también puede inculcársele
mediante el estudio de la naturaleza, como paso inicial. Puede
estudiarse la anatomía de plantas, aves y mariscos, mostrando la
perfección de la obra del Creador. De manera similar el niño
puede estudiar su propia anatomía: el esqueleto, los músculos,
nervios y tendones; la circulación de la sangre, la
respiración, el cerebro, centro regulador de las acciones; todo
ello repetido hasta en su más mínimo detalle en millones de
seres y sin embargo diferente en todos, como las facciones y
huellas digitales. Despiértese en el niño la idea de que se le
ha dada un cuerpo constituido maravillosamente para que lo
desarrolle como templo y obra exclusiva de Dios; y que ese cuerpo
es materialmente capacitado para efectuar buenas obras y
acciones, si se le guía con el recto sentido del deber y la
caballerosidad, es decir, con una alta finalidad moral.
Esto es lo que engendra el respeto a sí
mismo
Por supuesto que esta norma de conducta
no debe predicársele abandonándola después para que
fructifique por si sola. El Jefe de Tropa debe infundirla durante
todo el tiempo que el chico pasa bajo su guía. Y una forma
especial de fomentarla es asignándole responsabilidad, confiando
en él como en un ser honorable que cumple con sus deberes a
conciencia, y tratándolo con respeto y consideración, pero sin
despertarle la vanidad.
Lealtad
Además del respeto a Dios y al prójimo,
la lealtad para con la patria ocupa un lugar preponderante, y es
factor importantísimo para mantener en los hombres bien
equilibrados sus miras y puntos de vista. Las manifestaciones de
esa lealtad, como el saludo a la bandera, el ponerse de pie
cuando se toca el himno nacional, etc., ayudan a promoverla, pero
lo esencial es desarrollar el verdadero espíritu que mueve tales
demostraciones
El estímulo de la lealtad para consigo
mismo, o sea acatando el buen dictado de la conciencia, es un
gran paso para desarrollar en el muchacho el aplomo y el
conocimiento de sí mismo. La lealtad para con los demás se
expresa con hechos y no sólo con palabras. Los servicios al
prójimo y el sacrificio personal envuelven necesariamente la
idea de estar listos a empuñar las armas para defender a la
patria en caso de agresión extranjera, lo cual es el deber de
todo buen ciudadano. Pero esto no implica que el muchacho
desarrollo un espíritu sanguinario y agresivo, ni que necesite
adiestramiento en los deberes militares o ideas bélicas. Esto se
deja para cuando tenga la suficiente madurez de juzgar con su
propio criterio.
Interésese al muchacho en el ejercicio
constante de su cuerpo.
2. SALUD Y VIGOR
Es obvio que la salud y el vigor son de
un valor incalculable cuando se trata de seguir una carrera
profesional y de gozar sanamente de la vida.
En las prácticas del Escultismo,
nosotros podemos dar a los muchachos alguna instrucción sobre la
salud e higiene personal que son tan esenciales para que lIeguen
a ser ciudadanos eficientes.
Nuestra tarea será hacer que se inclinen
a la práctica de los deportes, y la de enseñarles que, antes de
dedicarse sin peligro a ejercicios agotadores, deben primero
desarrollar un cuerpo sano. Esto se consigue con alimentación
sencilla y adecuada, con el cuidado higiénico de su persona en
materia de limpieza, respiración por la nariz, descanso, vestido
apropiado, hábitos regulados, continencia, etc. Debemos evitar
que se vuelvan melindrosos y piensen que son propensos a contraer
enfermedades, etc. Antes bien, se les hará comprender que deben
mantenerse en buen estado de salud para los deportes, como fin
que persigue la educación física..
Con sólo media hora a la semana de
reuniones ordinarias de las tropas de Scouts no nos es posible
darles educación física formal, pero lo que se puede es hacer
al niño RESPONSABLE PERSONALMENTE DE SU PROPIA SALUD,
indicándole la forma de conservarla y de mantenerse sano.
También podemos enseñarle unos pocos ejercicios que le ayuden a
desarrollar su vigor si se practican adecuadamente, y podemos
interesarle en las actividades al aire libre y en los juegos que
no sólo le proporcionen esparcimiento sino también la forma
práctica de adquirir salud, vigor y seguridad para la vida. La
salud del cuerpo promueve la salud de la mente; y en este punto
se eslabonan la educación del carácter y la educación física.
Consérvese Sano
Las estadísticas nos muestran la
existencia de un gran número de individuos que no gozan de buena
salud; y que con un poco de cuidado y atención podrían haber
sido personas sanas y útiles a la sociedad. Algunos informes
sanitarios escolares nos han demostrado que uno de cada cinco
alumnos adolece de algún defecto que le impide desempeñarse con
eficiencia durante el resto de su vida: defecto - entiéndase
bien - que pudo haber sido corregido.
Estos datos son inmensamente importantes,
y señalan de inmediato la necesidad y el remedio. Si se instruye
al niño a su debido tiempo podrían salvarse millares
anualmente, convirtiéndolos en ciudadanos vigorosos y capaces,
evitando que durante el resto de sus días arrastren una vida
miserable y solamente útil a medias.
Esto tiene trascendencia tanto para el
individuo como para la nación entera.
Mucho se ha dicho sobre la cultura
física y el desarrollo de las generaciones futuras sobre bases
mucho más generales, y hacia este fin tienden los grandes
esfuerzos de nuestra labor.
Pero quiero advertir a los Jefes de
Tropas que no dejen que este impulso los guíe por la senda
equivocada.
En el cuadro que aparece en la página 17
se puede ver cómo y por qué el Carácter y la Salud Física son
los principales objetivos del Escultismo, y también se ven allí
los medios de que nos valemos para lograrlos.
Pero no hay que olvidar que la salud no
tiene necesariamente que ser el resultado de los ejercicios
físicos.
El adiestramiento físico que se da al
ejército ha sido cuidadosamente estudiado y es excelente para el
propósito que persigue. Está destinado a desarrollar el sistema
muscular del individuo; y los soldados mejoran tremendamente su
constitución física bajo esta intensa forma de preparación.
Pero a menudo es artificial, y lleva por
objeto la adquisición del desarrollo que no se obtuvo en forma
natural.
Son los juegos al aire libre, las
caminatas, la vida bajo tiendas de campaña y la alimentación
sana, en combinación con el adecuado descanso, lo que lleva al
cuerpo la salud y el vigor, en forma natural y no de manera
artificial y efímera.
No hay quien no convenga en esto. Es
simple en teoría, aunque en la práctica se presentan algunas
dificultades que hay que vencer.
Los muchachos de la ciudad o los que
trabajan todo el día en las fábricas no tienen la oportunidad
de salir al aire libre a practicar sus juegos, y naturalmente
deberían aprovecharla los que trabajan a campo raso y los niños
de los campos; pero es el caso que un muchacho campesino raras
veces conoce un juego y ¡ni siquiera sabe cómo correr! Es
desconcertante ver cuán pocos muchachos pueden hacerlo.
El paso elástico y natural se adquiere
solamente con la práctica de las carreras. Sin este ejercicio,
el pobre muchacho desarrolla el andar lento y pesado del
campesino o el paso desigual y arrastrado del habitante de las
ciudades. ¡Y cuánto carácter se revela en el porte airoso de
un hombre!
Juegos Organizados
Uno de los objetivos del Escultismo es
organizar equipos deportivos y juegos que además de mejorar la
salud fortalezcan el carácter del muchacho. Estos deportes deben
ser interesantes y despertar el espíritu de competencia.
Mediante su práctica pueden inculcarse en los muchachos nociones
de hombría, respeto a las reglas, disciplina, dominio de sí
mismo, determinación, fortaleza de ánimo, don de mando y desapasionamiento
en el desarrollo del juego.
Como ejemplos de estos juegos y
ejercicios podemos mencionar: las ascensiones de toda clase (de
escaleras, cuerdas, árboles, rocas, etc.), competencia de marcha
sobre tablones, carrera de obstáculos, vista rápida, prácticas
con la pelota, boxeo, lucha grecorromana, natación, caminatas,
saltos, carrera de relevos, lucha de gallos, danzas regionales,
cánticos, canciones coordinadas con la acción, etc. Estas y
muchas otras actividades ofrecen un amplio y variado programa de
competencias y torneos, entre las patrullas, que un Jefe de Tropa
con sentido de observación puede aplicar en sucesión, para
desarrollar determinadas partes del cuerpo.
Los activos juegos del Escultismo, son a
mi entender la mejor forma de educación física, porque muchos
de ellos envuelven también educación moral, y además no
implican gastos, porque no requieren patios de recreo bien
cuidados, ni aparatos, etc.
