Mis Aventuras como Espía
Por Lord
Baden-Powell de Gilwell

INTRODUCCION
DEL TRADUCTOR
El
presente libro de B.P. entra en sus libros anecdóticos, ya que
en la mayor parte de él nuestro fundador relata varias
anécdotas con su muy peculiar estilo.
Al iniciar esta lectura te darás cuenta que
B.P. utiliza un lenguaje que tal vez te parecerá
ultranacionalista y hasta en algunos momentos con cierta carga de
discriminación.
Pero es muy importante que tengas en cuenta
que cuando B.P. escribió este libro fue en 1915, o sea, cuando
ya se había iniciado la Primera Guerra Mundial. Y él, como buen
militar y patriota, tenía que defender y apoyar por todos los
medios posibles a su alcance, a su país.
Porque para 1910 B.P. había dejado
definitivamente el ejercito, y fue en 1914 cuando inicio la
Primera Guerra Mundial, es decir, a los siete años de la
fundación de los Scouts lo cual representó una gran prueba para
el Movimiento que se encontraba en ciernes.
Seguramente descubrirás el valor actual de
este libro al ver cuantos consejos prácticos te da nuestro
fundador para formar el carácter, y consejos para poder
ocultarte, tanto en el campo como en la ciudad.
Algunas de las historias aquí relatadas fueron
tratadas en algún otro libro, solo que aquí se les da cohesión
y forma para dar una muy buena ejemplificación.
Es para mi un gran orgullo el que puedan
disfrutar de un escrito en castellano de nuestro fundador para
que, así, no solo amplíen su bibliografía sino que descubramos
otra faceta de B.P. la cual es poco conocida.
Para finalizar me gustaría decir que el
fundador trata de despertar nuestros sentimientos patrióticos
por la vía practica. Para B.P. el espionaje debe ser como un
deporte de caballeros, tal y como él lo practicó. Cumpliendo
con nuestra buena acción diaria, como lo leerás en una de las
historias aquí relatadas, para llegar a una compresión y
camaradería mundial.
Siempre Listo
Para Servir
Jordi Jiménez
MIS
AVENTURAS COMO ESPIA
Ha
sido difícil escribir en tiempos de paz sobre el delicado tema
de los espías y el espionaje, pero ahora que la guerra esta en
progreso y los métodos de esos nobles señores tan corruptos han
sido descubiertos, no hay ningún daño en aventurarnos dentro de
esta cuestión y relatar algunas de mis experiencias personales.
Los espías son como fantasmas -la gente parece
tener un sentimiento general que deben ser como tales cosas, pero
al mismo tiempo creen en ellos- porque a ellos nunca se les ve, y
raramente conoce de alguien que haya tenido una experiencia de
primera mano con ellos. Pero en cuanto a los espías yo puedo
hablar con un conocimiento personal de decir que ellos existen y
en un numero muy alto no solo en Inglaterra, sino en toda Europa.
Como en el caso de los fantasmas, cualquier
fenómeno que la gente no entiende, desde un ruido repentino en
un día tranquilo hasta un crujido a media noche de un aparador,
tiene un efecto de alarmante sobre las mentes nerviosas. Así, un
espía es conocido con excesiva alarma y expectación porque el
es considerado, de algún modo, un diablo.
Como primer paso es bueno limpiar la mente de
la idea que todo espía es necesariamente un tipo vil y
despreciable. Él es muy a menudo listo y valiente.
El termino "espía'' es usado con
desprecio y se ha convertido por el uso en un despectivo. Como
una mala aplicación del termino "espía" esta el caso
del Mayor André que siempre me ha parecido ser muy severo. Él
era suizo de nacimiento y durante la guerra americana de
independencia en 1780 se unió al ejercito ingles en Canadá,
donde el al final se volvió A.D.C. del General Sir H. Clinton.
El comandante americano de un fuerte cercano a West Point, en el
río Hudson, había insinuado que el deseaba rendirse. y Sir H.
Clinton envío a André a tratar con el. Para poder atravesar las
líneas americanas André se vistió en ropas de paisano y se
puso el nombre de John Anderson. Desgraciadamente fue capturado
por los americanos y lo juzgaron en una corte marcial y lo
colgaron como a un espía.
Como el no intentaba obtener información,
parece escasamente correcto llamarlo espía. Mucha gente fue de
este mismo parecer y Jorge III le otorgo a su madre una pensión,
como también un titulo a su hermano, y su cuerpo fue al final
exhumado y reenterrado en la Abadía de Westminster.
Capítulo
I
LOS
DIFERENTES RANGOS DE LOS ESPÍAS
Cambiemos
por el momento el termino "espía" por
"investigador" o "agente militar". Para los
propósitos bélicos estos agentes pueden dividirse en:
1.
Agente estratégico y diplomático, quien
estudia las condiciones políticas y militares en
tiempos de paz de todas las otras naciones que
podrían estar eventualmente en oposición a
ellos en una guerra. Esto crea conflictos
políticos y organiza las declaraciones de
guerra, como por ejemplo, esparciendo sedición
entre los egipcios, o en la India entre sus
habitantes, o en Sudáfrica entre la población
Boer, traer una declaración de guerra, si es
posible, para así crear confusión e incitar a
las tropas en tiempo de guerra. 2.
Agentes tácticos, militares o navales, son
quienes observan hasta los menores detalles del
armamento y del terreno en tiempo de paz. Esto
crea las preparaciones tácticas en el mismo
lugar. así como material para puentes extra,
emplazamientos de armas. interrupciones de las
comunicaciones, etc.
3.
Agentes de campo. Son aquellos que actúan
como exploradores al disfrazarse para
inspeccionar las posiciones y reportar los
movimientos del enemigo en el campo de guerra.
Entre estos hay agentes residenciales y agentes
oficiales.
Todos
estos deberes son nuevamente subdivididos entre los agentes de
cada rango desde embajadores y sus agregados en orden
descendente. Oficiales navales y militares son enviados para
llevar a cabo investigaciones especiales por todos los países, y
detectives pagados son colocados en probables centros para reunir
información.
También hay
espías que son traidores. Para ellos admito no tener ni una
buena palabra. Son hombres que venden secretos de sus países por
dinero. Afortunadamente, en Inglaterra, nosotros no estamos en
problemas por su causa; pero hemos tenido un ejemplo notorio en
Sudáfrica.
AGENTES ESTRATÉGICOS
La
traición en la guerra -que es, la investigación política y
militar- de los alemanes en la presente campaña no ha sido un
éxito como se esperaba desde el escenario tan maravillosamente
organizado como lo ha sido. Con las vastas sumas invertidas en
él, el personal general alemán pudo razonablemente haber
obtenido hombres en una posición mas alta en la vida, quienes
pudieron haber calibrado la atmósfera política mejor de lo que
fue hecho por sus agentes inmediatamente después de la presente
crisis. Como sea, sus planes para iniciar luchas en un tiempo
critico no se enfrentaron a ninguna respuesta. Ellos tuvieron
grandes ideas al encender la disputa y el descontento en Egipto y
en la India, pero calcularon sin conocer lo suficiente a las
razas orientales o sus sentimientos hacia la Gran Bretaña y
Alemania, más especialmente a Alemania.
Ellos se fijaron en el problema Irlandés como
si fuera una guerra civil segura en Bretaña, una que no tendría
que necesitar el empleo de una gran proporción de nuestra fuerza
expedicionaria interna en nuestras propias islas.
Ellos nunca previeron que el Boer y el
Británico trabajarían amigablemente en Sudáfrica; supusieron
que el ejercito de ocupación no podría ser removido de ahí, y
no previeron que Sudáfrica enviaría un contingente contra sus
colonias en el Africa del Sur mientras los regulares fortalecían
nuestro ejercito en casa.
Ellos imaginaron que los dominios de ultramar
eran muy débiles en hombres, barcos y entrenamiento para ser de
algún uso; nunca previeron que la hombría de Gran Bretaña
saldría en grandes números para tomar las armas para lo cual su
carácter nacional ha dado ampliamente a ellos las calificaciones
necesarias. Todo esto pudo haber sido descubierto si los alemanes
hubieran empleado hombres de una posición social y educación
más alta.
AGENTES
TACTICOS
En
adición, para descubrir detalles militares acerca de un país,
tales como la preparación de hombres, abastecimientos, eficacia,
y mucho más, estos agentes han de estudiar las características
tácticas de los montes y llanos, caminos y vías férreas, ríos
y bosques, e incluso los probables campos de batalla, sus
posiciones de artillería, y mucho mas.
Los alemanes en la presente guerra han estado
usando los más grandes proyectiles que, debido a sus negras y
densas explosiones, han sido apodados "black marías" o
"Jack Johnsons". Estas armas requieren de fuertes
cimentaciones para erigirse antes de que puedan ser disparadas.
Pero los alemanes previeron esto mucho antes de la guerra, y
tendieron sus planes por consiguiente.
Examinaron todos los países sobre los cuales
pudieran combatir, tanto en Bélgica como en Francia, y por
doquiera que viesen una buena posición para las armas ellos
construían los cimientos y emplazamientos para estas. Esto fue
hecho en tiempos de paz; fue por eso que tuvo que ser realizado
en secreto. Para alejar toda sospecha, un alemán compraría o
rentaría una granja en la cual se descara construir un
emplazamiento. Entonces el colocaría los cimientos para un nuevo
granero o una nueva dependencia de la granja, o -si estuviera
cerca de la ciudad- para una fabrica y cuando estuviesen
completos el erigiría algo ligeramente construido sobre todo
esto.
No había nada que llamara la atención a
sospechas acerca de esto, muchos de estos emplazamientos fueron
hechos antes del inicio de la guerra. Cuando la guerra estallo y
las tropas llegaron al terreno, las edificaciones fueron
precipitadamente derrumbadas y ahí estaban los emplazamientos
listos para las armas. Hace algunos años un reporte llego a la
oficina de guerra: una potencia extranjera estaba haciendo
emplazamientos en una posición de la cual no se había
sospechado antes fuera de algún valor militar, ellos
evidentemente lo iban a usar con propósitos estratégicos.
Se me envío para
ver si el reporte era cierto. Por supuesto, no iría como un
oficial -se despertarían sospechas, no se me permitiría ver
nada v probablemente seria arrestado como espía. Fui entonces a
quedarme con un granjero amigable en el vecindario; salía a
disparar a diario entre las perdices y tirar desde algún
escondite por ahí. Lo primero que hice fue observar la campiña
en general, y tratar de pensar que puntos serian de mas valor
como posiciones para la artillería.
Entonces salí a buscar a las perdices (y otras
cosas) en los montes que había observado, muy pronto
encontraría lo que quería.
Ahí había oficiales, tomando ángulos y
medidas, acompañados por trabajadores que colocaban estacas en
el suelo y marcaban líneas con cinta entre ellas. Como pase con
mi arma en la mano bolsa al hombro y un perro al lado, ellos no
prestaron ninguna atención y desde las colinas vecinas pude
observar sus procedimientos. Cuando ellos se alejaban para comer
o retornaban a sus cuarteles, salía a disparar sobre el terreno
que habían dejado, y si no obtenía una gran bolsa de caza, de
todos modos me hacia de una buena colección de dibujos y medidas
de los planos de los fuertes y emplazamientos que habían trazado
en el terreno. Así que a pocos días de su inicio de quehaceres
nosotros ya teníamos sus planes en nuestra posesión. Aunque
ellos después plantaron arboles sobre todos los sitios para
encubrir los fuertes, y construir edificios en otros lugares para
así ocultarlos, nosotros sabíamos perfectamente donde se
encontraban los emplazamientos, cuales eran sus formas y tamaños
Esta siembra de arboles para esconder tales
trabajos de defensa, ocasionalmente tienen el efecto contrario:
le muestran a uno en donde están. Este fue un caso notable en
Tsingtau, capturado por las fuerzas japonesas y Británicas a los
Alemanes. Como no había ningún bosque natural, tuve poca
dificultad en saber donde se encontraban los fuertes por las
plantaciones de reciente crecimiento en el vecindario de este
lugar.
AGENTES
RESIDENCIALES
Estos
hombres instalan sus cuarteles casi permanentemente en el país
de sus operaciones. Unos pocos hombres están en altos puestos en
el mundo social y comercial, son generalmente nuevos ricos
ansiosos por condecoraciones y recompensas. Pero la mayoría de
los espías residenciales son de una clase más insignificante
teniendo una paga regular por su trabajo
Su deber es actuar como agentes para recibir y
distribuir instrucciones en forma secreta a otros espías
itinerantes y enviar sus reportes a los cuarteles generales. Por
esta razón ellos tienen un sobrenombre, son los "apartados
postales" para la inteligencia alemana.
Ellos también recogen información de
cualquier fuente disponible y la transmiten a casa. Un tal
Steinbauer fue hace algunos años uno de los principales "apartados
postales" en Inglaterra. Él fue atacado por el personal
del Káiser durante su última visita este país, cuando vino
como invitado del Rey a la apertura de Memorial a la Reina
Victoria. Un caso de espionaje que fue juzgado en Londres reveló
sus métodos uno de sus agentes ha sido arrestado después de
haber sido observado por 3 años. El juicio de Karl Ernst's
confirmó los descubrimientos y mostró las operaciones de
hombres como Schroeder, Gressa, Klare y otros.
También el caso del Dr. Karl Graves estará en
la memoria de muchos. Este alemán fue arrestado en Escocia por
espionaje condenado a 18 meses de prisión; poco después fue
liberado sin haber sido dada una razón oficial. Él ha escrito
desde entonces una relación de lo que hizo, y es de interés el
notar como pasaba correspondencia desde y hacia los cuarteles
generales de la inteligencia alemana en sobres adornados con el
nombre de Messrs. Burroughs & Wellcome, los famosos
químicos. Él se hacia pasar por un doctor, enviaba sus cartas a
través de un posadero en Brúcelas o un modisto en París,
mientras que las cartas para el venían a través de una oscura
tabaquería en Londres. Una de estas cartas se desvío porque
tenia la inicial equivocada de su nombre. Fue regresada por la
oficina de correos a Burroughs & Wellcome, y cuando la
abrieron encontraron dentro una carta alemana envuelta en
billetes como forma de pago por los servicios prestados. Esto
levanto sospechas en su contra. Fue vigilado y finalmente
arrestado. Él cuenta que cierto día un sentimiento lo había
seguido desde el amanecer: se dio cuenta que en su habitación la
ropa que había doblado sobre una silla habla sido ligeramente
vuelta a doblar de una manera diferente mientras el había estado
fuera. Con algo de sospecha, le pregunto a su casera si alguien
había entrado a su cuarto y ella, en evidente confusión negó
que algún extraño hubiera podido estar ahí.
Entonces el le
sugirió que tal vez su sastre pudo haber llamado, entonces ella
estuvo de acuerdo en que eso fue lo que pasó. Pero una o dos
horas después, se entrevisto con su sastre quien le dijo que no
había estado cerca del lugar. Graves, en consecuencia dedujo que
lo estaban siguiendo.
El saberte perseguido y no saber por quien, te
da, yo te lo aseguro un profundo sentimiento de susto
-especialmente cuando sabes que eres culpable.
Yo puedo hablar con honda emoción de más de
una experiencia sobre esto, desde que habla sido empleado en esta
forma de exploración en tiempos de paz.
AGENTES OFICIALES
Es
común encontrar espías ordinarios que también estén
suficientemente inmiscuidos en el conocimiento técnico para ser
de utilidad en la obtención de detalles navales o militares.
Consecuentemente los oficiales son empleados para obtener tal
información en tiempos de paz, como en el teatro activo de la
guerra. Pero con ellos, y especialmente con esos de Alemania, no
es fácil encontrar hombres que sean lo suficientemente buenos
actores, o quien pueda disfrazar su apariencia, como evadir las
sospechas. Muchos de estos han visitado nuestros puertos durante
los pasados años, pero han sido generalmente notados, observados
y seguidos, y desde la forma tomada por ellos en sus
reconocimientos ha sido fácil el deducir el tipo de operaciones
contemplada en sus planes.
Recuerdo el caso de una fiesta de estos
motoristas a través de Kent viendo hacia las antiguas ruinas
romanas. Cuando ellos le preguntaban a un lugareño por la
posición exacta de algunas de estas el les contestaba que no
tenía un mapa útil en el cual pudiera señalarles su posición.
Uno de los "anticuarios" produciría de inmediato un
mapa a escala larga; pero no era como un mapa ingles: tenia, por
ejemplo, detallados los tanques de suministro de agua, si bien
estos existían, no se muestran en ninguno de nuestros mapas
ordinarios.
En suma, a las variadas ramas del espionaje que
he mencionado. Los alemanes también han practicado el espionaje
comercial en una línea sistemática.
ESPIONAJE
COMERCIAL
Jóvenes
alemanes han sido frecuentemente conocidos por servir en empresas
británicas sin cobrar su salario para así "aprender el
idioma"; pero ellos tienen el cuidado de aprender mucho mas
que el idioma, y recolectan muchas otras cosas acerca de métodos
de comercio y secretos que pronto se usaran en su propio país.
La importancia del espionaje comercial es que
la guerra comercial esta en todo momento en el fondo de los
preparativos alemanes para la guerra militar.
Carl Lody, un ex oficial alemán, fue
recientemente juzgado en Londres por una corte marcial y fusilado
por "traición de guerra", que es enviar información
en relación con nuestra armada a Alemania durante las
hostilidades ("traición de guerra" es el trabajo
secreto fuera de las operaciones de la zona de guerra. Cuando
esta se lleva a cabo en la zona de operaciones es llamada
"espionaje".). Carl Lody se movió donde era observado
y su correspondencia abierta por la policía de contraespionaje
en Londres, así todas sus investigaciones e información eran
conocidas por la oficina de guerra mucho antes de que fuese