Es muy importante reglamentar los juegos
y competencias hasta donde sea posible, para que tomen parte
todos los Scouts; porque el objeto no es sacar de entre ellos
sólo algunos campeones, descuidando el desarrollo físico de los
demás. Todos deben practicar y alcanzar algún grado de
perfección. Los juegos deben organizarse especialmente como
encuentros entre equipos que formen las patrullas. En las
competencias donde toman parte muchos concursantes se dirimirán
los empates sólo entre los que tengan puntuación más baja, a
la inversa de la costumbre de hacerlo entre los vencedores, con
el objeto de determinar cuál es el inferior y no cuál es el
mejor. El muchacho trata con tanto afán de no ser el último
como lo hace por obtener el primer lugar para ganarse un premio.
Esta forma de concursos es muy provechosa, porque proporciona
más práctica a los retrasados.
Por medio del Escultismo podemos enseñar
a todo muchacho, ya sea de la ciudad o del campo, la manera de
llegar a ser participante de los juegos y con ello a gozar de la
vida fortaleciendo al mismo tiempo su fibra física y su temple
moral.
Gimnasia
La gimnasia constituye una forma intensa
de actividad para lograr el desarrollo del cuerpo, cuando no hay
suficiente oportunidad de practicar los juegos, y bien puede
emplearse como complemento de éstos siempre que:
1. No se hagan ejercicios simplemente
como mecánicos movimientos calisténicos, sino como algo que
todo muchacho comprenda bien, y desee practicar espontáneamente,
consciente del beneficio que le reporta;
2. El instructor tenga algún
conocimiento de anatomía, y comprenda el perjuicio que algunos
movimientos pueden ocasionar al cuerpo en formación.
Los seis ejercicios corporales que se
mencionan en el 'Escultismo para Muchachos' pueden ser
enseñados, sin peligro para el niño, por un Jefe de Tropa que
no sea experto en anatomía. Estos ejercicios no deben
convertirse en actividades rutinarias de las reuniones, sino que
cada scout, después de aprenderlos, debe practicarlos en su casa
durante sus horas libres.
Debemos hacer todo lo posible para que el
chico se interese en el ejercicio constante de su cuerpo y
practique con ánimo y tesón las pruebas difíciles hasta que
logre ejecutarlas a perfección.
Una buena idea, por ejemplo, es que cada
una de las tropas adopte algún sistema particular de ejercicios
sencillos, como saltos de altura o de longitud, etc., en forma
tal que, luego, todos los muchachos, individualmente, puedan
desarrollar su destreza, y adquirir por si mismos un grado más
alto de perfección.
También se verá que los grupos
uniformados despiertan considerable entusiasmo en los muchachos;
y el de cualquier deporte promueve compañerismo en los atletas
participantes, e incidentalmente exige cambios de ropa, tanto
antes como después de los juegos, lo cual, a su vez, trae como
consecuencia la higiene y el hábito del aseo.
En esa forma, el muchacho desarrolla muy
pronto un marcado interés personal en el mantenimiento de su
propia destreza. Y ese interés puede aprovecharse como cimiento
para una instrucción valiosa en hábitos de pulcritud,
alimentación adecuada, higiene, continencia, templanza,
sobriedad, etc. Todo esto, en conjunto, es lo que se llama
educación física.
Ejercicios
Muchas personas recomiendan
enfáticamente un ejercicio sistemático y la rigurosidad militar
como el método más adecuado para conseguir el desarrollo
físico de la juventud. Personalmente, tengo mucha experiencia en
eso, y opino que si se obliga a una persona joven a hacer
ejercicio, por una hora semanalmente, con el propósito de
conseguir su fortalecimiento físico, los resultados dejarán
mucho que desear.
El entrenamiento a que se somete a un
soldado, día tras día, durante meses y meses, indudablemente
produce un desarrollo físico admirable. Pero, los instructores
militares, que son peritos eficientes, tienen a los reclutas
constantemente bajo su vigilancia, sujetos a una estricta
disciplina; y a pesar de ello, esos instructores expertos cometen
errores, de vez en cuando: las afecciones cardíacas y otras
dolencias provienen frecuentemente de tales métodos, hasta en
hombres fuertes que han entrado ya en la plenitud de la vida.
Más aún, el ejercicio en esa forma
pertenece a la categoría de la instrucción. Es algo que tiene
todo el aspecto de lo compulsivo y rigurosamente doctrinario. En
ninguna forma debe considerarse como procedimiento educativo bajo
el cual los muchachos puedan aprender por sí solos,
enseñándose a sí mismos.
Tratándose de los Scouts, yo he indicado
con frecuencia que esa clase de adiestramiento no debe emplearse
mucho. Fuera de las objeciones que algunos padres de familia
expresan con respecto al militarismo, dicho sistema nos desagrada
por otros motivos, además de los mencionados. Uno de ellos es
que un director deficiente no puede interpretar el propósito
fundamental del Escultismo (es decir, el desarrollo espontáneo
del individuo) y careciendo de originalidad para enseñarlo,
aunque lo interpretase, recurre al ejercicio rutinario de la
milicia, como medida fácil con que se le hace posible dar a sus
muchachos alguna forma de buena presencia superficial, para que
produzcan buena impresión en cualquier desfile.
Pero también hay Jefes de Tropa que se
dejan llevar demasiado lejos hacia el extremo contrario, y
permiten que sus muchachos incurran en el error de presentarse
desaliñados en todas partes, como si carecieran de disciplina en
absoluto, la cual es peor que lo antedicho. Lo apropiado es
adoptar un término medio, es decir: darles instrucción
suficiente para mostrarles cuál debe ser su conducta, e
inspirarles un compañerismo sincero que los estimule a
enaltecerse, y a conducirse como hombres que saben mantener en
alto el prestigio de su tropa. Para conseguir esto, será
necesario el ejercicio sistemático a intervalos, pero en una
forma que no menoscabe la clase de adiestramiento que se
considera más apropiado para Scouts.
Es muy esencial que los muchachos
derrotados en un juego nunca muestren resentimiento, y que se
abstengan de acusar al adversario de injusticia en su proceder o
sus decisiones. No importa cual sea su decepción en la derrota,
deben manifestar con nobleza el reconocimiento de la superioridad
del contrincante. Así pondrán de relieve su concepto de la
disciplina y del dominio sobre si mismos, lo cual promueve
sentimientos elevados que se necesitan tanto para el exterminio
de los prejuicios.
Y en cuanto a otros aspectos, yo recuerdo
cierto regimiento magnífico cuyos reclutas habían recibido muy
poca instrucción. Después que se les indicó la forma en que
debían portarse, se les dijo que cuando ese comportamiento se
convirtiera en hábito, se les permitiría disfrutar de sus
diversiones, y se les consideraría como verdaderos soldados. Es
decir, la tarea de adiestrarse se les confió a ellos mismos, en
lugar de recurrir a varios meses de tedioso ejercicio para
inculcarles el comportamiento militar. Y aquellos hombres entrenáronse
a sí mismos y unos a otros, con tanto éxito que consiguieron
salir de la categoría de reclutas en menos de la mitad del
tiempo requerido generalmente.
Hágase que el muchacho comprenda que
es un ser consciente y por ello
responsable del
cuidado de su cuerpo y salud, y que es
parte de
sus deberes para con Dios desarrollar ese
cuerpo
de la mejor manera posible
Ahí tenemos otro ejemplo de la
diferencia entre instrucción y educación. Ese admirable
resultado se obtuvo inspirando ambición en los individuos, y
concediéndoles toda la responsabilidad. Y ésa es, exactamente
la forma en que, según mi humilde opinión, puede lograrse con
la mayor facilidad el desarrollo físico y mental de la juventud.
Pero recordando siempre que los deportes, el aire libre, una
alimentación nutritiva y el descanso adecuado contribuyen mucho
más al desarrollo normal del organismo humano que todos los
ejercicios militares y gimnasia imaginables.
Al Aire Libre
El oxígeno produce fuerzas. En cierta
ocasión, yo tuve la oportunidad de observar un grupo de scouts
haciendo ejercicio dentro de su propio local. Fue realmente un
espectáculo alentador e interesante. Pero el ambiente no tenia
nada de alentador. El aire que se respiraba en el recinto no era
precisamente perjudicial; pero, en realidad, carecía de frescura
edificante. La ventilación era defectuosa; y aunque los
muchachos actuaban con la precisión de máquinas perfectas, el
aire desvirtuaba el beneficio de su labor, en vez de fortalecer
su sangre con oxigeno estimulante.
La mitad de los buenos resultados
provenientes del ejercicio físico depende del aire puro, que
puede inhalarse ventajosamente a través de la piel, así como
por las fosas nasales, cuando hay la oportunidad adecuada. En
otras palabras, eI secreto del éxito está en el aire del campo
y el propósito fundamental del Escultismo es, en realidad,
desarrollar el hábito de salir frecuentemente a disfrutar de los
beneficios del aire libre tanto como sea posible
"En esa forma, los niños
aprenderían a interpretar los ruidos y el silencio de la noche,
y adquirirían la mejor de todas las religiones: la que Dios
mismo pone de manifiesto en el aspecto glorioso de sus
maravillas.