arrestado. Las enormes sumas pagadas por Alemania en los años
pasados han traído un tipo de cambio internacional de espías,
generalmente formado por germano-americanos con sus cuarteles
generales en Bélgica y es bien retribuida la información
obtenida por ellos. Por ejemplo, si los planes de un nuevo
fuerte, o las dimensiones de un nuevo barco, o el poder de un
nuevo tipo de arma se necesita, uno simplemente tiene que
solicitar y formular un precio a esta agencia para recibir muy
buena información sobre el tema, antes de que haya transcurrido
mucho tiempo.
Al mismo tiempo, pretendiendo ser un americano,
uno puede obtener muchos detalles menores e información útil
sin gastar un centavo.
Capítulo
II
LOS
PLANES DE INVASIÓN ALEMANES
Para
entrar en contacto con esta gente, fui informado de uno de los
planes pretendidos por el cual los alemanes se proponían invadir
nuestro país y accidentalmente arrojó cierta luz a sus métodos
presentes sobre el trato con los habitantes como algo aparte de
los movimientos tácticos de las tropas.
La idea alemana entonces -como hace 6 años -
era que podían, en cualquier momento, por medio de minas y
submarinos, bloquear el tráfico en el canal inglés en un muy
reducido tiempo, manteniendo así nuestras flotas en sus
estaciones en Spithead Portland.
Con el estrecho de Dover bloqueado, ellos
podrían tornar por asalto una flota de transportes a través del
Mar del Norte, desde Alemania hacia la costa este de Inglaterra,
al igual que Anglia oriental o, como en este plan, en Yorkshire,
Ellos tenían en Alemania 9 estaciones de embarque, con muelles y
plataformas ya hechas, y garrabas de acero para sus propósitos
de desembarque o para una travesía actual del océano en caso de
buena mar.
Ellos habían tornado el promedio de clima de
los últimos años llegaron a la conclusión de que el 13 de
julio es, en promedio, el mejor día del año: pero su tentativa
habría sido fijada, de ser posible para caer en un día de
descanso bancario, cuando las comunicaciones estuvieran
temporalmente desorganizadas. Por tanto, el más cercano descanso
bancario, estando a 13 de julio, a principios de agosto; fue una
coincidencia que la guerra estallara ese día.
Los espías
estacionados en Inglaterra fueron a cortar toda línea
telefónica y telegráfica y, donde fuera posible, volar puentes
de importancia y túneles, para interrumpir comunicaciones y
crear confusión. Su idea de desembarco en las costas de
Yorkshire se basaba en las siguientes razones:
Ellos no vieron estratégicamente a Londres
como la capital de Inglaterra, sino más sobre los grandes
centros industriales de la región centro - norte, donde, en
lugar de 6 millones, hay cerca de 14 millones de personas
reunidas en las numerosas ciudades y poblados que ahora son
colindantes una de la otra en esa parte del país. Su teoría era
que si ellos pudieran atacar con un ejército de hasta 90 mil
hombres a través de Leeds, Sheffield, Halifax, Manchester y
Liverpool sin encontrar mucha oposición en las primeras horas,
ellos podrían establecerse ahí con tal fuerza que se
requeriría de un poderoso ejército para repelerlos.
Trayendo pobres provisiones con ellos y tomando
todas las provisiones locales, ellos tendrían lo suficiente para
sostenerse por un tiempo considerable, y el primer paso de su
ocupación consistiría en expeler a cada habitante -hombre,
mujer y niño - del entorno y destruir las ciudades. As¡ en
pocas horas, algunos de los 14 millones de personas estarían
hambrientas y vagando sin refugio sobre la cara del país -un
desastre que requeriría de una gran fuerza para tratar con ella,
lo cual causaría una ruptura entera en nuestros abastecimientos
de comida y, negocios en el país.
La costa oriental de Yorkshire entre el Humbre
y Scarborough se presta asimismo para la aventura, proveyendo una
buena playa abierta por millas, con el país abierto por su
frente que en su vuelta, es protegido por un semicírculo de
landas, que podrían fácilmente albergar a la fuerza de
ocupación germana. Su izquierda seria protegida por el Humber y
la derecha por el Tees, para que as¡ el desembarco pudiera
transcurrir sin interrupción.
Éste era su plan -basado en la cuidadosa
investigación de un pequeño ejército de espías - hace unos
cinco o seis años, antes de que nuestras bases navales fuesen
establecidas en el norte. Si ellos hubieran declarado la guerra
entonces, no habrían tenido serias interferencias de nuestra
armada durante la travesía de su transporte que, por supuesto,
estarían protegidas en ese flanco por su flota entera de barcos
de guerra.
A primera
vista, parecería muy fantasioso un plan encomendado enteramente
a la suposición, pero en el discurrir acerca de él por los
oficiales alemanes, encontré que le creían como una propuesta
práctica. Ellos ampliaron la idea del uso que deberían dar a la
población civil y anunciaron su brutalidad explicando que cuando
estallara la guerra, ésta no sería hecha con mano ligera. El
sentido de sus palabras sería mostrado a la gente por el
fusilamiento de civiles en caso de que fuera necesario, para así
probar que ellos iban en serio y forzar a los habitantes a
través del terror a cumplir sus requerimientos.
Investigaciones posteriores en el tema
proveyeron que los arreglos de embarcación estaban todos
planeados y preparados. En cualquier tiempo, por la vía
comercial ordinaria, había un gran número de largos
vapores-correos siempre disponibles en sus puertos para
transportarlos, incluso superiores en exceso a esos que se
habrían acordado para tal expedición. Tropas podrían ser
movilizadas en el área de los puertos, ostensiblemente para
maniobras, sin despertar sospecha alguna.
Está en los libros de estrategia alemanes que
el tiempo para hacer la guerra no es cuando tienes una causa
política para ello, sino cuando tus tropas están listas y las
del enemigo no; y que dar el primer golpe es la mejor manera de
declarar la guerra.
He relatado todo esto en el tiempo en una
lectura privada a oficiales, ilustrándola con proyecciones y
mapas, como un problema militar en el que sería interesante
trabajar en el estado actual, y no lo fue realmente hasta el
reporte de esta imagen en los papeles que me di cuenta cuán
cerca estuve de "tocar el punto". Pero, aparte de las
varias cuestiones indignantes con que el secretario de estado de
guerra fue acosado en la cámara de los comunes por mi cuenta,
fue cometido con cartas desde Alemania desde vanos puntos con el
más violento abuso, alto y bajo, que me mostró que mis
sospechas me habían acercado a la verdad.
"Usted es un papel de estraza,
general" dijo alguien, "y si piensa que por sus necias
pláticas nos va a asustar del porvenir, no está en lo
correcto".
ESPÍAS
DE CAMPO
Es
difícil decir dónde termina el trabajo de un espía en la
guerra, dónde empieza el de un explorador. A excepción de esto,
como regla, lo primero es ir disfrazado, el explorador es visto
corno un valiente y sus recursos por obtener información muy
bien pensados, mientras él permanezca en uniforme. Si él va un
poco más allá y descubre que puede obtener información si se
disfraza -incluso conociendo el gran riesgo de ser fusilado si es
descubierto - entonces se le busca de arriba abajo como a un
"despreciable espía". Esto, yo no lo encuentro justo.
Un buen espía -sin importar a que país sirve - es por necesidad
un valiente y valioso compañero. En nuestra armada no utilizamos
mucho a los espías de campo en el servicio; a pesar de su uso
parcial en maniobras, han mostrado lo que pueden hacer.
En Guía para la Exploración he
escrito: "En el asunto del espionaje estamos detrás de
otras naciones. El espionaje, en realidad, es reconocimiento
yendo disfrazado. Sus efectos son de tan largo alcance que muchas
naciones para detener el espionaje enemigo, le tratan con la
muerte si lo capturan".
Como una parte esencial del Escultismo, he
escrito un capítulo de puntos sobre cómo espiar y cómo atrapar
a otros espiando.
CAPTURANDO A UN ESPÍA
El
capturar espías fue alguna vez uno de mis deberes, y es tal vez,
la mejor forma de educación a través del espionaje exitoso. He
sido muy afortunado en descubrir a tres y fui felicitado por uno
de los oficiales de mayor rango del personal del comandante en
jefe. Nosotros regresábamos a casa juntos desde una gran parada
al tiempo que el estaba hablando acerca de ello, y remarcó:
"¿Cómo lograste capturar a un espía?". Le dije de
nuestros métodos y añadí que también la suerte venía en mi
ayuda.
Justo enfrente de nosotros - en la multitud de
vehículos retornando desde el campo de la parada, había un auto
de alquiler Victoria en el cual había un caballero de aspecto
extranjero, Me di cuenta que era el tipo de hombre al cual debía
mantener a la vista, tranquilamente le seguí hasta sabor dónde
se escondía y, le coloqué un detective para reportar sus
movimientos.
Desde muestra posición a
caballo, cercana tras de él. Pudimos ver que nuestro extranjero
estaba leyendo una guía y un mapa de las fortificaciones a
través de las cuales pasábamos. De repente le dijo a su chofer
que se detuviera un momento mientras encendía un cerillo para
cigarro El conductor so detuvo y nosotros también.
El extraño miró hacia arriba para ver que él
no estaba siendo observado, y rápidamente deslizó una cámara
desde debajo del tapete que se encontraba en el asiento frente a
él y apuntándolo hacia la entrada de una nueva tienda de
municiones que acababan de ser hechas para nuestra armada él le
tomo una foto. Entonces apresuradamente volvió a cubrir la
cámara y procedió a sacar los cerillos y prender su cigarro.
Entonces le indicó al conductor que continuaran su camino.
Nosotros lo seguíamos de cerca, detrás de él, hasta que
llegamos donde un policía estaba regulando el tráfico.
Me adelante con el caballo y le di
instrucciones para que el carruaje fuese detenido y se le
preguntara al hombre por su permiso para tomar fotografías. Él
no tenía ninguno. La cámara fue tomada en custodia y el nombre
y dirección del propietario fueron tomados "para continuar
con los procedimientos posteriores".
Desgraciadamente en ese tiempo - esto fue hace
muchos años - estábamos discapacitados por nuestras leyes en la
cuestión de arrestar y castigar espías. La ley sólo permitía
confiscar v destruir cámaras que no tenían autorización, y eso
era todo.
"Procedimientos posteriores" hubiesen
sido posibles. En este caso habría sido innecesario porque el
caballero sospechoso tomo el siguiente bote hacia el continente.
Capítulo
III
JAN
GROOTBOOM, MI ESPÍA NATIVO
Pero
tomó mucho trabajo convencer a mi amigo el oficial que todo el
episodio no fue una farsa para su especial edificación.
Es humano odiar a otro más listo que uno, que
es más ingenioso que uno, tal vez eso cuenta para gente que
aborrece a los espías con odio mortal, ése que ofrecen a un
hombre que tira bombas desde un aeroplano indiscriminadamente
sobre mujeres y niños, o quien bombardea catedrales con
infernales máquinas bélicas. Nadie puede decir que mi espía
nativo en Sudáfrica, Jan Grootboorn, fuera ambos, un hombre vil
y un hombre gentil. Él era descrito por uno que se conocía como
un "hombre blanco en piel negra", y yo cordialmente
confirmo esta descripción.
Aquí está un ejemplo de su trabajo como
espía de campo:
Jan
Grootboom era Zulú de nacimiento, pero habiendo
vivido mucho tiempo con hombres blancos, como
cazador y guía, él vestía ropa ordinaria y
hablaba perfectamente bien el inglés, pero en su
interior él tenia todas las agallas y astucia de
su raza.
Al
ir a explorar contra los Matabeles nunca era sabio salir con una
gran partida porque así se atraería la atención, a donde fuera
se debería ir sólo con un hombre (tal como Jan Grootboorti);
así, uno era capaz de penetrar sus líneas y casi acostarse
oculto entre ellos, observando su disposición y obteniendo
información como su número, abastecimientos, el paradero de sus
mujeres y ganado, etc.
Ahora cada noche
se invertía en este trabajo, es decir, la noche era utilizada
para moverse sigilosamente a sus posiciones, y uno les observaba
durante el día. Pero era imposible hacer esto sin dejar huellas
ni rastros, que los entrenados ojos de sus exploradores no
tardaban en descubrir, muy pronto se daban cuenta que habían
sido observados y, en consecuencia, continuamente vigilaban para
tendernos una emboscada y capturarnos.
Una noche Jan Grootboom y yo habíamos
cabalgado hacia las cercanías de uno de los campos enemigos,
estábamos recostados esperando la primera luz antes de que
pudiéramos descubrir exactamente dónde estaban localizados. Fue
durante la hora anterior al amanecer que, como una regla, el
enemigo acostumbraba encender sus fuegos para cocinar su comida
matinal. Así, uno podía ver exactamente sus posiciones,
rectificar la propia y encontrar un lugar donde uno pudiera
ocultarse durante el día para observar sus movimientos. En esta
ocasión, el primer fuego fue encendido y luego otro centelló, y
luego otro, pero antes de que media docena se hubiesen encendido
Grootboom, de repente, gruñó bajo su respirar: "El puerco;
ellos están tendiendo una trampa para nosotros".
No comprendí en el momento lo que me quería
decir, pero él añadió:
-Deténte aquí por un momento, yo iré a echar
una mirada.
Él se deshizo de toda su ropa y la dejó hecha
un montón, y se alejó en la obscuridad, prácticamente desnudo.
Evidentemente, iba a visitarlos para ver qué estaba pasando. Lo
peor del espionaje es que te hace siempre sospechar, incluso de
tus mejores amigos Así, tan pronto como Grootboom se alejó en
una dirección, yo silenciosamente me alejé en otra, y me quedé
entre unas rocas en un pequeño kopje para tener alguna
oportunidad si él tuviera intención de traicionarme e ir con
algunos Matabeles a capturarme. Por una hora o dos permanecí
ahí, hasta que después vi a Grootboom deslizarse hacia atrás a
través de la hierba solo.
Avergonzado
de mis dudas, salí y fui a su encuentro lo hallé riéndose con
satisfacción mientras se vestía de nuevo. Él dijo que había
encontrado, como lo sospechaba, una emboscada tendida para
nosotros. Lo que le hizo sospechar fueron los fuegos, en lugar de
encenderse sobre la ladera de la colina en diferentes puntos al
mismo tiempo, habían sido encendidos en una sucesión regular
uno tras de otro, evidentemente por un hombre yendo en
progresión. Esto le pareció sospechoso y, asumió que estaba
haciéndolo para guiarles hacia nosotros, si' hubiésemos ido a
cualquier parte alrededor, para examinar más cercanamente la
localidad.
Grootboom se deslizó hacia ellos por una
intrincada vereda, desde la cual pudo percibir toda una partida
de Matabeles recostados en el pasto por la pista que
probablemente hubiésemos usado para llegar ahí, ellos nos
hubieran sorprendido y capturado. Para asegurarse de esta
sospecha él se deslizó alrededor hasta llegar cerca de su
fortificación, y viniendo desde allá, estuvo entre ellos y
conversó con ellos, descubriendo cuál era su intención
concerniente a nosotros, y también cuáles eran sus planes para
el futuro cercano. Entonces, habiéndolos dejado, y caminado
audazmente de espalda a su fortificación, él se deslizó entre
algunas rocas y se reunió conmigo. Él era el ejemplo del
trabajo de un espía de campo que aunque de cierto modo podría
ser taimado y fraudulento, al mismo tiempo demandaba el coraje y
la astucia personales más grandes. Es algo mayor que la
valentía ordinaria de un soldado en acción, quien es llevado
por el entusiasmo de aquellos que le rodean bajo el liderazgo de
un oficial, y con la concurrencia y admiración de otros.
Las agallas del hombre que sale solo, sin ser
observado o aplaudido, y arriesgando su vida, es ciertamente
igual de grande. Los boers usaron libremente espías de campo
contra nosotros en Sudáfrica. Un boer angloparlante solía
jactarse de cómo, durante la guerra, hizo frecuentes visitas a
Johannesburg vestido con un uniforme tomado de un mayor inglés
que había muerto en acción. Él solía cabalgar pasando a los
centinelas que, en lugar de dispararle, simplemente lo saludaban,
y él asistía a los clubs y lugares frecuentados por los
oficiales, recogiendo de ellos tanta información como él la
requiriese de primera mano, hasta que atardecía y, cabalgaba de
regreso a su comando.
Capitulo
IV
TRANSPORTANDO
INFORMACIÓN
De
nuestro lado varios métodos fueron adoptados para enviar
información al campo. Mis espías emplearon corredores negativos
(especialmente los más astutos ladrones de ganado) para
transportar sus despachos hacia mí. Esto era naturalmente, en
cada caso, escrito en clave o en código secreto, en Hindustani y
escrito en caracteres ingleses y así. Éstos eran enrollados en
bolítas y presionados dentro de un pequeño hoyo tallado en un
bordón, siendo después tapado el hoyo con barro o jabón.
También era puesto dentro del hornillo de una pipa debajo del
tabaco, y podía así ser fumado sin levantar sospecha, o eran
deslizados entre las suelas de las botas o hilvanados en el forro
de la ropa del portador. Estos nativos también entendían el
lenguaje de las señales de humo -señalando por medio de
pequeñas o grandes bolas de humo para describir los movimientos
del enemigo y su fuerza.
UN
MENSAJE SECRETO
| Estos jeroglíficos contienen un mensaje
secreto que puede ser fácilmente leído por aquellos que
conocen la clave semáforo. Esta señalización consiste
en voltear dos brazos en diferentes posiciones, ya sea
por separado o juntos. Los puntos indican dónde se
juntan las letras, por ejemplo: el símbolo de semáforo
para la N consiste en ambos brazos señalando hacia abajo
en un ángulo de 90 grados ^. La letra I es mostrada por
ambos brazos señalando a la izquierda al mismo ángulo
>. La siguiente N se muestra de nuevo, y la letra E es
un brazo sencillo señalando hacia arriba a la derecha en
un ángulo de 45 grados. En cada palabra comienzas por la
parte superior de los signos y lo lees hacia abajo. |

|
SEÑALES
SECRETAS Y ALARMAS
Los
correo-corredores nativos eran a quienes mandábamos para abrir
camino a través de las líneas enemigas cargando las cartas
firmemente enrolladas en pequeñas bolas, envueltas con hoja de
plomo tal como se empaca el té. Estas pequeñas bolas eran
cargadas alrededor de sus cuellos en una cuerda. Al momento que
veían acercarse a un enemigo las tiraban como si fueran rocas
sobre el suelo y tomaban marcas del sitio para así poder
encontrarlas cuando no hubiera "moros en la costa".
Entonces había puntos dispersos para esconder cartas y, que
otros espías las encontraran. Aquí hay algunas de las más
frecuentemente usadas:

Esta marca, hecha
en el suelo o en el tronco de un árbol o en un puente-correo,
fue usada por un explotador para informar a otro. Significa:
"Una carta está oculta a cuatro pasos en esta
dirección".

Un signo usado
para advertir a otro explorador que está yendo en la dirección
equivocada. Significa: "no por este camino".

Este es otro
signo de un explorador a otro y significa: "He regresado a
casa".

La
"marca" en el tronco y las dos piedras, una sobre otra,
son simplemente para mostrar que el explorador está en la pista
correcta. Los otros tres dibujos son para mostrar la dirección
en la cual debe ir el explorador. La flecha se marca en el suelo.
La parte superior del vástago o arbusto es inclinada sobre la
dirección que debe tomar el explorador, es el mismo caso del
manojo de hierba, que primero es amarrada y después inclinada.
ESPÍAS EN TIEMPO DE GUERRA
Los
japoneses, por supuesto, en su guerra con Rusia en Manchuria
hicieron uso extensivo de espías, y Puerto Arturo, con todos sus
defectos de fortificación y equipamiento, era conocido por
dentro y por fuera por el personal general japonés antes de que
se disparara un solo tiro. En las regulaciones del servicio de
campo del ejército alemán, un párrafo dice que: "el
servicio de protección en el campo - que es como decir, la
vanguardia, la guardia de avanzada v reconocimiento - debe ser
siempre asistido por un sistema de espionaje..." y aunque
este corto párrafo está en el libro, su esencia es acatada. Los
espías de campo son un arma reconocida y eficiente. A Federico
el Grande se le recuerda por haber dicho: "Cuando Marshal
Subise va a la guerra, es seguido por un centenar de cocineros,
pero cuando yo voy, al campo soy precedido por un centenar de
espías". Escuchamos sobre ellos que van vestidos en ropas
humildes como campesinos, que hacen señales con luces de
colores, con bolas de humo de las chimeneas y usando las
manecillas del reloj de la iglesia como semáforo.
Muy frecuentemente un sacerdote era arrestado y
se descubría que era un espía disfrazado, y como tal, era
fusilado. También un chofer alemán en uniforme francés, que
por algún tiempo estuvo conduciendo para los oficiales
franceses, se le encontró que era un espía, y así encontró su
muerte.
Pronto en la
presente guerra los espías de campo alemanes tuvieron su código
secreto de signos, así que dibujando bosquejos de ganado, de
colores y, tamaños diferentes, se transmitían información
sobre la fuerza y dirección de los diferentes cuerpos de tropas
hostiles en el área.
Como una regla, éstos son espías
residenciales que han vivido por meses o años con los pequeños
comerciantes, etc., en las ciudades y villas ahora incluidas en
el teatro de la guerra. A la llegada de los invasores alemanes
dibujaron con gis sobre sus puertas: "Para no ser destruido.
Buena gente aquí", y también fue hecho para algunos de sus
vecinos para alejar las sospechas. En su capacidad de
naturalizarse habitantes están en posición, por supuesto, de
obtener valiosa información táctica para los comandantes de las
tropas. Y sus diversas formas de comunicación son más que
ingeniosas. Ambos, en algunos casos espías y comandantes, tienen
mapas dispuestos en pequeños cuadros, El espía atento señala a
su comandante, "caballería enemiga estacionada detrás del
bosque en el cuadro E 15", y muy pronto una salva de obuses
visita este lugar. Una mujer espía fue capturada cuando
señalaba con una linterna eléctrica. Dos hombres diferentes
(uno de ellos un viejo triturador cojo por el camino) fueron
capturados con teléfonos de campo ocultos en ellos con el
alambre enrollado en sus cuerpos. Pastores con linternas dieron
vueltas en las colinas de noche moviendo las linternas de
diferentes formas que todas juntas no parecían necesarias para
encontrar ganado. Los telégrafos inalámbricos se colocaron para
parecer soporte a las chimeneas de hierro.
En la campaña sudafricana un jefe de estación
holandés fungió como espía de campo para los boers por un
corto tiempo. Sólo fue un tiempo muy corto. Su ciudad y
estación fueron capturadas por mis fuerzas Y para desviar toda
sospecha, cortó y tiró las líneas telegráficas, todas menos
una, que fue dejada en servicio. Por esta línea él envío a los
cuarteles boers toda la información que pudo recabar acerca de
nuestras fuerzas y planes. Desgraciadamente, para él, tuvimos un
destacamento de hombres golpeando la línea y pudimos leer todos
sus mensajes, para después confrontarlo con ellos.
Otro jefe de
estación, en nuestro territorio, fungió como espía para el
enemigo antes de que la guerra comenzara empleando enemigos como
conspiradores y a obreros del ferrocarril a lo largo de la línea
férrea con la intención de destruir puentes y alcantarillas tan
pronto como la guerra fuese declarada. También se encontró en
su oficina un código por el cual las diferentes armas del
servicio eran designadas en términos ocultos para así
telegrafiar información.
Así:
| Beams |
significaba |
brigadas. |
| Timbers |
significaba |
baterías. |
| Logs |
significaba |
armas. |
| Scantlings |
significaba |
batallones. |
| Joists |
significaba |
escuadrones. |
| Planks |
significaba |
compañías. |
LAS
AGALLAS DE UN ESPÍA
Excepto
en el caso de un espía que es traidor, uno no logra entender por
qué un espía tiene que ser tratado peor que cualquier otro
combatiente, n¡ por qué su ocupación ha de ser vista como
despreciable, porque, ya sea en la paz o en la guerra, su trabajo
es del tipo que es muy excitante y peligroso. Es intensamente
excitante y aunque en algunos casos trae una gran recompensa, los
mejores espías son hombres sin devengar un salario; lo hacen por
amor al oficio y como un paso realmente efectivo para obtener
algo valioso para su país y para su lado. La súplica
interpuesta por el espía alemán Teniente Carl Lody, a la corte
marcial en Londres, fue que "él no se arrodillaría por
piedad. No estaba avergonzado por nada de lo que había hecho;
él, por honor, no daría los nombres de aquellos que lo
emplearon en esta misión; para lo cual no se le pagó, lo hizo
por el bien de su país, y él sabía que se jugaba la vida al
hacerlo. Muchos británicos harían lo mismo por Bretaña".
Incluso se habló de él en nuestra Casa de los Comunes como
"un patriota que había muerto por su país tanto como
cualquier soldado que cae en el campo".
Para ser un
espía realmente efectivo, un hombre tiene que ser dotado con un
fuerte espíritu de autosacrificio, coraje y autocontrol, con el
poder de actuar por su cuenta, rápido en la observación y
deducción, bendecido con buena salud y nervios de una calidad
excepcional. Una cierta cantidad de entrenamiento científico es
de valor donde un hombre tiene que tomar los ángulos de un
fuerte, o establecer la formación geológica, decir, en media
isla bajo el cuarto puente, que fue mostrado por Graves para ser
fácilmente adaptable para propósitos explosivos.
¡Para cualquiera que esté cansado de la vida,
la excitante vida de un espía debe ser el mejor restablecedor!
ESPIONAJE
TRAICIONERO
Otro
tipo diferente de espía es el traidor que otorga los secretos de
su propio país. Para él, por supuesto, no hay excusa.
Afortunadamente el británico no es, por regla general, de
carácter corruptible, y muchos espías extranjeros en Inglaterra
han sido descubiertos a través de sus intentos por sobornar a
oficiales u hombres para obtener secretos.
Del otro lado, oímos frecuentemente de
soldados extranjeros que caen víctimas de tal tentación y
eventualmente son descubiertos. Recientemente unos casos han
salido a la luz en Austria donde oficiales estaban dispuestos a
vender información en consideración de un número de refugios
secretos que eran construidos en la frontera de Bukovina el año
pasado. Detalles de ellos cayeron en manos de otra potencia con
unos pocos días de diferencia de que los diseños fueran hechos.
Aparentemente, cuando la sospecha cayó en un
oficial en Austria, el caso no se dio a conocer al público, fue
conducido en privado, incluso Por el Emperador en persona. Cuando
el hombre fue hallado culpable, el procedimiento seguido fue que
cuatro amigos del acusado lo visitaron y el dijeron los
resultados en su contra, le dieron un revólver cargado y lo
dejaron.
Permanecieron observando la casa, siguiendo la
orden de que no debería escapar, hasta que eligiera dispararse,
si fallaba en hacerlo, en un tiempo razonable, ellos entrarían y
lo matarían.
LA
ORGANIZACIÓN ALEMANA DE ESPIONAJE
El
sistema de espionaje de los alemanes va mucho más allá que
cualquier otro país, su extensión, costo y organización,
fueron minuciosamente expuestos después de la guerra con Francia
en 1870, cuando fue definitivamente mostrado que el gobierno
alemán tenía una organización de más de 20,000 informadores
pagados, estacionados en Francia y controlados por un hombre,
Stieber, para propósitos políticos y militares. Eran tan
completas las maquinaciones llevadas a cabo, que cuando Jules
Favre vino a Versalles para tratar acerca de la redención de
París con el personal del ejército alemán, en la estación
subió a un carruaje cuyo cochero era un espía alemán, y fue
conducido a una casa que en realidad eran los cuarteles del
departamento de espías. Stieber en persona fue el valet,
recomendándose así como "un completamente confiable
servidor". Stieber se sirvió de su posición para buscar de
principio a fin en los bolsillos de su amo y despachar casos
diariamente, colectando los datos e informaciones más valiosos
para Bismarck.
De alguna manera, en la superficie, se sospecha
que los métodos de espionaje alemán parecen haber decaído
desde esa fecha, aunque al mismo tiempo eran ampliamente
conocidos a través de Europa. Pero sus métodos han sido
cuidadosamente elaborados y llevados a la práctica desde
entonces, no sólo en Francia, sino en todos los países del
continente y también en Gran Bretaña.
EL VALOR DE SER ESTUPIDO
Afortunadamente
para nosotros, somos considerados como una nación que es
anormalmente estúpida, por el hecho de ser fácilmente
espiables. Pero no siempre es seguro juzgar por las apariencias.
Nuestro embajador en Constantinopla hace
algunos años tenía una apariencia jovial y franca como la de un
granjero británico, con nada bajo la superficie en su carácter
y fue, por lo tanto, visto como honesto por todos sus rivales
intrigantes de las políticas occidentales. Fue sólo después de
repetidas fallas de sus diferentes misiones que descubrieron que
en cada caso eran desentrañados por este hombre de apariencia
inocente, que bajo la superficie era astuto como un zorro y tan
inteligente como diplomático, como cualquiera que se pudiera
encontrar en todo el servicio.
Y así ha sido
con nosotros los británicos. Espías extranjeros estacionados en
el país no hallan dificultad en engañar a personas tan
estúpidas, nunca supusieron que la mayoría de ellos han sido
descubiertos por nuestro departamento del servicio secreto, y,
cuidadosamente observados.
Pocos de ellos han llegado a este país sin
haber sufrido el escrutinio de un discreto caballero anciano con
sombrero alto y paraguas, que con el movimiento de su dedo envía
a un detective tras los talones del visitante hasta que su
localización y asuntos actuales sean asegurados y encontrados
satisfactorios.
Por años, la correspondencia de esta gente ha
sido regularmente abierta, anotada y enviada. No eran, como una
regla, merecedores del arresto; la información enviada no era de
ninguna importancia urgente, y así mientras ellos pensaran que
pasaban inadvertidos, sus superiores en sus países no hacían
ningún esfuerzo por enviar hombres más astutos en su lugar.
Así sabíamos qué era lo que el enemigo buscaba y sabíamos
qué información había recibido, y, esto en general no contaba
mucho.
El 4 de agosto, un día antes de la
declaración de la guerra, los 20 espías principales fueron
formalmente arrestados y más de 200 de sus agentes menores
fueron también procesados, así su organización les falló en
el momento que más lo necesitaban. Se dieron pasos para prevenir
que cualquier sustituto fuese puesto en su lugar. Estaciones
privadas inalámbricas fueron desmanteladas y por medio de
trampas, aquellos que no habían sido voluntariamente reportados
y registrados fueron descubiertos.
Nos suele divertir a algunos de nosotros el
observar a espías extranjeros trabajar en nuestro campo. Uno me
interesó de manera especial pues se estableció ostensiblemente
como un mercader del carbón. Su reconocimiento diario del campo,
sus anotaciones de los caminos y sus otros movimientos lo
vincularon en la preparación de sus reportes, que todos
observábamos y grabábamos.
Sus cartas
eran abiertas en el correo, selladas y enviadas. Sus amigos eran
observados y seguidos como una sombra a su llegada -como ellos
hicieron- a Hull en lugar de Londres. Y todo el tiempo que había
trabajado fatigosamente solo, desperdiciando su tiempo, el muy
inocente no sabia que había sido observado y que incidentalmente
nos daba una gran cantidad de información.
Otro vino sólo por unas horas y se fue antes
de que pudiéramos atraparlo, pero conociendo sus movimientos y
las fotografías que había tomado, fui capaz de escribirle y
decirle que sabía de antemano que deseaba fotografiar esos
lugares, yo podría haberle dado algunas ya hechas, pues los
fuertes que tomaron eran actualmente obsoletos.
Por otra parte, el excesivamente estúpido
inglés que había vagabundeado entre países extranjeros
dibujando catedrales, o atrapando mariposas o pescando truchas,
era simplemente considerado como un lunático fuera de peligro.
Éste había incluso invitado a oficiales a ver sus dibujos que,
estando fuera de toda sospecha o ningún ojo sobre su cabeza,
hubiera revelado planes y armamentos de sus fortalezas
interpoladas entre las venas de los dibujos botánicos de las
hojas o en las entomológicas alas de una mariposa. Algunos
ejemplos de dibujos secretos de fortalezas que fueron usados con
éxito son mostrados en las siguientes páginas.
Capítulo
V
PLANOS
SECRETOS DE FORTIFICACIONES