"Y a la edad de doce años, fuertes,
con una mente despejada y comprensiva, tendrían ya la capacidad
para recibir la instrucción metódica que fuese adecuado
proporcionarles, y que podría entonces impartírseles con
facilidad, en el término de pocos años.
"Pero, desgraciadamente para los
mozuelos, aunque afortunadamente para Francia, yo no soy el rey
de la nación.
"Lo único que puedo hacer es
expresar mis ideas, y sugerir la senda. Mi opinión es que la
educación física debe ser el primer paso en el desarrollo del
niño."
Esas palabras de Alejandro Dumas en
realidad pueden considerarse como frases orientadoras; y
nosotros, en el Escultismo, si nos adherimos a nuestra verdadera
misión, podremos dar un paso gigantesco en ese rumbo, recordando
siempre que el ambiente apropiado es el aire libre. Pero, debido
a que actualmente pasamos la mayor parte de nuestra vida en las
ciudades, estamos expuestos a perder de vista el derrotero.
Nuestra organización no es ni un club ni
una cátedra, sino más bien una escuela práctica para estudiar
las maravillas de la naturaleza. Tenemos que salir frecuentemente
al campo, para fortalecer la salud del cuerpo y del espíritu,
como jefes o como simples Scouts.
El campamento es indispensable para poder
adiestrar bien a una tropa. Pero debe ser
un
campamento donde no haya nunca ninguna
ociosidad.
El aspecto de esta enseñanza que mayor
entusiasmo despierta en los muchachos es la vida de campamento,
que ofrece al Jefe de Tropa la mejor oportunidad para el
desarrollo de su labor constructiva.
El campamento cautiva la imaginación de
la juventud, por los numerosos detalles interesantes de la vida
campestre, tales como la improvisación de comidas, los juegos en
el bosque o en los eriales, la práctica del rastreo, la
exploración, eI empeño de vencer obstáculos, las alegres
canciones al calor de una hoguera, etc.
Esos campos podrán emplearse como
centros de adiestramiento para los dirigentes del Escultismo,
donde éstos tengan la oportunidad de recibir
adiestramiento en el arte de acampar, así como adquirir el
espíritu de fraternidad que surge de una vida en contacto
directo con la naturaleza. Ya se han establecido muchos, con ese
propósito, y para que los scouts puedan emplearlos como
campamento. De modo que su gran utilidad se ha demostrado; pero
debemos adquirir más terreno, antes de que las tierras
adyacentes a nuestras poblaciones se hayan dedicado a fines de
urbanización.
Y recordemos que "vida de
campamento" es algo muy distinto a "vivir bajo
carpa." Por ejemplo, hace algún tiempo, a mí se me mostró
cierto campamento para niños de escuela, en el cual había
tiendas de campaña perfectamente levantadas y alineadas, con un
gran toldo para comedor y una cómoda carpa para cocina. Además,
había senderos pavimentados y casetas de baño construidas de
madera. Un contratista lo había planeado y construido todo
admirablemente bien. El funcionario organizador pagó cierta suma
de dinero, y todo se hizo muy bien, en esa forma. Desde el punto
de vista mercantil, fue una transacción sencilla y
satisfactoria. Allí los niños podrían vivir bajo carpa muy
cómodamente.
Pero aquello no podía llamarse acampar.
Vivir en tiendas de campaña es algo muy diferente a lo que
nosotros llamamos acampar. Cualquier pollino puede vivir bajo un
toldo donde no sea más que parte integrante de una recua, y
donde reciba cuanto necesite sin hacer el menor esfuerzo para
obtenerlo por si mismo. Los beneficios que una temporada en un
sitio como ése ha de proporcionar no valen la pena de que los
muchachos salgan de sus hogares.
Lo que realmente despierta interés en la
juventud, y al mismo tiempo constituye algo educativo, es el
verdadero acampar: es decir, el campamento establecido por los
muchachos mismos, hasta el extremo de hacer sus propias carpas, y
aprender a cocinar sus propios alimentos. Luego, la tarea de
levantar las tiendas de campaña en sitios elegidos expresamente
por las tropas; la busca de leña y agua potable; la preparación
de un sitio para bañarse, cocinas de campaña, letrinas y hoyos
para desperdicios; el empleo de utensilios y muebles de
campamento, etc. es lo interesante, y lo que despierta
entusiasmo, además de ser un adiestramiento inapreciable.
Cuando se trata de un gran número de
muchachos, reunidos en un pueblo de carpas, es necesario recurrir
al ejercicio sistemático y la instrucción general, como medios
para proporcionar ocupación a todos en conjunto. Pero, en el
caso de grupos pequeños, además de las labores del campamento
mismo, las cuales ocupan mucho tiempo, hay también una
oportunidad constante para la educación en el conocimiento de la
naturaleza, así como para fortalecer la salud corporal y mental,
por medio de carreras, caminatas y otras diversiones,
aprovechando todas las ventajas del ambiente.
El campamento ideal es uno en que todo el
mundo está satisfecho alegre y atareado; uno en que las tropas
se conservan siempre intactas, y en que todos los concurrentes
están orgullosos de su labor y del grupo en general.
Un detalle muy digno de atención
especial es que, en un campamento pequeño, el ejemplo del Jefe
de Tropa ejerce una influencia enorme. Debido a que vive entre
los muchachos, cada uno de éstos tiene la oportunidad de
observarlo, e imitarlo, a veces inconscientemente y tal vez sin
que él mismo se dé cuenta. Por eso se notará que si el Jefe de
Tropa es un hombre perezoso, los muchachos que dirige se pondrán
haraganes. Asimismo, si el aseo es un hábito en él, ellos lo
adquirirán; y si él es ingenioso, los muchachos que lo rodean
habrán de convertirse pronto en emuladores de su ingeniosidad,
ejercitando sus facultades mentales en la invención de
artefactos y utensilios.
Pero el Jefe de Tropa no debe perder su
tiempo en tareas pertenecientes a los scouts que lo acompañan,
sino más bien inducir a éstos a trabajar cuanto sea posible.
Realmente, con respecto a esto, el mejor lema es: "Cuando se
quiere conseguir que se haga una cosa, no debe hacerla uno
mismo." Nosotros queremos campamentos limpios y saludables,
regidos en armonía con todas las reglas e instrucciones locales;
pero que sean, además, campamentos en que los scouts puedan
vivir una vida tan semejante como sea posible a la de los
verdaderos colonizadores de antaño.
Natación. El Deporte del Remo. Señales
Entre todas las clases de adiestramiento
físico, la natación se distingue por las ventajas que siguen:
- es una diversión agradable, y a los jóvenes les interesa
mucho;
- estimula el hábito de aseo personal;
- desarrolla la determinación y el ánimo;
- crea y refuerza la confianza en uno mismo;
- ejercita el tórax y los órganos respiratorios;
- fortalece la musculatura de todo el cuerpo; y
- proporciona un recurso para salvar la vida de otras personas.
El deporte del remo es otro medio
excelente para fomentar el desarrollo de la musculatura, y a los scouts
les gusta mucho. Además, como sólo se les permite
participar en él después que han dominado la natación, es un
incentivo para aprender a nadar.
El arte de las señales, en la práctica,
desarrolla la inteligencia, y al mismo tiempo es un valioso
ejercicio físico que adiestra la visión, así como vigoriza
muchos músculos del cuerpo. Pero debe practicarse al aire libre,
para que no se convierta en una forma de gimnasia monótona,
carente de utilidad y de objetivos edificantes.
LA HIGIENE PERSONAL
El Aseo
Para el mantenimiento de la salud, el
aseo es de importancia fundamental. Y, a propósito de esto, es
oportuno enumerar algunos hábitos que deben inculcarse en la
juventud, porque servirán a manera de pauta, poniendo de relieve
a menudo la gran trascendencia de la higiene general en todos sus
aspectos. Uno de ellos es el frotamiento del cuerpo con una
toalla húmeda, cuando no se puede disfrutar de un baño. Otro es
la costumbre de lavarse las manos antes de cada comida, e
inmediatamente después de cualquier acto que altere la pulcritud
personal.
Si se quieren inculcar esos hábitos y
otros parecidos en la juventud, así como para conseguir que
siempre se tenga presente la necesidad de mantener una limpieza
escrupulosa, se pueden emplear diversos recursos. El exterminio
de moscas, por ejemplo, además de ser un servicio público de
gran significación a que deben dedicarse los scouts, tiene
también la ventaja de inducir a los muchachos a precaverse
contra los microbios, tan pequeños que pueden viajar adheridos a
las patas de un insecto, pero tan peligrosos que pueden causar la
muerte de cualquier persona.
Alimentos
Entre todos los factores relativos al
desarrollo de una persona, probablemente hay muy pocos tan
importantes como la nutrición; pero muchos padres de familia
pecan de ignorancia crasa con respecto a este asunto, y lo mismo
se nota entre los muchachos. Por esto es tan conveniente que todo
Jefe de Tropa tenga ciertos conocimientos de bromatología y
nutrición. Así le será posible proteger la salud de los
muchachos que lo acompañan, y ayudarlos a fortalecer sus
energías con eficacia especialmente cuando están en un
campamento.
Los detalles de importancia en este
asunto son numerosos; pero sólo es necesario mencionar dos o
tres con el fin de recalcar su trascendencia. En cuanto a
cantidad se refiere, por ejemplo, un muchacho, entre las edades
de trece y quince años, no necesita consumir más de un ochenta
por ciento de la ración adecuada para un hombre maduro; pero
realmente puede ingerir hasta un ciento cincuenta por ciento, si
se le permite hacerlo.
Templanza
La sobriedad es una virtud de capital
importancia, tanto en la gente joven como en las personas
mayores. Mas, para un muchacho, la moderación de su apetito, en
lo relativo a cantidad y en cuanto a la índole de los alimentos,
se considera especialmente importante por la práctica de
imponerse privaciones a sí mismo. Tal vez nadie ha logrado medir
exactamente la capacidad de un muchacho para engullir comida;
pero se notará que éste adopta una sobriedad ejemplar si se le
muestra un objetivo que justifique su esfuerzo, como la destreza
para el atletismo, por ejemplo. Y en esa forma, la templanza se
convierte en un detalle de adiestramiento moral y fisico al mismo
tiempo.
Contlnencia
Entre todos los aspectos de la educación
de un niño, uno de los más importantes y el más difícil es la
higiene sexual, en que se hace preciso tomar en cuenta todos los
otros detalles en conjunto, relativos al cuerpo, la mentalidad y
el carácter de cada individuo en particular, así como muchos
relacionados con su ambiente y las costumbres predominantes en su
comarca. El Jefe de Tropa debe abordar el asunto con mucho tacto,
según sea la índole de cada caso en particular. Los educadores
todavía no han encontrado la manera más eficaz de resolver
problema tan delicado. Pero este problema es uno que no se puede
echar a un lado en lo que respecta a la niñez en general.
Aún existe una fuerte barrera de
prejuicios y gazmoñería, en la actitud de muchos padres de
familia y gran parte del pueblo en general, oponiéndose al
adelanto de modificaciones gradualmente progresivas en ese
sentido. Esto hay que reconocerlo, y tratarlo con todo el tacto
indispensable. Para los padres de familia, es un deber ocuparse
de que sus hijos reciban la instrucción apropiada; pero muchos
lo descuidan, y luego inventan excusas para justificarse,
ignorando tal vez que su negligencia es rayana en lo criminal.
Refiriéndose a esta importante
cuestión, un distinguido erudito (el Dr. Allen Warner) ha dicho
lo siguiente: "Con frecuencia se ha expresado el temor de
que tal enseñanza engendre ciertos hábitos perjudiciales; pero
no existe ninguna prueba para demostrar eso, y en cambio la
experiencia demuestra que la falta de información conduce al
naufragio físico y moral de numerosas vidas humanas."
Estas manifestaciones son irrefutables.
El autor de estas líneas puede comprobarlo con datos copiosos,
adquiridos durante muchos años de observación personal. La
inmoralidad secreta que existe ahora tiene aspectos
verdaderamente alarmantes. Y un detalle muy digno de mención es
el hecho de que, debido a que se considera como una especie de
tabú para la conversación entre adultos y personas menores de
edad, el asunto se hace provocativo y tentador, lo cual trae como
consecuencia que los jóvenes adquieran generalmente una
información errónea, transmitida de unos a otros.
Al muchacho debe hacérsele comprender
que
el aseo personal es varonil. Para
conseguirlo,
es bueno mantenerlo siempre atareado en
labores
y diversiones edificantes, lo cual se
considera como
método muy eficaz para ayudarlo a
rechazar
pensamientos obscenos y hábitos
degradantes.
En una obra titulada "Lo que un
Muchacho Debe Saber", los doctores Schofield y Jackson dicen
esto: "El desarrollo sexual evoluciona gradualmente; y es un
infortunio serio el hecho de que los vicios perjudiciales
comienzan y se practican a una edad muy temprana. Recordando el
viejo adagio de que andar prevenido es como andar armado, a los
niños debe decírseles lo que les aguarda; porque pronto
entrarán en el arriesgado período de la pubertad, y no debe
permitirse que lleguen a la puericia careciendo de los
conocimientos necesarios para enfrentarse a las nuevas
dificultades de su desarrollo."
En este asunto, el Jefe de Tropa hallará
un amplio campo de acción beneficiosa. Mas primero debe
averiguar si el padre del muchacho se opone a que su hijo
adquiera las nociones indicadas. Además, le conviene consultar a
otras personas que conozcan bien al muchacho y debe cerciorarse
de que él mismo tenga la experiencia y la instrucción
suficientes.
Una manera conveniente para emprender su
labor es referirse a esta cuestión mientras habla sobre otras,
disertando con sencillez y naturalidad, como si desempeñara el
papel de un hermano mayor. Algunos Jefes de Tropa tal vez
consideren esto muy difícil, si nunca lo han hecho; pero
hallarán que se trata de una tarea relativamente fácil que, sin
embargo, tiene una importancia inapreciable.
Hablando en términos generales, ésa es
una forma bastante adecuada para impartir dichos conocimientos a
la juventud; pero recordemos que será necesario tomar en cuenta
los diferentes rasgos distintivos de los muchachos, y que cada
caso en particular exigirá que se trate la cuestión de una
manera distinta. Lo principal, desde luego, es que el Jefe de
Tropa consiga granjearse primeramente la confianza del muchacho,
y que se establezca entre los dos una relación de fraternidad
que les facilite conversar franca y libremente
Por último, es preciso agregar una breve
advertencia para los divulgadores del Escultismo que sean
jóvenes y carezcan de experiencia. El hecho de que, por su edad,
estén más próximos al muchacho que otras personas mayores no
puede considerarse siempre como una ventaja. Esto frecuentemente
resulta desventajoso, y es a veces un verdadero peligro. Ciertas
manifestaciones publicadas por el autor de estas líneas
anteriormente se han interpretado en el sentido de que considera
como deber de todo Jefe de Tropa la tarea de instruir a cada uno
de sus Scouts en los detalles de la higiene sexual. Pero la
intención del autor jamás ha sido ésa; pues opina que tal
procedimiento a veces podría tender a desquiciar el sistema de
la familia. Su verdadera intención ha sido indicar a los Jefes
de Tropas que se fijen en este importante aspecto del desarrollo
individual, y sugerirles que traten de corseguir que los scouts
dirigidos por ellos reciban tal instrucción, de parte de la
persona mejor capacitada para darla, en el momento más oportuno
y en la forma más adecuada. Además, el autor opina que
frecuentemente se verá que quien puede hacerlo mejor no es eI
Jefe de Tropa, sino tal vez el padre de familia, el médico, el
director espiritual o alguna otra persona íntimamente
relacionada con el muchacho.
Restricciones
Hace algún tiempo, alguien publicó una
edición del libro "Escultismo para muchachos" y en
ella ordenaba rotundamente que los scouts nunca deben fumar. Esto
nos induce a sugerir que se recuerde que por lo general resulta
contraproducente ordenar así a los muchachos a que se abstengan
de hacer ciertas cosas, pues tal método casi siempre les
presenta una tentación fascinante de actuar en sentido
contrario. Lo apropiado es aconsejarlos con tacto y positivamente
contra los hábitos perjudiciales, o hablarles acerca de éstos
calificándolos como necedades o ridiculeces despreciables; y es
casi seguro que así se les pueda inducir a evitarlos,
especialmente cuando se trata de malas costumbres como el hábito
de blasfemar, el vicio de fumar y otros que los jóvenes pueden
adquirir con facilidad. Es también conveniente establecer
ciertas normas de buen tono, y crear una especie de opinión
pública entre los muchachos, en un plano que indique la línea
de conducta que deben seguir para aparecer cultos y caballerosos
ante la sociedad.
Equilibrio
Eso tal vez ha de parecerles a ciertas
personas como una manera extraña de enseñar disciplina y
vigorizar la salud. Pero la experiencia demuestra que produce
buenos resultados.
Probablemente algunos de mis lectores han
observado que a veces se incluye como parte de la gimnasia
militar, en la forma de inducir a los soldados a que anden por un
tablón puesto de canto a una altura de varios palmos sobre el
nivel del suelo. Se ha descubierto que, induciéndolos a enfocar
su atención en esa prueba de habilidad, adquieren o intensifican
la destreza de dominarse a sí mismos y regir sus nervios.
Además, el experimento se ha extendido hasta el extremo de
haberse visto que un soldado ineficaz en las pruebas de puntería
recobra el dominio sobre sí mismo y la facultad de
concentración practicando varias veces el ejercicio ese de
"andar por el tablón."