Este dibujo de
una mariposa contiene el contorno de una fortaleza y marca la
posición y, el poder de las armas. Las marcas en las alas entre
las líneas no significaban nada, pero esas en las líneas
muestran la naturaleza y tamaño de las armas, de acuerdo a las
claves inferiores.
| |
Las marcas en las alas revelan la
forma de la fortaleza aquí mostrada y el tamaño de sus
armas.  
Armas de la
fortaleza
Armas
de campo
Ametralladoras
|
La posición de
cada arma está en el lugar interior del contorno del fuerte en
la mariposa donde la línea marcada con el punto final. La cabeza
de la mariposa señala el norte.

Una pequeña obra
de arte del espionaje. Venas en una hoja de hierba muestra los
contornos de un fuerte viendo hacia el oeste (El punto de la hoja
indica el norte).
| Muestra dónde está montada la artillería
si una vena le señala. |
 |
 |
Muestra "terreno perdido", donde
hay refugio del fuego. |
| Muestra ametralladoras. |

|

Aquí está otro
de los métodos con los cuales oculté los planos de un fuerte
que hice.
Antes que nada, dibujé el plano como se muestra en el dibujo
superior dando la fuerza y posiciones de varias armas enlistadas
abajo:
A. Kaponiers con
ametralladoras.
B. Armas de 15 cm
de cúpula.
C. Armas de 12 cm
de cúpula.
D. Armas ocultas
Q.- F.
E. Cúpulas
Howitzer.
F. Reflector.

Habiendo hecho
esto, consideré el mejor método de ocultar mis planos. En este
caso decidí transformar el dibujo en un vitral, y si examinas
cuidadosamente la pintura superior verás que exitosamente ha
sido hecho. Algunas decoraciones significan los tamaños y
posiciones de las armas. Estos signos están abajo, junto con su
significado.

- Armas de 15
cm.
- 2.
Howitzers.
3. Armas ocultas Q. - F.
4. Armas
de 12 cm.
5.
Ametralladoras.
- 6.
Reflectores.
OCULTANDO
UN FUERTE EN LA CABEZA DE UNA POLILLA

Aquí se muestra
otro ejemplo de este método de hacer planos secretos. Este
dibujo fue hecho, dándole todas las particularidades que se
deseen. Entonces decidí ocultarlo de tal manera que no pudiera
ser reconocido como el plano de una fortaleza en caso de que
fuera capturado por las autoridades militares. Una idea que se me
ocurrió fue hacerlo en el quicio de la puerta de una catedral o
iglesia, pero finalmente me decidí por la cabeza de una polilla.
En la parte inferior de m¡ cuaderno escribí las siguientes
palabras:
"Cabeza de
una polilla Dula vista a través de una lupa. Capturada 19.5.12.
Aumentada como seis veces su tamaño" (significa escala de
pulgadas por milla).
"CACERÍA
DE MARIPOSAS"
EN DALMACIA

Una
vez fui a "cazar mariposas" en Dalmacia. Cataro, la
capital, ha sido demolida durante la presente guerra. Hace más
de 100 años fue bombardeada y tomada por la flota británica.
Entonces se le suponía impugnable. Descansa a la cabeza de una
bahía de unas quince millas de largo, y en algunas partes
abierta unos cientos de yardas en una artesa entre las montañas.
Desde Cataro, a la cabeza de la bahía, un camino zigzagueante
lleva a la montaña aledaña con la frontera de Montenegro.
Cuando los barcos británicos procuraron atacar
en dirección del mar, el canal fue cerrado con cadenas y se
pusieron botallones a través de él. Pero los defensores
tuvieron que calcular la posición de la nave, la falta de
recursos del "hombre hábil" británico, y unos días
después, con el total asombro de la guarnición, las armas
empezaron a bombardearles desde la cuna de las montañas vecinas.
El capitán
británico había desembarcado sus armas en la bahía del
Adriático y por medio de vigas deslizó por un costado de la
montaña tirando de sus armas en conjunto sobre los pasos rocosos
hasta la cumbre de la montaña.
Él acomodó sus baterías y eventualmente pudo
bombardear la ciudad con tal efecto que ésta se tuvo que rendir.
Fue tal vez característica nuestra que, sólo tomamos la ciudad
porque era mantenida por nuestros enemigos. No la queríamos y
cuando la tuvimos, no sabíamos que hacer con ella. En cambio, se
la entregamos a los montenegrinos, así les dimos un puerto para
ellos. Por esto los montenegrinos han sentido admiración y
gratitud hacia los británicos y a pesar de los términos de
posteriores tratados fue eventualmente devuelta a Dalmacia, los
montenegrinos nunca han olvidado nuestra buena acción hacia
ellos en esa ocasión. Desde entonces otras baterías han sido
construidas sobre esas montañas, era mi misión investigar sus
posiciones, fuerza y armamentos.
Fui armado para este propósito con las armas
más efectivas, que me sirvieron bien en campañas similares.
Llevé un cuaderno para dibujar, en el cual había numerosos
dibujos -algunos terminados, otros parcialmente hechos- de
mariposas de cada jerarquía y clase, desde un "Almirante
Bermellón" a un "Retrato de Dama".
Llevando este cuaderno, caja de colores y una
red para mariposas en mi lado, estuve por encima de toda sospecha
para cualquiera que me encontrara en la ladera solitaria de las
montañas, incluso en el área de los fuertes.
Estaba cazando mariposas, siempre fue una buena
excusa para aquellos que me veían con suspicacia. Muy
francamente, con mi libro de dibujos en la mano, preguntaría
inocentemente si habían visto tal tipo de mariposa por los
alrededores, porque ansiaba atrapar a una. Noventa y nueve de
cada cien no distinguían una mariposa de otra -nadie mas que yo
lo haría- así que uno iba en terreno seguro de esa manera y
ellos por lo general simpatizaban con el loco inglés que quería
cazar estos insectos.
Nunca vieron
suficientemente cerca. dentro de los dibujos de las mariposas,
para darse cuenta que los delicados dibujos de las venas de las
alas eran representaciones exactas, en plano, de su propio fuerte
y que los puntos en las alas significaban el número y posición
de las armas y sus diferentes calibres.
En otra ocasión descubrí una manera sencilla
de disfrazarse yendo como pescador en el país que quería
examinar. Mi misión era encontrar algunos pasos en las montañas
y reportar donde fuera factible para el paso de las tropas. Por
lo tanto vagabundeé y remonté varias corrientes que guiaban
sobre los montes, y tranquilamente pescando pude hacer una
inspección a toda el área. Pero en una
ocasión un campesino se nombró m¡ guía e insistió en estar
pegado a mi toda la mañana, mostrándome dónde pudiera ser
practicada la Pesca. Yo no era, de hecho, muy pescador en ese
momento, no tenía ningún deseo de sacar peces y mis avíos
estaban muy destartalados para este
propósito. Vapuleé el agua asiduamente con una
mosca imposible, sólo para mantener la atención del hombre de
mi trabajo real, con la esperanza de que eventualmente se cansara
y se fuera. Pero no lo hizo, por un largo tiempo me observó con
el mayor interés e incidentalmente entendí que no sabía nada
acerca de la pesca con mosca pero tenía un mejor sistema de
obtener los peces juntos antes de arrojar un gusano o babosa
entre ellos. Procedió a demostrar entonces su
sistema que consistía en escupir dentro del agua. Esto
ciertamente atraía o alejaba a los peces, y entonces él dijo
que si hubiese tenido un gusano hubiera podido sacar cualquier
número. Poco a poco me deshice de él mandándolo a hacer
cualquier cosa y mientras estaba lejos me esfumé y escalé sobre
la sierra hacia otro valle.
Capítulo
VII
CÓMO
SE DISFRAZAN LOS ESPIAS
El espionaje
brinda una constante tensión nerviosa y mental, en virtud que
envuelve una muerte certera por un paso en falso en la guerra o
encarcelamiento en la paz. El gobierno promete no dar su ayuda a
cualquiera de los que le sirvan si es capturado. Es advertido de
no guardar apuntes, no confiar en nadie, llevar disfraces si es
necesario y arreglárselas por sí mismo enteramente.

El hecho de
disfrazarse no es un maquillaje teatral como el ser capaz de
asegurar unas características totalmente diferentes en la voz,
en las maneras, especialmente en el caminar y en la apariencia
posterior. Un hombre puede llevar un maravilloso disfraz de
frente, pero ser inmediatamente reconocido por un ojo entrenado
desde atrás. Este es un punto que es frecuentemente olvidado por
los principiantes, aunque es de los más importantes. La 1ª y 3a
figuras muestran un disfraz efectivo en el frente, pero la 2a
figura, en una vista posterior, muestra cuán fácilmente puede
ser el hombre reconocido por una persona a sus espaldas. El 4º y
el 5º muestran, por medio de líneas punteadas, cómo la
"vista posterior" puede ser alterada cambiando de ropa
y de porte.
El
hecho de disfrazarse no es tanto un maquillaje teatral -aunque
esto es indudablemente un arte útil- como ser capaz de asumir
una identidad totalmente diferente, cambiar de voz y de maneras,
especialmente en el porte al caminar y en la apariencia desde la
espalda. Este punto es frecuentemente olvidado por los
principiantes, aunque es uno de los más importantes. Yo fui en
un tiempo observado por un detective que un día parecía del
tipo marcial y al día siguiente un inválido con un parche sobre
un ojo. No podía creer que era el mismo hombre hasta que le
observé de espaldas y vi su caminar, cuando al momento su
individualidad era aparente.
Por maneras, un espía tiene por práctica el
Poder mostrar un impedimento en su habla un día mientras que, en
el siguiente, un tic nervioso en un párpado o un gangueo en la
nariz, lo hará parecer un ser totalmente diferente. Para un
cambio rápido, es maravillosa la diferencia hecha simplemente
alterando tu sombrero y corbata. Es usual para una persona enviar
a otra a tornar nota de su corbata, probablemente de su sombrero
y de nada más, por eso es útil cargar una corbata y gorra
totalmente diferentes de aquellas que estás vistiendo, listas
para el cambio inmediato para escapar sin ser reconocido unos
minutos después.
Aprendí esto siendo entrevistado hace algunos
años en una estación ferroviaria. Unos minutos después pasé
la prueba rigurosa acercándome a m¡ entrevistador cuando él
estaba comentándole el incidente a un hermano periodista, quien
también estaba impaciente por encontrarme: "El está por
aquí, en uno de los últimos carros del tren. Lo reconocerás de
inmediato porque lleva un sombrero verde Homburgo, una corbata
roja y un abrigo negro".
| Esta ilustración muestra cómo el escritor
pudo disfrazarse en muy poco tiempo cuando observó que
era reconocido en una estación de trenes. El 1er. dibujo
lo muestra como entró a la sala de espera. Poco después
sus sospechas se despertaron. La 2ª lo representa a su
salida unos minutos después. El disfraz aunque parezca
simple, fue completamente exitoso. |
 |
Afortunadamente
tenía un gabán gris en mi brazo, en el cual estaba una gorra de
viaje y una bufanda. Precipitándome dentro de la sala de espera,
efectué un "cambio rápido", metí m¡ sombrero en mi
bolsillo, y anduve balanceándome de una manera inválida, hacia
m¡ carro. Volvía entrar de frente al reportero sin ser
sospechoso; hace poco tuve el placer de ser presentado a él sin
ser reconocido.
En una ocasión reciente, a mi saber, un hombre
era cazado dentro de una calle posterior que era un callejón sin
salida. Él se metió por la puerta de un almacén y subió
algunos escalones esperando encontrar refugio, pero, al no
encontrarlo, regresó y volvió a bajar y enfrentó a la multitud
que le esperaba afuera, sin saber a qué casa había entrado.
Asumiendo una cojera extrema en una pierna,
encorvando un hombro y, metiéndose a la fuerza su sombrero sobre
una cara distorsionada, él pudo librarse audazmente de ellos sin
que ninguno pudiera descubrir su identidad.
En consideración a los disfraces, el cabello
en la cara -como bigote o barba- son muy usados para alterar la
apariencia del hombre pero éstos son perfectamente inservibles
al ojo entrenado de un detective a menos que las cejas se cambien
de alguna manera.

Otra manera de
cómo un disfraz efectivo puede ser asumido en un momento de
urgencia. Este disfraz fue hecho en dos minutos.

El
uso del cabello para disfrazar la cara es inútil
a menos que las cejas cambien considerablemente.
La frente y la nuca son factores tremendamente
importantes en el arte de disfrazarse.
El 2ndo. dibujo muestra el efecto de
"improvisar" las cejas en la cara de la
izquierda, y también levantar el cabello en la
frente, mientras que el 3er. dibujo muestra la
diferencia de la edición de una barba y cabello
extra sobre la nuca.
Recuerdo
haber conocido a un hombre en las praderas de Sudáfrica
bronceado y barbado, que vino hacía mí y me dijo que había
estado en la escuela con alguien con mi nombre. Como él empujó
hacia atrás su sombrero sobre su cabeza reconocí de inmediato
la frente que había visto en Charterhouse hacía 25 años antes,
el nombre y el apodo surgieron de inmediato de mis labios.
"¡Conque tú eres Liar Jones!", -exclamé-, él dijo:
"m¡ nombre es Jones, pero no estaba al tanto del
"Liar".
"Para alterar tu cara debes recordar que
las cejas improvisadas alteran la expresión de la cara más que
cualquier barba, afeitado, etc. Los tatuajes pueden ser pintados
sobre las manos o los brazos, para ser lavados cuando cambies tu
disfraz...
El disfrazarse se hace, por los principiantes,
casi invariablemente al frente y no atrás... Antes de intentar
ser un espía... atrapa a un espía y así aprenderás qué
faltas evitar, corno probablemente el rendirte."
Una vez que me cayó de golpe vivir como
plomero en South East Londres, me dejé una pequeña barba tipo
"cabra", que estaba muy de moda entre los hombres de
esa clase, por ese tiempo.
Un día, caminando por el club naval y militar
en Piccadilly en mi traje de trabajo, pasé frente a un viejo
amigo, un mayor en la artillería de la caballería y casi sin
pensar lo abordé por su apodo del regimiento. Él miró
fijamente y se quedó estupefacto, entonces supuso que había
estado en su batería y sus ojos no podían creerlo cuando le
revelé mi identidad. Nunca fui sospechoso por aquellos entre los
que pasé y con quien intimé.
Tenía
nominalmente lastimado mi brazo en un accidente y lo llevaba en
un cabestrillo, siendo así incapaz de trabajar, o lo que era una
bendición, reunirme en pleitos en los cuales se veían envueltos
mis amigos. Mi compañero especial, un carpintero llamado Jim
Bates. Le perdí el rastro por algunos años y la siguiente vez
que lo vi, era uno de una multitud en una revista en Aldershot,
cuando estaba de lleno como oficial de Húsares. Fue difícil
persuadirlo de que yo era su amigo el plomero.
Después, cuando estaba en una misión de
reconocimiento en Sudáfrica, me dejé una barba pelirroja con un
tamaño que hubiera engañado a mi propia madre. Saliendo de la
oficina de correos de una aldea, para mi sorpresa me tropecé con
el coronel de mi regimiento, que estaba por ahí dando una
caminata. De inmediato -para probar mi disfraz- lo abordé con un
jovial "¡hola, coronel, no sabía que estuviera
aquí!", se volvió a verme y me miró fijamente por un
minuto o dos, y entonces contestó ofendido que no sabía quién
era yo. Como él no parecía creer, seguí mi camino; ¡sólo
unos meses después le recordé de nuestro encuentro!
EL DEPORTE DEL ESPIONAJE
Indudablemente
el espionaje sería un deporte intensamente interesante incluso
sin obtener grandes resultados de él. Hay una fascinación que
aferra a todo aquel que ha intentado este arte. Cada día trae
nuevas situaciones y condiciones requiriendo del cambio rápido
de acción y originalidad para enfrentarlas.
Aquí hay algunos casos de experiencias
actuales. Ninguna de éstas son algo fuera de lo común, son
simplemente el quehacer diario de un agente promedio, pero éstos
podrían explicar el valor deportivo de este trabajo. Uno de los
rasgos atractivos de la vida de un espía es que tiene, en
ocasiones, que ser un verdadero Sherlock Holmes. Él tiene que
notar el más pequeño detalle, cosas que muy probablemente
escaparían al ojo sin entrenamiento, entonces él tiene que
poner esto y lo otro juntos para deducir un significado de ello.
Recuerdo
una vez que llevaba a cabo un reconocimiento secreto en
Sudáfrica; atravesé una granja de la cual el dueño estaba
ausente al momento de mi llegada. Tuve que ir lejos y hubiera
tenido que ir más pero no di con ninguna habitación, pues
estaba buscando un alojamiento por esa localidad.
Después de descargar mi caballo, revisé los
cuartos para ver qué tipo de hombre era el que la habitaba.
Sólo fue necesario echar un vistazo en su habitación, en esa
destartalada cabaña para darme cuenta que su tipo concordaba con
el lugar: en un vidrio, en la repisa de la ventana, había dos
cepillos dentales. Deduje que era un inglés de hábitos limpios
y que lo hizo por mí como si fuera su huésped. ¡no estaba
equivocado en mi hipótesis!
EL
VALOR DEL JUEGO DEL
ESCONDITE
El
juego del escondite es uno de los mejores para el muchacho, y
puede ser perfeccionado hasta que se vuelva exploración en el
campo. Te enseña mucho. Era un fanático de él cuando era
niño, y la destreza aprendida en ese inocente campo del deporte
me ha sido muy útil en muchas situaciones críticas. Echarme en
un surco entre los arbustos de grosellas cuando no tenía tiempo
para tocar la colindante maceta antes de que el que me perseguía
viniera y me enseñara el valor de no usar la cubierta más
obvia, desde entonces sería de inmediato buscado. Los cazadores
iban prestos a los maceteros como sitio probable, mientras yo
podía ver sus movimientos desde el suelo entre los tallos de los
arbustos de grosellas.
Frecuentemente he visto exploradores hostiles
buscando las pistas superficiales, pero ellos no me encontraron
allí; y como el cazador de elefantes entre los árboles de
helecho, o un cerdo en una cosecha de algodón, así un chico en
los arbustos de grosellas es invisible al enemigo, mientras pueda
observar cada movimiento de las piernas del enemigo.
Esto lo encontré
de valor cuando fui perseguido por la policía militar montada
que sospechaba de mí, de ser un espía en unas maniobras en el
extranjero. Después de una rara persecución trepé sobre un
muro y caí dentro de un huerto de árboles frutales bajos.
Allí, agachándome en una zanja, observé las piernas de los
caballos de los gendarmes mientras ellos barrían la plantación,
y, cuando ellos se apartaron de mí, me arrastré hacia el bando
de un canal de agua profunda que formaba uno de los bordes de la
cerca. Allí encontré un pequeño puente de tablones por el cual
pude cruzar, pero antes de hacerlo aflojé el cabo cercano y
pasé por arriba, arrastrando la tabla tras de mí.
En el extremo lejano al país estaba abierto, y
antes de haberme ido los gendarmes me espiaron; después de un
vistazo rápido, huí a galope al puente más cercano, alejado
media milla, repentinamente regresé, reemplacé mi puente y
recusé el arroyo arrojando la tabla dentro del río, e hice m¡
camino pasando la villa a la siguiente estación bajo la línea,
mientras montados seguían cazándome en el lugar erróneo.
Otro secreto que uno aprende en el juego del
escondite, es colocarse sobre el nivel de los ojos del cazador, y
a "congelarse", esto es, permanecer tieso sin hacer un
movimiento y aunque no es un encubrimiento actual, ustedes son
muy aptos para escapar observando cómo hacerlo.
Lo descubrí hace mucho estando acostado a lo
largo de una enredadera en una pared cuando mis perseguidores
pasaron a pocos pies de mí sin voltear a verme hacia arriba. Lo
puse a prueba después sentándome en un terraplén a lado del
camino, justo sobre la altura de un hombre, pero tan cerca que
hubiera podido tocar a un transeúnte con una caña de pescar; y
ahí me senté sin ningún encubrimiento y conté 54 caminantes,
de los cuales no más de 11 me notaron.
Capítulo
VIII
EXPLORANDO
UN ASTILLERO EXTRANJERO
El
conocer este hecho fue útil en uno de mis viajes de
investigación. Dentro de un gran muro alto hay un astillero en
el cual, se rumoraba, había sido erigida una nueva central
eléctrica y posiblemente una dársena seca estaba en
preparación.
Era temprano en la mañana; las puertas
acababan de ser abiertas, los trabajadores comenzaban a llegar y
muchos carros de materiales esperaban para entrar. Calculando la
oportunidad de que las puertas fueran abiertas, di un vistazo
rápido, como cualquier caminante ordinario lo liaría. Fui
inmediatamente arrojado por el policía en servicio en la garita.
No fui muy lejos, Mi intención era entrar de
alguna manera y ver lo que pudiera. Observé al primero de los
carros entrar y noté que el policía estaba atareado hablando
con el vagonero en jefe, mientras el segundo empezaba a pasar a
través de la puerta. En un momento salté al lado de él en el
lado opuesto al portero, y pasé adentro y continué caminando
con el vehículo que dobló a la derecha y giró alrededor del
nuevo edificio en construcción. Entonces noté a otro policía
enfrente de mí por lo que conservé mi posición al lado del
carro readaptando su tapa para así evitarlo.
Desafortunadamente, al rodear la esquina era
espiado por el primer policía que inmediatamente comenzó a
gritarme (ver mapa). Yo estaba sordo a sus reparos y caminé tan
despreocupadamente como un culpable hasta que encontré la
esquina del nuevo edificio entre él y yo. Entonces yo,
honestamente, me enganché a lo largo de la parte posterior del
edificio y rodeé la esquina lejana de él.