Y es un ejercicio que a los muchachos les
interesa; mas, para iniciarse en su práctica, deben utilizar un
balancín, que podrán hacer fácilmente atando varios bordones,
en forma de haz; pues al principio tal vez necesitarán un
contrapeso que los ayude a equilibrarse.
Como ya lo he indicado, tales ejercicios
fortalecen el carácter; y ésta es una de las razones por las
cuales yo deploro la tendencia moderna de anteponer la seguridad
a todo lo demás. Pues, para que la vida humana sea vigorosa, se
necesita cierta dosis de peligro y para prolongar la existencia,
es necesario ejercitar nuestro ánimo, de vez en cuando, en la
práctica de afrontarse a lo peligroso. Los scouts tienen que
prepararse para topar dificultades y peligros en la vida. Por
esto debe cuidarse de que su adiestramiento no peque de ser
demasiado benigno.
Scouts Lisiados
Actualmente numerosos muchachos baldados,
sordomudos o ciegos adquieren salud, felicidad y aspiraciones por
medio del Escultismo, de una manera en que jamás pudieron
hacerlo antes. La mayoría de ellos no pueden pasar por las
pruebas reglamentarias, y se les preparan pruebas especiales.
Por lo general, la tarea de orientar y
ayudar a estos muchachos desvalidos es una labor muy difícil,
que requiere atención y paciencia mucho más intensas que las
necesarias en el adiestramiento de muchachos normales. Pero el
resultado lo justifica. Así lo demuestra sobradamente el
testimonio de médicos, enfermeras y maestros (quienes, en su
mayoría, no son scouts) con respecto al bien que, por medio del
Escultismo, se hace a dichos muchachos, y por ende a los asilos
que los albergan.
Más, lo verdaderamente admirable acerca
de esos muchachos es la jovialidad que exteriorizan, y su anhelo
de hacer en el Escultismo tanto como es humanamente posible
dentro de las circunstancias. Demuestran aversión hacia los
privilegios que puedan darles alguna ventaja sobre los demás; y
no quieren más pruebas o tratos especiales que los que son
absolutamente indispensables. El Escultismo los ayuda, dándoles
la oportunidad de pertenecer a una fraternidad mundial;
proporcionándoles algo que hacer, o hacia lo cual pueden
aspirar; presentándoles medios para demostrarse a sí mismos y
probar a los demás que pueden hacer cosas que otras personas
consideran difíciles.
El muchacho que demuestra iniciativa, es
el que será elegido para recibir la distinción
3. ARTES MANUALES Y DESTREZA
En esta época se nota, como siempre se
ha notado, un desperdicio lamentable de recursos humanos. Esto se
debe principalmente a los errores de adiestramiento. A la mayor
parte de la juventud no se le inspira el amor al trabajo. Aun
cuando a los muchachos se les enseñan oficios o métodos
mercantiles, y se desarrollan en ellos las cualidades necesarias
para el éxito en diversas profesiones, raramente se les muestra
la forma en que pueden emplear su habilidad con el fin de
forjarse una carrera, ni se enciende en ellos la llama de las
ambiciones nobles y elevadas. Por eso, con demasiada frecuencia
encontramos clavijas cuadradas en agujeros redondos.
Nadie sabe, con exactitud, en donde se
halla el error; pero es indiscutible que tal es la situación
Consecuentemente, los muchachos que no
tienen la disposición natural de orientarse quedan abandonados
al garete, y se convierten en disipadores o en rémoras de la
sociedad. Llevan en sí mismos su propia miseria. Se convierten
en carga para el estado y muchas veces en peligros para la paz y
la tranquilidad de la nación. Además, muchos de los que, entre
ellos, han logrado triunfar en alguna forma, indudablemente
habrían tenido más éxito si hubiesen disfrutado de una
educación más práctica
Por medio del Escultismo, nosotros
podemos hacer algo para remediar esos males. Podemos dar unos
cuantos pasos en la tarea de proporcionarle aun al más pobre
mozalbete un rumbo y una oportunidad en la vida, o por lo menos
inspirarle alguna esperanza, y enseñarle algún oficio.
¿En qué forma? Naturalmente, lo primero
que se nos ocurre, con respecto a eso, es pensar en las insignias
de artes manuales. Pero debe recordarse que, aunque decimos artes
manuales, aquilatadas al reflejo de nuestras normas, son algo
más que aficiones y parte integrante del sistema que nosotros
empleamos para orientar a los muchachos por medio de un comienzo
fácil. Estas aficiones luego se convierten en algo más
aproximado a las especialidades, como adiestramiento vocacional
para scouts de primera clase. Mientras tanto, las aficiones o
pasatiempos tienen su valor propio. Son labores en que un
muchacho aprende a emplear sus manos y su cerebro, así como
empieza gradualmente a derivar placer del trabajo. Y es posible
que, en el caso de algún muchacho, sigan siendo sus aficiones
por muchos años, mientras en otro sean tal vez el paso inicial
hacia una de las artes mecánicas que se conviertan luego en su
profesión u oficio permanente. Sea como fuere, el muchacho que
las practica no estará tan expuesto como antes a convertirse
más tarde en disipador. Porque las aficiones son un antídoto
contra las artimañas de Satanás.
Pero, sin la ayuda de ciertas cualidades,
las aficiones o artes manuales carecerán de la virtud de
orientar al muchacho hacia una profesión. Por eso, el artífice
debe tener disciplina. Tiene que adaptarse a las indicaciones del
jefe o director y al ambiente de sus compañeros de trabajo.
Tiene que mantenerse formal, serio, eficiente y dispuesto.
Además, necesita energía; y ésta
depende de su caudal de ambición, destreza, ingeniosidad y
salud.
Prácticas iniciales
El primer paso para conseguir que un
scout se dedique a las obras manuales puede darse con mayor
facilidad en el campamento que en cualquier otra parte. En la
práctica de edificar chozas, derribar árboles, construir
puentes, improvisar utensilios, levantar carpas, tejer alfombras
y esteras en los telares del campamento, etc., los muchachos
adquieren las nociones elementales y se inician en las artes
mecánicas, mientras descubren que dichas tareas tienen
considerable utilidad en cuanto a las comodidades de la temporada
de campamento.
Después de haber comenzado así, les
interesará mucho continuar en la práctica de sus aficiones,
durante las noches de lluvia o de frío. Y será para ellos un
aliciente significativo al darse cuenta de que han de recibir
algún reconocimiento, cuando se les confieran insignias por su
pericia, o cuando ganen algún dinero por el trabajo bien hecho
que puedan vender. Así, paso a paso, se convierten pronto en
trabajadores enérgicos y entusiastas.
Insignias de Mérito (Especialidades)
El propósito de las insignias conferidas
como reconocimiento de habilidad estriba en la idea de despertar
interés por las aficiones o trabajos mecánicos, uno de los
cuales puede que algún día se convierta en una profesión, o
por lo menos evitará que el muchacho se sienta desorientado al
aventurarse solo por el mundo.
Las insignias son sencillamente
incentivos para los muchachos, ofrecidas con el fin de que
adopten aficiones u ocupaciones; y para conseguir que progresen
en sus labores. Ante otras personas, son una prueba de que el
muchacho ha hecho eso; y su propósito no es demostrar que quien
las ostenta es maestro en el oficio en que se ha iniciado. Si
alguna vez intentamos hacer del Escultismo un sistema formal de
instrucción seria, en eficiencia, se perdería todo el valor y
el quid del adiestramiento a que nos dedicamos; y correríamos el
riesgo de inmiscuirnos en el trabajo de las escuelas careciendo
de los expertos indispensables.
Nosotros deseamos encarrilar a TODOS
nuestros muchachos, dándoles impulso progresivo en el curso de
su desarrollo espontáneo y no mediante una instrucción objetiva
obligatoria.
Pero el fin del sistema de Especialidades
en el Escultismo es también darle al Jefe de Tropa un
instrumento con que pueda estimular e inducir a los scouts a
dedicarse a las aficiones que puedan ayudarlos en la formación
de su carácter y en el desarrollo de su destreza.
Es un instrumento que, utilizado
inteligentemente, puede inspirar ambición y esperanzas aún a
los más torpes y a los más apocados, quienes de otra forma
quedarían rezagados muy pronto, y tal vez desesperanzados e
inútiles en las luchas de la vida. Por esta razón, no se
definen las normas de habilidad. Nuestro método de conferir
insignias no se basa en el ascenso a cierto nivel de habilidad,
sino en el ESFUERZO QUE HACE CADA MUCHACHO CON EL FIN DE ADQUIRIR
CONOCIMIENTOS O DESTREZA. Esto pone a los más torpes o
desesperados y a los más inteligentes o aventajados en el mismo
nivel de posibilidades y oportunidad.