La
línea punteada en este plano muestra mi ruta.
Las figuras pequeñas son los policías
buscándome.
Tan
pronto lo hice, vi por el rabillo de mi ojo que él venía
corriendo tras de mí y llamaba al segundo policía en su ayuda.
Me lancé como un animal alrededor de la siguiente esquina fuera
de la vista de ambos policías y busqué algún método de
escape.
El andamio de la casa nueva apilado sobre mí,
tenía una escalera sobrepuesta. Actué como un faro, aguzando un
ojo en la esquina del edificio para no ser seguido, Estaba a
medio camino arriba cuando doblando la esquina salió uno de los
policías. De inmediato me "congelé". Estaba como a 15
pies sobre el nivel del mar y a no menos de 20 yardas de él.
Él, indeciso, con sus piernas separadas, miraba atentamente de
lado a lado en todas direcciones para ver dónde había ido, muy
ansioso y cambiándose de un lugar a otro. Yo estaba igualmente
ansioso pero inmóvil.
Luego se acercó a la escalera y,
extrañamente, me sentí más seguro cuando estuvo debajo de mí
y casi me pasó por debajo, viendo atentamente a los corredores
de las puertas del inacabado edificio. Entonces dubitativamente
volteó y miró hacia una nave detrás de él, pensando que pude
haber ido ahí; finalmente se alejó corriendo hacia la siguiente
esquina del edificio. Al momento que desapareció terminé de
subir la escalera para llegar con seguridad a la plataforma del
andamiaje. Los trabajadores todavía no entraban al edificio,
así que tuve todo el lugar para mí solo. Lo primero que hice
fue buscar otra escalera como una línea de escape en caso de ser
perseguido. Siempre es bueno tener una puerta trasera en tu
escondite, ése es uno de los datos esenciales en la
exploración.
Después
encontré una pequeña escalera que llevaba de mi plataforma
hacia el tramo inferior, pero no llegaba al suelo. Mirando
silenciosamente sobre el andamiaje, vi abajo a mi amigo el
policía buscando por el lado equivocado. Di gracias a mi buena
estrella de que él no fuera un rastreador, y de ese modo no haya
visto mis pisadas guiando hacia la escalera. Entonces procedí a
tomar nota de los alrededores y reunir la información. Juzgando
por el diseño del edificio, sus grandes chimeneas, etc., me
encontraba en la nueva central eléctrica. Desde m¡ lugar tenía
una excelente vista del astillero, a menos de 100 pies de donde
estaba se encontraban los trabajos de excavación del nuevo
muelle, cuyas dimensiones pude fácilmente estimar. Saqué m¡
brújula-prismático y rápidamente tomé las marcaciones de dos
puntos conspicuos en los montes vecinos y así determiné la
posición que podría ser marcada en un mapa a gran escala para
propósitos de bombardear el lugar, si así se deseara.
Mientras tanto, mi perseguidor se había
reunido con el otro policía; ellos estaban en cerrada
confabulación justo debajo de mi, donde pude observarlos a
través de una grieta entre dos de las tablas del suelo. Ellos
evidentemente habían llegado a la conclusión que no estaba en
la central eléctrica ya que el interior estaba totalmente
abierto a la vista y ellos habían hecho una buena inspección
dentro de ella. Su siguiente paso fue examinar los artículos de
la nave cercarla, que estaba evidentemente lleno de maderos para
construcciones, etc.
Un policía entró mientras que el otro
permaneció afuera en la línea que yo probablemente tomaría
para escapar, esto es, entre la nave y el muro que lleva a la
entrada. Por accidente, más que por premeditación, quedó cerca
del pie de mi escalera cortando así mi retirada en esa
dirección. Mientras ellos estuvieron así ocupados dejaron la
puerta indefensa, pensé que era una oportunidad demasiado buena
para perderla, así que, regresé a lo largo del andamio hasta
encontrar la pequeña escalera, descendí por ella hasta la
planta inferior, viendo que no estaba ninguno de los policías,
rápidamente me deslicé por uno de los tubos del andamiaje y
aterricé a salvo en el suelo, cerca de la gran chimenea del
edificio.
Aquí estaba fuera de vista, aunque no lejos
del policía que cuidaba la escalera, manteniendo la esquina del
edificio entre nosotros, me alejé por detrás de la caseta del
guardia, Y entonces me deslicé fuera sin ser visto.
Capítulo
IX
ESPIANDO
A LAS TROPAS ALPINAS
Una
vez estuve en un país donde sus tropas alpinas fronterizas se
decía que eran maravillosamente eficientes, pero nadie sabía
mucho acerca de su organización o equipo o sus métodos de
trabajo, así que se me envió para ver si podía encontrar
alguna información acerca de ellos. Me interné en sus montañas
al tiempo que desarrollaban sus maniobras anuales; encontré
numerosas tropas acuarteladas en los valles y alojadas en todas
las aldeas. Pero todas estas tropas parecían ser del tipo
ordinario: infantería, artillería de la línea, etc. La
artillería estaba provista de trineos con los cuales los hombres
podían llevar las armas arriba de las laderas de las montañas
con cuerdas, la infantería estaba dotada con piolets para
ayudarlos a pasar caminos en malas condiciones. Por algunos días
observé las maniobras, pero no vi nada interesante qué
reportar.
Entonces, una tarde al pasar una villa donde se
habían alojado, vi un nuevo tipo de soldado viniendo con tres
mulas cargadas. Él evidentemente pertenecía a aquellas fuerzas
alpinas de las que, a lo lejos, yo no había percibido. Entré en
conversación con él y descubrí que había bajado de las zonas
más altas para obtener provisiones para su compañía que estaba
en lo alto, entre los picos nevados y enteramente fuera del
alcance de las tropas que maniobraban en las cuestas inferiores.
Él accidentalmente me dijo que la fuerza a la que pertenecía
era una muy grande, compuesta de artillería e infantería y que
estaban buscando entre los glaciares y las nieves a otra fuerza
que venía en su contra, y ellos esperaban entrar en contacto con
sus enemigos al día siguiente. Entonces me indicó toscamente la
posición en que su fuerza estaba vivaqueando esa noche, al lado
de un pico alto llamado el "Diente del Lobo".
Compadeciéndome
de él por su difícil trabajo que tenía que pasar y
sugiriéndole caminos imposibles por los cuales pudiera escalar,
él eventualmente me dijo la dirección exacta de qué vereda
tomar, reconocí que sería posible llegar allí durante la noche
sin ser visto.
Después del anochecer, cuando mi casero pensó
que estaba seguro en la cama, silenciosamente me alejé hacia la
ladera de la montaña donde estaba el "Diente del Lobo"
frente a un cielo estrellado que me guiaba como un espléndido
punto de referencia. No hubo dificultad en pasar a través del
pueblo con sus grupos de soldados paseando fuera de servicio,
pero en los caminos de salida había muchos centinelas apostados,
y sentí que ellos difícilmente me dejarían pasar sin preguntar
quién era y adónde iba.
Así que desperdicié un tiempo considerable
evadiéndolos y fui afortunado, al fin, al descubrir un canal de
tormentas canalizando agua entre altas paredes a una abrupta
orilla dentro de un huerto, por el cual pude deslizarme sin ser
visto por los centinelas que guardaban el frente de la aldea.
Ascendí por veredas y por huellas de cabras que pude encontrarme
en la dirección deseada. Fallé en encontrar el camino de mulas
indicado por mi amigo el conductor, pero con el "Diente del
Lobo" delineándose sobre mi frente a las estrellas, sentí
que no podía ir mal, lo cual comprobé finalmente.
Fue una larga y penosa ascensión, pero justo
cuando el amanecer comenzó a iluminar el cielo oriental me
encontré a salvo sobre la cresta, el centelleo de numerosas
fogatas me mostraron dónde se encontraba vivaqueando la fuerza
que había venido a ver.
Tan pronto amaneció, las tropas empezaron sus
movimientos después de un café mañanero, estaban empezando a
esparcirse alrededor de las laderas de las montañas, tomando
posiciones listos para defender o atacar, así que tan pronto se
iluminaba más me apresuré a encontrar un pequeño y cómodo
montículo para mí, desde el cual esperaba poder ver todo lo que
pasaba sin ser descubierto; por un tiempo todo salió
particularmente bien.
Las tropas se desplazaron en todas direcciones.
Vigilantes con telescopios estaban apostados para espiar a los
montes vecinos, entonces pude ver dónde estaba reunido el
personal de los cuarteles para discutir la situación.
Gradualmente se acercaron a la posición que yo ocupaba y se
dividieron en dos partidas, la del general permaneció donde
estaba, mientras la otra venía en la dirección al montículo en
que me encontraba. Entonces para mi horror algunos de ellos
empezaron a ascender mi bastión.
De inmediato me
paré y no hice más esfuerzos por encubrirme, pero saqué mi
libro de dibujos y comencé a hacer un dibujo del "amanecer
entre las montañas". Muy pronto fui descubierto, uno o dos
oficiales se me acercaron y entrarnos en conversación
evidentemente ansiosos por descubrir quién era y qué asunto me
llevaba ahí.
Mi lema es que con una sonrisa y algo de
perseverancia atravesarás cualquier dificultad, la perseverancia
no era obviamente política en esta ocasión, por lo tanto puse
una sonrisa doble y les mostré mi cuaderno de dibujos,
explicándoles que una de las ambiciones de mi vida era hacer un
dibujo del "Diente del Lobo" al amanecer.
Ellos mostraron un interés respetuoso y
entonces explicaron que su objetivo de estar ahí era el de hacer
un ataque desde el Diente del Lobo en las montañas vecinas,
asumiendo que el enemigo estuviera actualmente en posesión de
él. Por mi parte mostré un interés algo severo pero discreto
en sus procedimientos.
A menos interés que presentaba, más
entusiastas se mostraban en explicarme asuntos, hasta que
eventualmente tuve toda la escena expuesta ante mí, ilustrada
por sus propios mapas del distrito, que eran mucho más
detallados y completos que ningún otro se haya visto antes en su
tipo.
En poco tiempo entablamos amistad, ellos
tenían café que compartieron conmigo, mientras yo distribuí
mis cigarrillos y chocolates entre ellos, quienes expresaron su
sorpresa de que haya escalado tan temprano, pero estuvieron muy
satisfechos cuando les dije que venía de Gales, y de inmediato
sacaron la conclusión de que era un montañés y, me preguntaron
si vestía un kilt cuando estaba en casa.
A la mitad de nuestro intercambio de
civilidades se dio la alarma que el enemigo estaba a la vista, e
inmediatamente vimos a través de nuestros telescopios filas de
hombres viniendo en todas direcciones hacia nosotros sobre la
nieve. Entre nosotros y el enemigo había una profunda y vasta
garganta con pendientes casi perpendiculares, atravesadas aquí y
allá por zigzagueantes pasos de cabras.
Se les llamó a
los oficiales para describirles las tácticas de la lucha y en
unos pocos minutos el batallón y los comandantes de la
compañía estaban esparcidos estudiando con sus binoculares la
montaña opuesta, en la cual, corno me lo habían explicado en
ese tiempo, escogieron una línea ascendente para el ataque.
Entonces se dio la palabra de avance y la
infantería salió en largas filas de hombres armados con piolets
y cuerdas. Las cuerdas eran usadas para bajarse unos a otros en
sitios difíciles y para encordar a los hombres unos a otros
cuando ellos llegaban a las nieves para salvarles de caer en
grietas, etc. Pero el momento emocionante del día fue cuando la
artillería procedió a descender dentro de la garganta; las
armas eran todas cargadas en secciones sobre las mulas, también
sus municiones y piezas de recambio. En pocos minutos se
colocaron trípodes, se puso a las mulas en catapultas, armas y
animales estaban entonces más abajo uno por uno dentro de las
profundidades bajas hasta llegar prácticamente sobre el suelo.
Aquí fueron cargadas de nuevo y entraron en sus filas para
escalar las montañas opuestas, en un increíble corto espacio de
tiempo, mulas e infantería se veían como pequeñas líneas de
hormigas, subiendo por todas las veredas disponibles que se
pudieran encontrar que guiaran hacia los campos de hielo
superiores.
Los resultados de este día de maniobras ya no
me interesaron, había visto lo que había venido a buscar: las
tropas especiales con sus armas, sus suministros y arreglos de
hospital, sus métodos de movilidad en este aparentemente
imposible país, sus mapas y formas de señalización.
Todo era nuevo, todo era práctico. Por
ejemplo, al ver uno de los mapas que me mostraron, remarqué que
debería haberme encontrado en cada camino de cabras marcado,
pero el oficial replicó que no había necesidad para eso, cada
uno de sus hombres había nacido en ese valle y conocían cada
camino de cabras en la montaña. También un camino de cabras no
permanecía por más de unas cuantas semanas, o a lo más unos
meses, debido a derrumbes y a la erosión, continuamente han sido
alterados y marcarlos en un mapa llevaría a la confusión.
Capítulo
X
POSANDO
COMO UN ARTISTA
Mi
habilidad para escalar volvió a ser de uso en otra ocasión de
alguna manera similar. Un mapa me había sido enviado por mis
superiores de un distrito montañoso en el cual descubrieron que
tres fuertes habían sido recientemente construidos. Se conocía
cuál era la situación de estos fuertes pero ningún detalle
había sido averiguado tales como su tamaño o armamento.
Al llegar a la única villa en el área, pase
mis primeros días paseando y viendo por lo general a las
montañas entre las cuales se suponía que estaban los fuertes.
Mientras tanto, me puse en relación por medio de mi casero con
uno o dos deportistas locales y pregunté entre ellos la
posibilidad de una partida de caza u otro ejercicio de tiro entre
las montañas cuando llegara la temporada.
Les dije que disfrutaba acampar por unos días
al tiempo que dibujaba y cazaba en mi estancia en el país.
Pregunté sobre las posibilidades de alquilar tiendas y mulas
para carga y que me recomendaran a un buen mulero, que conociera
todos los alrededores y pudiera decirme todos los posibles
lugares que hubiera para acampar.
Eventualmente lo contraté para llevarme por un
día o dos a explorar el área para acomodar campamentos y
disfrutar de la vista. Caminarnos una distancia considerable a lo
largo de una espléndida carretera que guiaba hacia las
montañas. Tan pronto llegarnos a las partes altas él sugirió
que deberíamos dejar el camino y descender dentro de la
garganta, a lo largo de la cual podríamos ir por un trecho para
luego subir y reencontrar la carretera. Entonces me explicó que
éste era un camino militar y que sería deseable dejarlo por un
trecho, para así evitar la caseta del guardia más arriba, donde
había un centinela apostado con órdenes de no dejar pasar a
ninguno más allá de ese punto.
Nosotros
exitosamente evadimos la caseta del guardia de acuerdo a su
dirección y eventualmente nos volvimos a encontrar con la
carretera, en una posición alta a través de la cima de la