En esa forma, un Jefe de Tropa
comprensivo y concienzudo, que ha hecho un estudio psicológico
de sus muchachos, puede poner ante algunos ciertas dificultades
estimulantes, de manera que los torpes disfruten de un comienzo
equitativo al lado de los más inteligentes. Y al muchacho
apocado y tímido, cuya obsesión de inferioridad se debe a los
fracasos numerosos que ha sufrido, pueden facilitarse los
primeros triunfos con el fin de inducirlo a intensificar sus
esfuerzas. Si trata de hacer algo, no importa cual sea la
tosquedad de su trabajo, el examinador debe concederle una
insignia; y esto generalmente le dará el estímulo para
continuar ejercitándose hasta que gane más Especialidades, y
por último se hace normalmente capacitado.
El examen para conferir insignias no es
de competencia, sino sencillamente una prueba del esfuerzo
individual. Por tanto, el Jefe de Tropa y el examinador tienen
que trabajar en estrecha armonía, juzgando separadamente cada
paso por sus méritos, y aquilatándolos todos para saber cuando
deben ser generosos y cuando deben ser estrictos.
Algunos opinan que los muchachos tienen
que llenar el máximum de ciertos requisitos antes de
considerárseles merecedores a ostentar una Especialidad. Eso
está muy bien en teoría; y con ese método se consigue que unos
cuantos muchachos adquieran gran eficacia; pero nuestro
propósito es lograr que todos se interesen. El Jefe de Tropa que
al principio pone a sus muchachos ante una valla sobre la cual
pueden pasar fácilmente, los verá salvándola con entusiasmo y
confianza en sí mismos; pero si los pone ante una tapia de
piedra, demasiado alta, los verá intimidarse, y ni siquiera
intentar saltarla.
Sin embargo, nosotros no recomendamos el
otro extremo, es decir, el que consiste casi en regalar las
Especialidades a cuantos demuestran haber adquirido cualquier
conocimiento insignificante de las labores asignadas. Realmente,
se trata de un asunto en que los examinadores deben usar su
juicio y discreción, siempre teniendo en mente los propósito
fundamentales.
Indudablemente, siempre existirá el
peligro de que muchos anden a la caza de gangas, tratando de
conseguir Especialidades con facilidad y sin merecerlas. Nuestro
propósito es convertir a los muchachos en ciudadanos
concienzudos, alegres, sensatos e industriosos, y no en
individuos vanidosos y petulantes. El Jefe de Tropa debe estar
siempre alerta, para reprimir la cacería de insignias, y
averiguar cuál es el cazador de gangas y cuál es el trabajador
entusiasta y serio.
En otras palabras, el éxito del sistema
de Insignias depende mayormente del mismo Jefe de Tropa, y de la
forma en que él lo dirija.
Inteligencia
La observación y la deducción forman la
base de toda la sabiduría humana. Por esto es inapreciable la
importancia que tiene la facultad de observación y deducción
para los ciudadanos jóvenes. Los niños tienen una facultad de
observación que funciona con asombrosa rapidez; pero disminuye
con el aumento de su edad, principalmente porque las primeras
impresiones y experiencias cautivan su atención, pero ésta
decrece a medida que se repiten aquéllas.
En realidad, la observación es un
hábito hacia el cual se hace necesario adiestrar al muchacho; y
la práctica del rastreo es un medio interesante para conseguir
que lo adquiera.
Y en cuanto a la deducción, ya se sabe
que es el arte de razonar y colegir el significado de los
detalles que se han observado.
Por eso puede manifestarse que, cuando un
muchacho forma el hábito de la observación y la deducción,
indudablemente ha dado un paso importantísimo en el desarrollo
de su carácter.
Así también puede verse claramente lo
mucho que representa el rastreo como recurso para la formación
de dicho hábito. El rastreo en el campo y las conferencias
acerca de su práctica son detalles que deben estimularse, como
parte del adiestramiento en todas las tropas de scouts.
Además, la inteligencia y la
ingeniosidad de los muchachos se desarrollan y se fortalecen
considerablemente mediante prácticas, simulacros y ejercicios
tales como el de orientarse por medio de mapas; y también
observando marcas orientadoras en el campo, calculando alturas y
distancias, anotando rasgos de personas, vehículos y reses; o
representando los cuentos de Sherlock Holmes dramatizados en
forma conveniente. Asimismo, el arte de las señales les aguza el
ingenio, desarrolla su visión, y los induce a estudiar y a
concentrar la mente. La enseñanza de los primeros auxilios
también tiene cierto valor educativo.
Durante las noches de invierno y en días
lluviosos, el Jefe de Tropa podrá emplear el tiempo
ventajosamente leyendo a los muchachos las principales noticias
de actualidad publicadas en los periódicos, y ayudándolos a
interpretarlas por medio de mapas, etc. Otro recurso excelente
para inducir a los muchachos a estudiar, y a expresarse sin
timidez ni apocamiento, es la preparación de representaciones
teatrales con episodios históricos de la comarca en que viven.
Autoexpresión
Nuestra especialidad de Artista se usa
con el fin de inducir a los muchachos a expresar sus ideas
gráficamente guiados por sus propias facultades de observación
e imaginación, sin que traten de hacerse artistas y sin imitar a
éstos. Estimulando al mozalbete a que dibuje, aunque sea de una
manera tosca y rudimentaria, se le puede inducir a reconocer lo
artístico en el color o en las líneas, y a darse cuenta de que
hasta en un ambiente sórdido puede que haya luz y sombra,
colorido y belleza.
Las canciones a coro y la representación
teatral
son medios excelentes para perfeccionar
el arte
de expresarse. Además, tienen la ventaja
de ser
trabajo de cooperación, en que cada
participante
aprende su papel, y trata de
desempeñarlo bien, no
por el aplauso para sí mismo, sino por
el éxito de todo el grupo.
Otra fase algo más avanzada en su
educación puede iniciarse instándolo a practicar la fotografía
mental, es decir, a observer los rasgos de un paisaje, incidente
o persona, fijándolos en su mente, y luego a reproducirlo en
papel.
Esto enseña a ejercitar la facultad de
observación en grado máximo. Personalmente he descubierto que,
mediante una práctica persistente, uno puede desarrollar cierta
habilidad especial en ese sentido de una manera admirable, que
también puede ser muy útil en diversas ocasiones.
Luego tenemos el ritmo: una forma de arte
que se manifiesta con espontaneidad hasta en la mente menos
adiestrada, exteriorizándose en poesía, música o ejercicios
físicos. Proporciona cierto equilibrio y cierto orden que
despiertan interés hasta en los salvajes, y aún podríamos
decir especialmente en esos seres humanos que se hallan más en
contacto con la naturaleza que los pueblos civilizados. En la
forma de música, el ritmo, desde luego, es mucho más obvio y
universal que en otras formas. El canto de guerra de los zulúes,
por ejemplo, cuando lo cantan cuatro o cinco mil guerreros a
coro, es un modelo excepcional de ritmo, en una combinación de
música, poesía y movimientos corporales.
Y el placer de tocar algún instrumento
musical es común a toda la humanidad. El canto, como engarce de
vocablos, proporciona al alma humano un recurso para expresarse
que, utilizado adecuadamente,
brinda placer tanto aI cantante como al
oyente.
El muchacho le tiene un amor natural a la
música, y por ese amor se le puede orientar hacia la poesía y
los sentimientos más elevados como por una transición de
ascenso fácil y naturalmente progresivo.
Eso le proporciona al Jefe de Tropa un
medio que puede utilizar inmediatamente para enseñar a los
muchachos a proporcionarse regocijo, y al mismo tiempo dar mayor
elevación a sus pensamientos.
Las representaciones teatrales también
deben formar parte de la educación de todo muchacho en el arte
de comunicar la expresión de su propia personalidad.
Además, esa práctica nos dio la
oportunidad de conocer la belleza literaria de las obras
dramáticas famosas, asi como experimentar emociones de alegría
o tristeza, de amor o conmiseración, mientras interpretábamos
los distintos papeles.
Pero, sobre todo, nos proporcionó el
placer y la felicidad de divertir a otras personas en momentos en
que necesitaban solaz o entretenimiento.
Muchas tropas de scouts se dedican a
labores teatrales durante los meses de invierno; y en esa forma,
no sólo acrecentan sus recursos pecuniarios, sino que adquieren
educación valiosa para sí, mientras divierten a otras personas.
De Afición a Profesión
Las aficiones, artes manuales,
inteligencia y salud son pasos preliminares para desarrollar el
amor al trabajo y habilidad para soportar las luchas de la vida,
lo cual es algo esencial en la consecución del éxito. Y la
segunda fase consiste en preparar al joven trabajador para la
clase de trabajo que mejor se amolde a sus cualidades.
Los mejores trabajadores y las personas
que mejor disfrutan de la vida son los que consideran a su
trabajo como si fuese una especie de deporte o juego; y mientras
más entusiastamente juegan, más gozan en sus labores. No sin
fundamento, el famoso historiador H. G. Wells ha manifestado lo
siguiente: "Yo he notado que los llamados hombres
preeminentes en realidad son personas que tienen corazón de
niño; es decir, que son niños en la seriedad de la forma en que
gozan trabajando. Trabajan porque les gusta trabajar y así su
trabajo es realmente un juego, un placer para ellos. El niño no
es únicamente el padre del hombre, sino que es el hombre y no
desaparece nunca."
Otro hombre ilustre (Ralph Parlette)
también tiene razón cuando dice así: "Jugar es
experimentar amor en hacer algo; y trabajar es sentirse obligado
a hacer algo."
En el Escultismo, tratamos de ayudar a
los muchachos a que adquieran esa actitud, entusiasmándolos en
las cosas que les interesan individualmente, y que luego serán
útiles para ellos más tarde.
Lo hacemos en primer lugar y sobre todo,
mediante las diversiones del Escultismo y su jovialidad.
Entonces, por etapas progresivas, los muchachos pueden, natural e
inconscientemente, orientarse hacia el desarrollo de sí mismos
para lo futuro.
LA PARTICIPACIÓN DEL JEFE DE TROPA
Eso basta por ahora en cuanto a la forma
en que un muchacho puede prepararse prácticamente, por medio del
Escultismo, para iniciarse en alguna profesión. Pero eso sólo
lo prepara. Aún está en manos del Jefe de Tropa el poder de
darle más ayuda, a fin de que esa profesión o carrera sea
provechosa y le traiga éxito:
Primero, mostrando al muchacho los medios
para perfeccionar la instrucción superficial que ha recibido,
medios por los cuales puede probablemente convertir sus aficiones
en artes mecánicas, por ejemplo. El Jefe de Tropa puede
indicarle dónde podrá obtener educación técnica superior,
cómo conseguir becas o aprendizajes, instruirse a sí mismo para
ciertas profesiones, invertir sus ahorros, solicitar empleos,
etc.;
Segundo, conociendo él mismo las
distintas clases de agencias de empleo y la forma de utilizarlas,
así como las condiciones de servicio en diversas profesiones, el
Jefe de Tropa puede dar al muchacho una asistencia inapreciable,
aconsejándolo (puesto que ya conoce sus cualidades) en cuanto al
curso de la vida para el cual está mejor preparado.
Todo esto significa que el Jefe de Tropa
debe hacer investigaciones, e informarse bien sobre tales
detalles y otros parecidos. En otras palabras, trabajando un
poco, le será posible ayudar a muchos de sus scouts a proseguir
una vida útil, sana y fructuosa.
Es algo muy alentador para cualquier
mozalbete, aunque sólo sea un humilde mensajero, el saber que se
halla con seguridad en la senda de las promociones, cuando hace
su trabajo tan bien que su jefe no puede hallar otro empleado
mejor. Pero tendrá que aferrarse a su buena conducta, sin
permitir que los contratiempos o desalientos lo desvíen del
rumbo correcto; puesto que, si se desorienta y su ánimo decae,
jamás tendrá éxito. La paciencia y la perseverancia siempre triuntan,
cuando se va por el camino de la virtud.
Los Empleos
El Jefe de Tropa, observando y estudiando
el carácter individual y las habilidades de cada muchacho,
puede, hasta cierto punto, deducir, poco más o menos, el curso
de la vida para el cual está más preparado. Pero debe darse
cuenta de que la cuestion de los empleos es un asunto que los
muchachos mismos y sus padres tienen que resolver.
Es por tanto un asunto de consulta con
los padres, y uno sobre el cual debe avisar a éstos contra el
peligro de inducir a su hijo a tomar un empleo que no armoniza
con sus características, por el solo hecho de que aporte dinero
inmediatamente. Es provechoso que trate de conseguir que el
muchacho y sus padres vislumbren las posibilidades ulleriores que
se presentarían si se dan los primeros pasos en la dirección
más adecuada, según sean las circunstancias.
Y en ese punto es importante distinguir
entre los empleos que brindan oportunidades de desarrollo
progresivo al muchacho, y los que no conducen a nada, o sea, la
clase de empleos que no ofrecen perspectivas de adelanto. Estos
últimos con frecuencia producen mucho dinero por algún tiempo,
y aumentan los ingresos pecuniarios semanales de la familia. Por
esto algunos los eligen para sus hijos, sin importarles el hecho
de que no les ofrecen ventajas para que se hagan de una buena
profesión o de un buen oficio más tarde, cuando sean hombres.
Y las colocaciones que presentan
oportunidades de un desarrollo halagador para lo futuro también
deben seleccionarse cuidadosamente, tomando en cuenta la
capacidad del muchacho. Un empleo que requiere destreza especial
puede considerarse como esencialmente preferible a uno que no la
requiera, en cuanto al futuro éxito del muchacho en la vida.
Pero se debe tener cuidado de que la consideración de este
aspecto no se retarde hasta que haya pasado el tiempo para que el
muchacho se amolde a las normas y exigencias de la carrera que
desea emprender.
El verdadero scout es activo en la
realización de buenas acciones
4. SERVICIO AL PRÓJIMO
Las cualidades de que hemos tratado son
prendas personales destinadas a hacer del muchacho un ciudadano
trabajador, viril y sano; pero, hasta cierto punto, tienen
carácter que pudiéramos llamar egoísta, puesto que solo
atañen a su persona. Pasemos ahora al cuarto ramo del
adiestramiento, mediante el cual, obteniendo una visión más
amplia de las cosas, el muchacho da una parte de sí mismo en
beneficio de los demás.
Egoísmo
Si alguien me preguntase cuál es el
vicio predominante en el mundo, yo diría: "El
egoísmo". Quizás de pronto ustedes no estén de acuerdo
conmigo en esto, pero si piensan detenidamente, creo que
compartirían mi opinión. Las estadisticas judiciales demuestran
que la mayoría de los crímenes se cometen por exceso de egoismo,
en la forma de codicia, venganza, deseo de vencer, etc. Además
casi todos los hombres darían gustosamente un óbolo para
alimentar al desválido, y se sentirian satisfechos de haber
cumplido con su deber; pero muy pocos tal vez lo harían si para
ello tuviesen que privarse de parte de sus propios alimentos,
vinos o postres.
El egoísmo se manifiesta en muchas
formas. Tomemos, por ejemplo, la política de partidos. Un
asunto, que naturalmente tiene varios aspectos, es analizado por
ciertos hombres como si en realidad sólo tuviese uno nada más,
o sea el que les conviene a ellos. Esta obcecación engendra en
ellos el odio contra los que no son de su parecer y la pugna
puede lanzarlos a perpetrar abominables crímenes que a veces
encubren bajo los nombres más altisonantes. Así también, las
guerras entre naciones estallan cuando ninguno de los adversarios
desea ver el punto de vista del otro, obsesionado generalmente
por sus propios intereses.
Las huelgas y los paros, con frecuencia,
son ejemplos de un exagerado egoísmo. En muchos casos, los
empresarios no han querido reconocer que un hombre que ejecuta
faenas pesadas merece, en honor a la justicia, participar de las
comodidades y goces del mundo, como fruto de sus esfuerzos, y no
vivir condenado a perpetua servidumbre, en beneficio de los
accionistas del negocio. Por otra parte, el obrero debe
comprender que, sin capital, no habría trabajo en gran escala, y
que los accionistas de una empresa deben percibir alguna ganancia
en pago al riesgo de su inversión.
En los periódicos podemos ver ejemplos
de egoísmo cuando leemos cartas de hombres de pocas luces que,
por cualquier pequeña contrariedad, recurren a la prensa con el
fin de ventilar sus asuntos.
Más aún, podrá verse que así ocurre
en todas las escalas sociales, y hasta en los juegos de los
niños. A veces, cuando uno de éstos se siente disconforme por
no haber obtenido suficientes triunfos, abandona bruscamente el
juego diciendo: "¡No juego más!" No le importa un
bledo echar a perder la diversión de sus compañeros; lo único
que desea es satisfacer su despecho.
Medios para Extirpar el Egoísmo
El Escultismo tiende, en forma práctica,
a libertar al niño de sus hábitos egoístas. Cuando éste se
satura de espíritu caritativo, se encuentra en muy buen camino
para dominar o extirpar esas tendencias nocivas.
La primera frase de la promesa que hace
un muchacho al ingresar en el Escultismo es: "Cumplir mis
obligaciones para con Dios". Nótese que no dice:
"Seré leal a Dios". Esto significaría un estado de la
mente y no el gesto espontáneo para la acción que es el
espíritu activo de la promesa.
El objetivo principal del Escultismo es
proporcionar alguna forma práctica de instrucción, en lugar de
seguir el método de imbuir preceptos prohibitivos, ya que el
muchacho es más dúctil a la acción que al acatamiento de
mandatos teóricos. De ahí que se trate de incluir en sus
actividades la costumbre de efectuar buenas acciones en la vida
cotidiana, como base de futura buena intención y cortesía para
con los demás. El fondo religioso que hay en esto es común a
todas las creencias, y por ello el Escultismo no está en pugna
con ningún culto.