sierra; pero a nuestra izquierda, conforme progresábamos, por la
carretera había una abrupta sierra menor que procedimos a
ascender.
Cuando estuvimos cerca de la cima él me dijo
con una pícara expresión: -Ahora si ves por aquí, observarás
exactamente lo que quieres.
Y tan pronto vi y descubrí uno de los nuevos
fuertes, que era exactamente lo que quería ver esparcido ante
mis ojos como un mapa simplemente tuve que tomar un dibujo a
vista de pájaro para obtener el plano completo.
Más allá, en otra sierra descansaba otro
fuerte y, casi a mis espaldas pude ver parte del tercero,
mientras más arriba habría aun más fuertes en los cerros. Me
había metido en un nido regular de ellos. Mi posición en la
sierra me dio una espléndida vista de las montañas, y
refiriéndome a ellas dije: -Sí, en verdad, me has traído al
lugar exacto.
Pero él rió de nuevo maliciosamente,
señalándome el fuerte y dijo: -Sí, pero ésa es la mejor vista
de todas, creo.
Él parecía entender mis intenciones más
ampliamente. Abajo a lo lejos se esparcían los fuertes por los
estrechos para los que fueron diseñados para proteger las naves
que navegaban entre ellos. Comencé de inmediato a hacer un
dibujo del panorama, omitiendo cuidadosamente el lugar donde se
esparcían los fuertes, en parte para desanimar las sospechas de
mi amigo, y en parte para protegerme en caso de que me
arrestaran.
De inmediato mi compañero se ofreció a bajar
al fuerte y traer a su hermano, que, dijo, era un artillero
estacionado ahí y, podía darme cada detalle que deseara acerca
de sus armas, etc.
Esto sonaba demasiado bueno para ser verdad,
pero con la mayor indiferencia dije que me gustaría conocerlo y
fuera mi amigo. Al momento que él estaba fuera de mi vista tomé
cuidado de alejarme dentro de un kopje cercano donde pudiera
ocultarme en caso de que trajera una fuerza de hombres a
capturarme.
Desde aquí pude
hacer un muy preciso dibujo del fuerte y de sus emplazamientos de
armas en la parte interna del forro de m¡ sombrero y cuando
hubiera terminado éste me iría lo más rápido posible con el
otro dibujo para mostrar que había estado muy ocupado durante la
ausencia de mi guía.
De inmediato lo vi de regreso, pero sólo era
acompañado por otro hombre, bajé a mi posición original y los
recibí con una sonrisa.
El artillero era más comunicativo pues me dijo
todo acerca de sus armas, sus tamaños y cuál era su potencia
concerniente al rango y precisión. Me dijo que una vez al año
una vieja nave que estaba por romperse era remolcada a lo largo
detrás de un vapor bajo los estrechos, para proporcionar un
blanco a los fuertes de defensa a su paso. Él me dijo con pesar:
-Nosotros somos tres fuertes y ninguna nave ha
podido pasar exitosamente uno o dos; siempre son hundidos antes
de llegar a nosotros.- Me dio el rango exacto y el número de
rondas de fuego, que mostraba que su puntería era muy buena.
Descubrí muchos otros detalles como el número
de hombres, su alimentación y arreglos hospitalarios. Unos días
después pude regresar a casa con una buena cantidad de
información valiosa y con los buenos deseos y esperanzas de mis
muchos amigos que algún día regresaré para las partidas de
caza. Pero estoy seguro que un hombre no es aceptado por este
tipo de profesión, a diferencia de un artista o un deportista y
aquel fue el muletero.
Capítulo
XI
ENGAÑANDO A UN CENTINELA ALEMAN
En
otra ocasión quería descubrir qué valor había en el
entrenamiento con el mosquete en la infantería extranjera.
También había sido reportado que habían recientemente
adquirido una nueva forma de ametralladora que era
particularmente rápida en disparar y muy precisa en sus efectos.
Su calibre era conocido, así como su patrón general (de
fotografías), pero su capacidad real seguía siendo materia de
conjeturas.
En esta ocasión pensé que la manera más
sencilla sería ir sin disfraz. Sin ningún secreto me fui a
quedar en Garrison Towns donde esperaba conocer a uno o dos
oficiales. Conseguí presentaciones con otros oficiales y
gradualmente me volví su compañía a la hora de comer y en sus
diversiones diurnas. Ellos me llevaban en sus caballos, yo
cabalgué con ellos en sus rondas y me volví un ayudante en sus
días en el campo y en sus maniobras; pero cuando nos
acercábamos a los polígonos era siempre cortés pero firmemente
requerido para alejarme, pero que aguardara a su regreso, pues la
práctica era absolutamente confidencial. No pude obtener
información de ellos, como lo que sucedía dentro del recinto
donde se ocultaban los polígonos.
Dos de mis amigos ingleses un día se
detuvieron imprudentemente a la entrada de uno de los polígonos
y fueron inmediatamente arrestados y custodiados en la sala del
guardia por algunas horas, y finalmente se les ordenó que
abandonaran el lugar, sin obtener mucho placer de ello. Así pude
ver cuánta precaución sería necesaria. Poco a poco,
especialmente después de una de las tardes muy alegres,
sonsaqué una cierta cantidad de información tal como lo que
hacía y probablemente hace la nueva ametralladora, y cómo nunca
sus soldados podían acertar a un blanco en movimiento era la
mayor dificultad de ellos darle a uno solo. Pero más que esto,
no fue posible obtener.
De cualquier
forma, me fui a otra estación militar donde como extraño
intentaría otro rumbo. Los polígonos estaban rodeados por un
cinturón de árboles, afuera de los cuales estaba una
inescalable cerca resguardada por dos centinelas, uno al lado del
otro parecía imposible entrar o acercarse al polígono sin una
considerable dificultad.
Un día salí a pasear descuidadamente en
dirección del polígono hacia un punto alejado de la puerta de
entrada y ahí me acosté en la hierba como si fuera a dormir,
pero en realidad estaba escuchando y tomando el promedio de los
disparos por el sonido y la cantidad de aciertos por el sonido de
sus golpes al blanco de hierro. Habiendo obtenido una cierta
cantidad de datos de esta manera, me aproximé más de cerca con
la esperanza de tener una mejor perspectiva de lo que sucedía.
Mientras el centinela daba la espalda me
precipité a la cerca, y aunque no pude pasar, encontré un
entarimado a través del cual pude observar mejor lo que pasaba.
Mientras me ocupaba de esto, para mi horror el
centinela de repente se regresó sobre sus pisadas y vino hacia
mí. Pero me había preparado para tales eventualidades,
volviendo a colocar la tarima en su lugar, saqué una botella de
brandy de mi bolsillo que había traído con ese propósito. La
mitad de la cual había sido derramada sobre mi ropa, así que
cuando el hombre se acercó me encontró en estado de ebriedad,
oliendo a destilería y pródigo en ofrecerle compartir la
botella.
| El dibujo superior muestra al escritor en
un sitio tenso. Fue descubierto en cercana proximidad al
polígono por un centinela alemán. Pretendiendo estar
intoxicado y así escapar. Pero fue un escape por los
pelos. |
 |
Él
no pudo hacerme nada y por consiguiente gentil pero firmemente me
condujo al final de su ronda, me sacó y me aconsejó que me
fuera a casa, cosa que hice con gran satisfacción..
Capítulo
XII
UN ESPIA ES SUSPICAZ
La
práctica del espionaje tiene una desafortunada tendencia: te
enseña a no confiar en nadie, incluso en un posible benefactor.
Un país extranjero había recientemente manufacturado una nueva
forma de arma de campo la cual era experimentada en pruebas
secretas, que eran dirigidas en una de sus colonias para evitar
ser observados. Se me envió para descubrir las características
de esta arma. Al llegar a la colonia encontré que una batería
de nuevas armas llevaban a cabo experimentos en un punto distante
a lo largo de la vía férrea.
El lugar era por todas las descripciones
simplemente una estación del camino, con ninguna villa cercana,
así que sería difícil quedarse ahí sin ser notado de
inmediato. El horario, sin embargo, mostraba que el tren de día
ordinario se detenía ahí por media hora para cambiar de
máquinas, así que resolví que podía hacer en el espacio de
tiempo permitido.
Progresamos lenta pero felizmente en el tren
local deteniéndonos en cada pequeña estación. En una de esas
granjas coloniales entró m¡ carro y fingí enfermedad
aparentando dolor, así que entramos en conversación sobre el
campo y la cosecha.
Al fin llegamos a la estación donde sé decía
que estaban las armas. Afanosamente viendo desde la ventana, se
podrán imaginar m¡ gozo cuando vi inmediatamente afuera de la
estación toda la batería de armas estacionadas.
Todos bajaron del tren para estirar sus piernas
y no perdí un momento en apresurarme a través de la estación y
caminar para tener un acercamiento de lo que había venido a ver.
El centinela de
las armas estaba al otro lado de donde me encontraba por lo que
pude tener una muy buena vista de las recámaras y de otras cosas
antes de que se acercara a mi lado, pero muy pronto notó mi
presencia y, no sólo vino él, sino que le gritó a otro hombre
a quien no tenía lejos de vista, tras una esquina de la pared de
la estación.
Este era el cabo de la guardia quien se
apresuró hacia mí y comenzó a insultarme por estar allí sin
permiso. Traté de explicar que era simplemente un inofensivo
pasajero del tren que había salido a estirar las piernas y no
había notado sus viejas y oxidadas armas. Pero él rápidamente
me ahuyentó hacia la estación.
Me dirigí de nuevo al carro, saqué mis
binoculares y continué mis investigaciones desde el interior del
carro, donde tenía una muy buena vista de las armas afuera de la
estación y pude anotar bastante información pintada en ellas
como su peso, calibre, etc, De repente en medio de mis
observaciones encontré que la vista se obscurecía y, alzando la
vista, descubrí la cara atenta del cabo frente a mí: me había
atrapado en el acto. Pero nada más pasó en el momento.
Mi amigo el granero había regresado
inmediatamente a su lugar, sonó el silbato y el tren avanzó.
Cuando resumí la conversación con el
colonizador remarqué su aspecto enfermo y le pregunté acerca de
su salud. El pobre hombre, con lágrimas bajándole por las
mejillas, me confesó que no era una enfermedad corporal, sino
preocupación mental la que le causaba tal ansiedad.
Él había fallado completamente en su intento
de hacer una granja exitosa y se encontraba en el tren con la
idea de cortarse la garganta, y lo hubiera hecho de no haber
estado yo allí para prevenirlo. La vida había acabado para él
y no sabía qué hacer. Comencé a hablarle acerca de sus
pérdidas y le ofrecí sugerencias basadas en la experiencia de
un amigo que también era granjero en ese país, que por 10 años
había fallado hasta hallar el método correcto en el onceavo
año y, estaba haciendo ahora de su negocio un gran éxito.
Esto puso
de inmediato esperanza a mi volátil compañero. Se animó y, se
puso de buen humor y reservado. Finalmente me dijo: "Usted
me ha hecho una buena acción. Haré algo por usted. Sé que es
un espía alemán y que va a ser arrestado en la estación donde
se detenga este tren por la noche. Usted fue descubierto por un
oficial fuera de servicio en la última estación y, mientras
estaba en la oficina de telégrafos, entró y envió un telegrama
al comandante de la estación terminal, reportando que un espía
alemán había estado examinando las armas y estaba viajando por
este tren en este carro".
Me reí de inmediato ante el error en que se
había caído, le expliqué que no era un alemán del todo. Él
replicó que eso no me serviría; sería arrestado de la misma
forma que si terminaba la jornada.
Pero me sugirió: "saldré en la siguiente
estación para ir a m¡ granja y, m¡ consejo para usted es
también bajarse ahí. Encontrará una buena posada donde puede
descansar por la noche y mañana en la mañana el tren matutino
lo llevará a través de la vía despejada, donde esta noche el
comandante militar lo estará buscando."
Le repliqué que, como inglés, no tenía que
temer y que seguiría.
En la siguiente estación él se bajó y
después de una afectuosa despedida, continué, pero había otra
estación entre ésta y la de la parada nocturna. Cuando llegué
ahí tomé el consejo de mi amigo. Me salí y pasé la noche en
la pequeña posada del lugar. Siguiendo su consejo, tomé el
primer tren de la mañana siguiente y atravesé el lugar por
donde me habían estado buscando. Cuando mi amigo me invitó a
bajar en su estación no lo hice porque creí que su invitación
era simplemente una trampa para probar si yo era un espía; tuve
que aceptarlo, no dudando que él tendría amigos a la mano para
arreglar mi arresto. Como así fue, me alejé ileso con toda la
información que quería acerca de la nueva arma.
Capítulo
XIII
BURLANDO A UN CENTINELA TURCO
Un
nuevo gran fuerte turco había sido recientemente construido y mi
misión era obtener alguna idea de su plano y construcción.
Desde mi posada en el pueblo recorrí temprano una mañana antes
del amanecer, esperando no encontrar centinelas en pie, para
poder tomar los ángulos necesarios y medir a pasos las bases
deseadas para así delinear un plano bastante preciso.
En alguna extensión había tenido éxito
cuando vi entre las dunas a otro sujeto viendo en varias
direcciones y me pareció que intentaba seguirme. Esto era muy
amenazador; pasé parte de mi tiempo intentando evadir a este
"cazador", imaginando necesariamente que era de la
guardia intentando mi captura.
Evadiéndole, infortunadamente, me expuse más
de lo usual a la vista desde el fuerte, e inmediatamente fui
visto por uno de los centinelas. No entendía su lengua, pero
pude comprender sus gestos bastante bien cuando presentó su
rifle y deliberadamente me apuntó. Esto me llevó a tomar un
refugio tan pronto como pudiera tras una duna, donde me senté y
me esperé un tiempo considerable para permitir que los ánimos
se calmaran.
Inmediatamente, a quien vi deslizándose
alrededor de la esquina de la duna era a mi amigo el
"cazador". Era demasiado tarde para evitarlo y al
momento que me vio pareció desear irse, más que arrestarme.
Reconocimos mutuamente el temor del uno por el otro, y por lo
tanto nos reunimos con una cierta cantidad de timidez en ambos
lados.
Sin
embargo, entramos en conversación en francés y muy pronto
descubrí que, aunque representábamos diferentes nacionalidades,
estábamos en el mismo juego de hacer un plano del fuerte. Por lo
tanto unirnos nuestras fuerzas y tras una duna compararnos la
información que habíamos obtenido, entonces trazó un pequeño
plano con el cual completé todo el esquema.
Mi amigo tomó su lugar en una posición
prominente dándole la espalda al fuerte y, comenzó a fumar, con
apariencia indiferente al trabajo de defensa tras él. Esto
estaba destinado a atrapar la vista del centinela y distraer su
atención mientras me deslizaba y arrastraba para darle la vuelta
al otro lado de la fortificación, donde yo podía completar
nuestra medición en todos sus detalles.