Así el muchacho puede comprender mejor
que parte de sus "deberes para con Dios" es
desarrollar, como don sagrado, esos sentimientos que Dios le ha
infundido, para que le sean de provecho en el curso de la vida.
Asimismo debe cuidar su cuerpo, energías y vigor reproductivo
para emplearlos en el servicio de Dios; atender la mente, cuyos
maravillosos atributos (razón, memoria y apreciación) lo eleven
sobre el nivel de los irracionales; exaltar el alma animada por
el soplo divino del amor que puede desarrollar mediante la
expresión y práctica continuos. Así es como se enseña al
muchacho que el cumplimiento de los deberes para con Dios
significa, no simplemente acogerse a su infinita bondad, sino
cumplir con el elevado principio de "Amaos los unos a los
otros".
Lo curioso del caso es que esta
obligación de servir a los demás con buenas acciones es lo que
atrae más de lleno y más rápidamente el celo del scout. Aunque
parezca trivial, el hecho de sacrificar pequeñas conveniencias y
placeres personales, en favor de los demás, realmente forma la
base sobre la cual descansa el espíritu de renunciamiento en
provecho ajeno.
Las acciones laudables de menor
importancia incluídas en el credo del scout son en sí el primer
paso para desarrollar los buenos sentimientos hacia el prójimo.
El estudio de la naturaleza y los animales fortifica la nobleza
de sentimientos en el muchacho, y lo induce a vencer esa
inclinación hacia la crueldad que muchas personas consideran
inherente a la niñez, pero que yo, de mi parte, no creo tan
común como se supone.
El Escultismo es una fraternidad en
la cual no existen distingos de
categoría
social, religión, nacionalidad, ni
razas.
De esas pequeñas buenas acciones pasa el
muchacho a la práctica del auxilio que debe prestar a lesionados
o heridos, y de allí, en gradación natural, al salvamento de
vidas, en casos de urgencia, desarrollando con ello el sentido
del deber para con los demás y la espontaneidad de sacrificio en
cualquier momento de peligro. Todo esto le imbuye nuevamente la
idea de abnegación por su hogar, el prójimo y la patria,
estimulándolo a exaltar su patriotismo y su lealtad, en un
sentido mucho más elevado que el simple ademán mecánico de
agitar una bandera.
Servicio a la Colectividad
La enseñanza de servir a los demás no
se circunscribe a la teoria; sino que abarca el desarrollo de dos
aspectos distintos: la inculcación del espíritu de benevolencia
y la disposición de oportunidades para ejercitarlo
prácticamente.
Esta enseñanza se realiza principalmente
por medio del ejemplo y el Jefe de Tropa es el primero en darlo
con su patriótica dedicación al servicio de la juventud, sin
más mira que la satisfacción que de ello deriva, y sin esperar
ninguna recompensa material.
El Jefe de Tropa da a sus muchachos la
oportunidad de la práctica, sugiriéndoles la realización de
servicios especiales.
Y los servicios al público ofrecen el
mejor campo de adiestramiento práctico del deber para con la
colectividad, ejercitando el patriotismo y el sacrificio
desinteresado mediante la expresión.
La labor de los scouts en tiempos de paz
y de guerra, al hacerse cargo voluntariamente de pesadas
obligaciones, para servir a su patria, es en sí una prueba de su
anhelo de emprender una buena obra y de la disposición de
hacerse eficientes cuando los inspira una buena causa. Este
terreno ofrece un medio poderoso para desarrollar en forma
práctica al ciudadano ideal.
Como ejemplo de servicios al público
puede mencionarse el que prestan los scouts a las poblaciones en
casos de incendios y otras calamidades. Tales servicios son
especialmente adecuados para scouts de mucha experiencia en otras
labores; y el hecho de encargárseles que los presten tiene un
fuerte aliciente para ellos.
Además, aunque la Tropa se organice y
equipe originalmente con el propósito de apagar incendios, a
medida que adquiere mayor habilidad, puede también encargarse de
prestar socorro en toda clase de accidentes que ocurran en el
vecindario, tales como los de tránsito, asfixia, explosiones,
crecientes o inundaciones, descarrilamientos, etc.
Esto requiere, además de los ejercicios
rutinarios, algunas nociones de salvamento y primeros auxilios en
casos de incendio, así como el conocimiento y la práctica de
localizar, rescatar y prestar asistencia adecuada en cada caso;
por ejemplo: familiaridad con substancias químicas, el empleo de
botes, la forma de salvar de las aguas a una persona, la manera
de aplicar los ejercicios para la respiración artificial, los
medios de sosegar animales asustados, el manejo de alambres
electrificados, líquidos hirvientes, etc.
En algunos casos es conveniente que cada
patrulla se especialice en los recursos requeridos para un
determinado accidente, pero en general, si las patrullas
practican para todos gradualmente, se puede conseguir una
eficiencia completa de la tropa en conjunto.
No obstante, en la organización de la
Tropa para prestar ayuda en acontecimientos fortuitos, deberían
asignarse cometidos especiales a cada patrulla, dividiendo a los
muchachos, por ejemplo, en patrullas de salvamento, primeros
auxilios, mensajeros, etc.
Y se notará que la variedad de la labor
que ha de ejecutarse prestó campo a una serie de actividades que
despiertan mucho interés en los muchachos.
La práctica de movilizaciones de
socorro, en accidentes, ficticios, es esencial para lograr
eficiencia y destreza.
Luego, si la eficacia se pone de
manifiesto públicamente, atraerá sin duda la atención del
pueblo en general, incitando a éste a brindar cooperación El
quid estribará en que tal servicio sea reconocido como educativo
para los muchachos y de gran utilidad práctica para todo el
mundo.
Efecto Posterior
El dominio de sí mismo y el desarrollo
de amor y servicio al prójimo encierran el sentido de la
misericordia divina, y realizan un cambio total en el corazón
del individuo, haciéndole ver un reflejo de verdadero paraíso y
la gran satisfacción que experimenta sintiéndose perteneciente
al grupo de los bienhechores.
La pregunta que se hará entonces el
muchacho no será: "¿Qué saco de ello?" sino ésta:
"¿Qué puedo dar de mí mismo en la vida?"
No importa cual sea la forma de religión
que adopte más tarde, el muchacho habrá aprendido por sí mismo
sus fundamentos, y conociéndolos mediante la práctica, se
convierte en un ciudadano con amplia visión de bondad y
simpatía para con sus semejantes.
Con entereza de carácter y buen humor,
el muchacho
vencerá todos los males y tentaciones
que se le presenten
en su marcha por el camino de la virtud.
RESUMIENDO
El OBJETO fundamental del Escultismo es
tomar el carácter del joven cuando está pletórico de
entusiasmo, para moldearlo en su apropiada forma, y estimular al
muchacho a desarrollar su individualidad, con el fin de que pueda
educarse a sí mismo y convertirse en hombre probo y ciudadano
útil para su país. Así esperamos desempeñar un papel
constructivo en el fortalecimiento moral y material de la
nación.
Pero, al fomentar aspiraciones
nacionales, correremos el riesgo de convertirnos en sujetos
intransigentes y tal vez envidiosos del adelanto conseguido por
otros países. Si no evitamos estos malos sentimientos,
llegaríamos a resultados contraproducentes, trayendo la maldad
cuando lo que perseguíamos con tanto anhelo era escapar de ella.
Afortunadamente para nosotros, el
Movimiento del Escultismo cuenta ya con organismos hermanos en
casi todos los países civilizados del mundo; y hemos formado el
núcleo fuerte y tangible de una Hermandad Mundial. Además, la
potencialidad que lo vigoriza se complementa por el desarrollo de
otro movimiento afín de cooperación: el de las muchachas
Guías.
También tenemos que el propósito
perseguido por la educación del Escultismo es idéntico en todas
las naciones: eficacia en el servicio al prójimo. Y con tal meta
en común, podemos, como Fraternidad Internacional de Servicio,
ir muy lejos en la noble tarea que nos hemos impuesto.
Por medio del adiestramiento que damos al
muchacho, desarrollamos al individuo, tanto en espíritu como en
eficiencia, para que sea útil a la población de su país.
Basándonos en este principio, y siguiendo la escala ascendente,
tratamos de desarrollar en una nación el verdadero espíritu
constructivo, para que su pueblo se impulse a trabajarr con
efectividad en el concierto de todos los países.
Si cada uno de ellos desempeña a
conciencia el papel que le corresponde, habrá mayor prosperidad
y dicha en todo el mundo, consiguiéndose por fin establecer lo
que tanto hemos anhelado:
PAZ EN LA TIERRA PARA LOS HOMBRES DE
BUENA VOLUNTAD