El
dibujo muestra cómo nos las arreglamos otro
espía y yo para obtener dibujos de un fuerte
completamente bajo los ojos de un centinela. El
espía a la derecha del cuadro no hace nada más
que atraer la atención del centinela mientras
que en la izquierda del cuadro estoy haciendo los
dibujos necesarios.
Era
tarde esa noche cuando nos vimos en el cuarto del
"cazador", completarnos los trazos y finalizarnos los
dibujos, cada uno tomando su copia para sus propios cuarteles.
Después de un día o dos tomamos un vapor hacia Malta, donde
habríamos de partir de regreso a casa; él rumbo a Italia.
Como ambos
teníamos que esperar un día o dos en Malta, actué como
anfitrión con él durante su estancia. Cuando entramos en la
bahía le señalé las grandes amas de 110 toneladas que en ese
tiempo protegían la entrada y que era visible para cualquiera
con dos ojos en su cabeza. Le señalé otras varias interesantes
baterías que eran igualmente obvias, pero omití mencionar otras
partes que hubieran sido de mucho mayor interés para él.
Sin embargo, él salió de Malta con la idea
que, del todo, había hecho un buen trabajo para su gobierno
yendo allá. Y convencido de su suerte en obtener algo muy bueno
de algo tan sencillo como el paseo que le di.
Fue mi
buena fortuna el verlo unos años después, cuando tal vez sin
querer me regresó el cumplido que le había hecho en Malta. Él
estaba entonces a cargo de un gran arsenal en una de las colonias
de su país. Este estaba situado en una ciudadela posada sobre
una alta cadena montañosa con un río rápido fluyendo alrededor
de la base.
Mis órdenes para ese entonces eran intentar y
descubrir cualquier organización existente en esta colonia para
movilizar a los nativos como una reserva; deberían las tropas
regulares ser llamadas para la acción a otra parte. También si
hubiese cualquier medio arreglado para armar a esos nativos, si
era así, de qué manera y en qué cantidad.
Sabiendo que mi amigo estaba acuartelado en el
lugar, lo visité corno un primer paso, sin un plan definitivo en
mi mente de cómo iba a obtener la información. Él fue lo
suficientemente amable para llevarme a un paseo de inspección
alrededor de la ciudad, río abajo, y arriba en la ciudadela.
Por un golpe de suerte tuve la idea que la
ciudadela debería ser iluminada por luz eléctrica debido al
poder del agua producido por el torrente inferior que podría
trabajar como un dinamo a un costo muy bajo si era propiamente
diseñado. Esto estaba tanto en mis pensamientos que, cuando
atravesamos las barracas y edificios en el fuerte, continué
señalando cuán fácil y económicamente podrían ser alambrados
e iluminados los diversos lugares. Y gradualmente lo persuadí de
que era mi asunto que debería tratar y sugerir a su superior.
Finalmente, cuando él había visto casi todo,
mi amigo remarcó: "Supongo que no te molestará ver dentro
del arsenal, es parecido a muchos otros que has de haber visto
antes." Le aseguré que me interesaría mucho; de hecho, era
esencial para formarme una estimación aproximada para la
iluminación; así que me llevó dentro.
Ahí estaban, galería tras galería llenas con
estanterías de armas, todas bellamente cuidadas, sobre la puerta
de cada cuarto estaba el nombre de la tribu y el número de
hombres que podían ser movilizados en la eventualidad de ser
requeridos, el número de armas y la cantidad de municiones que
estaban disponibles para cada uno.
Después de
llevarme a través de dos o tres cuartos, dijo: "hay, muchos
más como éstos, pero probablemente has visto suficiente."
Exclamé con vehemencia que debería ver los otros para así
juzgar el esquema de la iluminación eléctrica. Si había muchos
cuartos más sería necesario un dinamo extra grande, por lo
tanto un gasto mayor, pero esperaba que debido a la economía en
el número de lámparas pudiéramos mantener abajo del estimado
original que había pensado.
Así que fuimos laboriosamente a través de
todos los cuartos, viendo los lugares donde las lámparas
podrían ser más económicamente dispuestas, le hice cálculos
con lápiz y papel, que le mostré a él, mientras apuntaba en el
puño de mi camisa los nombres de las tribus y la otra
información requerida por mis superiores en casa.
El armamento de los auxiliares nativos, su
organización y, números fueron así comparativamente fáciles
de descubrir, gracias a ese pequeño golpe de suerte el cual se
repetiría seguido en darme éxito ya sea en el Escultismo o en
el Espionaje.
Pero un trabajo más difícil era descubrir el
valor de la lucha práctica de tal gente.
Capítulo
XIV
EL TURCO Y EL TÉ
Llegaron
reportes de que unas maravillosas nuevas armas habían sido
instaladas en uno de los fuertes en el Bósforo y un gran
despliegue secreto fue observado en su construcción. Se volvió
mi deber ir y averiguar cualquier particularidad acerca de ellas.
Mi primer día en Constantinopla lo pasé bajo
la guía de una dama americana en la búsqueda de sitios de
interés de la ciudad, cuando habíamos visitado casi todos los
puntos interesantes para turistas ella me preguntó si había
cualquier otra parte que quisiera conocer; hasta cierto punto
deposité en ella mi confianza cuando le dije que daría
cualquier cosa por ver el interior de uno de esos fuertes, si
fuera posible.
Ella de inmediato dijo que estaría encantada
de llevarme para ver a su viejo amigo Hamid Pasha, quien estaba
encuartelado en uno de ellos, siempre deseoso de dar a ella y a
sus amigos una taza de té.
Cuando llegarnos a la puerta del fuerte el
centinela y el oficial de guardia no nos permitían pasar hasta
que la dama dijo que era amiga del Pasha, por lo que fuimos de
inmediato admitidos y conducidos a sus habitaciones.
Él era un gentil anfitrión pues nos recibió
con la mayor amabilidad y después de enseñarnos sus propios
cuartos y las muchas curiosidades que había colectado, nos
llevó alrededor del fuerte y nos señaló sus antiguos y
modernos recursos para la defensa; finalmente nos mostró las
armas. Dos de éstas, en una posición prominente donde podían
fácilmente ser vistas desde el exterior, estaban cubiertas con
lonas. Mi emoción en consecuencia creció intensamente cuando
las vi y secretamente le rogué a la dama persuadirlo para
permitirnos echarles un vistazo; él de inmediato consintió,
pensando que yo era americano y, sonriendo de lado a lado, dijo:
"éstos son nuestros más recientes desarrollos".
rdaderamente de
manufactura moderna pero no muy nuevas o poderosas; entonces
mencionó intencionalmente todo el secreto cuando dijo: "por
supuesto, intentarnos impresionar a una cierta potencia
extranjera con la idea que estamos rearmando nuestros fuertes, y
por lo tanto dejarnos saber que mantenemos estas armas en
secreto, cubriéndolas de la vista de cualquier espía".
En otra ocasión me tocó inspeccionar algunas
de las defensas de los Dardanelos y descubrí que la mejor manera
de hacerlo era dándole la cara al mar. Esto involucraba abordar
un pequeño vapor de carga que navega entre Odesa y Liverpool; mi
viaje en él fue uno de los más amistosos y originales de los
que he tornado.
Un vapor con su cargamento de granos casi
saliéndose por los ventiladores es -contrariamente a toda
expectativa- un muy confortable bote para navegar. El capitán y
su esposa vivían en cómodas cabinas en medio del barco bajo el
puente; la siguiente cubierta estaba llena de cerdos y gallinas,
los cuales eran libremente alimentados en el cargamento. La
ayudante del capitán era escocesa, y por lo tanto una excelente
cocinera.
Todo estaba limpio y confortable, el capitán
era muy atento y estaba enterado de mi inquietud por observar y
examinar las defensas de la costa conforme fuéramos pasando.
Él me permitió prácticamente tornar el mando
de la nave con todo su curso y anclaje. De lado a lado de los
Dardanelos paseamos y cuando estuvimos frente a uno de los
fuertes que necesitaba estudiar anclamos la nave.
Nuestro proceder errático naturalmente
invitaba a la investigación y cuando un barco piloto
gubernamental comenzó a inquirir por nuestra razón para anclar
en una bahía determinada, llegaba a la conclusión que nuestro
mecanismo guía no estaba muy bien y que tuvimos que parar para
repararlo.
Mientras el barco estaba anclado un bote era
descendido y me alejaba en él por un rato, nominalmente en
pesca, pero verdaderamente navegando cerca de los fuertes Y
pescando información más que peces, observando los diferentes
tipos de armas empleadas, dibujando su posición y el radio de
fuego permitido para tomarles por el plano inclinado de sus
cañoneras; también tomamos sondas donde se necesitara e hicimos
mapas de posibles lugares de desembarco tanto para atacar como
para otros propósitos.
Yo me
estremecí tan pronto cayeron las cubiertas y entonces reconocí
las armas, ve
Capítulo
XV
OBSERVANDO A LOS BOSNIOS
Bosnia
y, Herzegovina se encontraban bajo la protección austríaca y
estaban abasteciendo al ejército austríaco con un nuevo
contingente de infantería. De esta fuerza se decía que tenía
las más maravillosas capacidades de marcha y resistencia, algo
hasta ahora inaudito entre las naciones europeas. Se me envió
para descubrir cuán grandes podrían ser estas capacidades y
cuál era el secreto de su éxito.
Los visité en su propio país. Pero antes de
arribar pasé por Montenegro en donde había recibido reportes de
montenegrinos, los cuales con alguna extensión sin importancia
les cedieron sus praderas superiores. Cuando le pregunté a un
montenegrino su opinión de sus vecinos en el asunto de la marcha
y la escalada, él sólo pudo escupir desdeñosamente. Entonces
me explicó que cualquier tonto puede subir el monte, pero un
montenegrino es el único hombre que puede bajarlo.
Él señaló la torre circular en Cettinje y me
dijo que en su interior había muchas pilas de Cabezas de Turco;
la razón era que cada montenegrino que pudiera mostrar una pila
de nueve cabezas de turco recolectadas por él mismo era premiado
con una medalla de oro del príncipe.
Su método para obtener cabezas de turco era el
siguiente:
Una partida de ellos haría una incursión en
territorio turco y tomaría algo de ganado o mujeres; entonces
serían perseguidos por los turcos hacia las montañas mientras
que ellos efectuarían su huida rápidamente arriba de la
montaña en las laderas alejándose sólo lo suficiente para
guiar a los turcos en su persecución vehemente. Cuando los
turcos habían cobrado mucho ánimo en la persecución, los
montenegrinos repentinamente darían media vuelta y cargarían
ladera abajo de la montaña.
No había
escapatoria para los turcos. Ellos eran mortales ordinarios y no
podían correr monte abajo. Me mostró su gran rodilla desnuda y
dándole palmadas con orgullo, dijo: "Esto es lo que te
lleva colina abajo; no hay otra nación que tenga rodillas como
la de los montenegrinos. Y en cuanto a los bosnios... "
-¡entonces escupió!
Sin embargo, como los bosnios fueron reportados
de hacer grandes cosas en la línea de marcha para el ejército
austríaco, mi siguiente paso fue visitar las maniobras
austríacas y observarlas.
Es lo usual para un agregado militar ser
enviado a observar tales maniobras, además es el invitado del
gobernador a su cargo. Pero en esa posición es muy difícil para
él ver detrás de las escenas. Sólo se le muestra lo que
quieren que vea. Mi deber era ir detrás de las escenas tanto
como fuera posible y obtener otros puntos de vista.
Por consiguiente, me agregué a una escuadra de
infantería con quien pasé un par de días y noches. Había
llegado a cierta ciudad y no pude encontrar ninguna habitación
donde pudiera dormir. Los hoteles estaban repletos, e incluso en
las tiendas los hombres eran alojados para dormir sobre y bajo
los mostradores, como también en cada desván y arcada en el
lugar.
Finalmente, fui a la estación y le pregunté
al jefe de estación si podía dormir en algún carro de la vía.
Me informó que todos estaban llenos con tropas, pero uno de los
hombres que trabajaba en la vía que venía de la caja de
señales, a un corto trecho bajo la línea, se apiadó de mí, y
me dijo que si quería podía ocupar su cabina, la cual
compartiría con su hermano, que era un cabo en su escuadra de
hombres, y que tal vez encontraría espacio para acostarme ahí.
Yo gustosamente subí los escalones dentro de
la caja de señales, allí fui bienvenido por el cabo y sus
hombres al compartir sus suministros, después de una cena y una
plática me acosté entre ellos.
Fue interesante ver cómo concienzudamente esta
pequeña partida hacía su trabajo. A cada hora durante la noche,
el cabo salía e inspeccionaba a su centinela tal y como si
estuviera en servicio activo; las patrullas eran frecuentes y se
entregaban reportes, aunque ningún oficial se acercó al lugar.
Durante los
siguientes dos días, tuvimos mucha experiencia de marcha y
contramarcha, disparando y cargando; pero yendo a lo largo en la
parte posterior de la inmensa masa de tropas uno pronto se daba
cuenta del enorme despilfarro que había al rezagarse y
especialmente aquellos con los pies lastimados. Era tan común
este caso que venían vagones a lo largo, recogían a los
lastimados de los pies y los llevaban de regreso a la vía del
tren, donde cada tarde un tren especial estaba al servicio para
escoltarles de regreso a su guarnición.
Unos pocos que no eran incluidos en esta
operación en el campo eran recogidos dentro de sus hospitales de
campo, así los números mostrados cada día al personal de
General de los hombres hospitalizados por pies lastimados era muy
pequeño comparado con el número que eran puestos en acción por
esa causa.
Así, mi amigo el montenegrino no había
escupido sin razón, y que los bosnios no eran más fuertes en
sus pies que las otras nacionalidades en ese variado ejército.
OFICIALES
AUSTRIACOS
Yo
tenía una muy fuerte simpatía por el ejército austríaco y sus
oficiales. Ellos eran muy parecidos al nuestro, pero mucho más
amateur tanto en su conocimiento como en sus métodos de
liderazgo, que era tan viejo como los cerros y propenso a cometer
errores a cada oportunidad.
El único que parecía darse cuenta era el
anciano emperador en persona, cuando llegó volando era muy
parecido al Duque de Cambridge en su mejor época volando en lo
peor de una tormenta.
El ejército era comandado por archiduques,
hombres de edad como regla, todos intensamente nerviosos sobre lo
que el emperador podría pensar de ellos cuando llegara. Uno
podía predecir cuándo iba a llegar por las plumas en sus
cascos. Un archiduque se vería muy valiente con toda su pintura
de guerra, pero si observaras la pluma verde sobre él muy de
cerca notarías su temblar con un distinto estremecimiento cuando
el Emperador estuviera en cualquier parte del área.
Sus anticuados métodos y novatez parecen
conducirlos a pagar un costo muy alto en la presente campaña.
UN
RETO INTERESANTE
Un
nuevo método para iluminar el campo de batalla de noche ha sido
inventado en el continente. Una sustancia química ha sido
manufacturada que permite al usuario encender una fuerte luz
sobre un amplio espacio en cualquier momento.
El rumor decía que era tan poderosa como un
reflector y podía llevarse en el bolsillo. Pero un gran secreto
era observado tanto en su composición como en sus experimentos.
En el mismo ejército un nuevo tipo de globo de observación se
decía estar en proceso de equipamiento con algunos de los más
actualizados aparatos.
También se reportó que, en adición a estas
ayudas para un reconocimiento efectivo, un nuevo método para
cruzar los ríos por la caballería había sido inventado
mediante el cual cada hombre y caballo en una división de
caballería pudiera cruzar los ríos sin dificultad o retraso.
Debido a las tendencias políticas llevadas en
Europa en ese tiempo había la posibilidad que esos rumores
hubieran sido corridos con toda intención, como tantos otros, en
vista de darle un prestigio moral al ejército concerniente.
Se volvió mi deber investigar tanto como fuera
posible; qué tanta verdad había en éstos.
Capítulo
XVI
ENCUENTRO CON LA POLICIA
Era
un país muy difícil en donde poder trabajar, debido a los
estrictos arreglos policiacos contra los espías de todo tipo y
parecía ser un reto imposible de averiguar lo que yo quería
saber, porque uno podía estar seguro de ser observado en cada
esquina. Como después averigüé, fue que a través de esta
multiplicidad de arreglos policíacos uno podía avanzar mucho
con relativa facilidad. Porque si uno iba con mucha audacia
sería inmediatamente requerido por los observadores policiacos.
Además, los espías generalmente hacen su trabajo por ellos
mismos y, en esta ocasión iba acompañado por mi hermano; esto
nos facilitó las cosas para avanzar como un par de turistas
interesados en el país. Un hombre viajando solo está mucho más
expuesto a llamar la atención y así avanzar bajo sospecha.
Nuestra entrada al país no fue juntos
afortunadamente, porque mientras en el tren nos las arreglamos
para entrar en problemas con el guardia acerca de una ventana que
él insistía en cerrar mientras nosotros la queríamos abierta,
en el mismo vagón iba con nosotros un caballero de cierto
renombre en el país, y en una conveniente distracción le hice
un pequeño boseto. Acababa de completarla cuando un brazo
sujetó m¡ hombro desde detrás y, una foto fue tomada por el
observador guardia del tren y sacada para ser usada corno
evidencia en mi contra.
El guardia de un tren en este país, debo
decirlo, se clasifica como de la misma categoría de un coronel
en el ejército, por lo tanto no es un hombre para ser tomado a
la ligera. A nuestra llegada a la termina¡ encontramos un tipo
de guardia de honor de gendarmes esperándonos en la plataforma,
y fuimos puntualmente puestos en marcha hacia la oficina de la
policía para explicar nuestro proceder en el tren por atrevernos
a abrir la ventana cuando el guardia la quería cerrada y por
dibujar caricaturas de un "noble" en el tren.
Nosotros no
guardamos el secreto de nuestra identidad y le entregamos
nuestras cartas al comisario de policía que, cuando las vio
estaba violentamente enfurecido con nosotros, evidentemente
decidiendo qué castigo darnos antes de haber escuchado nuestro
caso del todo. Pero cuando él vio el nombre de mi hermano como
un oficial en la guardia, preguntó: "quiere esto decir en
la guardia de su majestad la Reina Victoria." Cuando él lo
escuchó cambió toda su conducta. Brincó de su asiento y
pidiéndonos que nos sentáramos explicó que todo había sido
una equivocación. Evidentemente los guardias en su país estaban
en una muy alta estima. Él nos explicó que había pequeñas
reglas irritantes en el ferrocarril que tenían que ser forzosas
pero, por supuesto, en nuestro caso nosotros no seríamos
limitados por tales pequeños estatutos, luego, con profusas
disculpas, nos hizo una reverencia nos sacó de la oficina sin
avergonzarnos.
ÉXITO CON EL GLOBO
Nosotros
no lo pasamos mucho sin la vergüenza. Nuestra primera ansiedad
era encontrar dónde y cómo sería posible ver parte de este
equipo por el cual habíamos venido al país. Estaban tomando
lugar unas maniobras como a cincuenta millas de distancia, y
ahí, como turistas, fuimos sin demora. Nos instalarnos en una
pequeña posada no muy lejos de la estación del ferrocarril y
los siguientes días hicimos inmensas caminatas, siguiendo a las
tropas y observándolas en su trabajo sobre cada área extendida
del país.
Al final de un día observamos un globo en el
cielo, e hicimos el camino más corto hacía éste hasta que
llegarnos a su estación. Cuando era arrastrado y, anclado al
suelo los hombres salieron del campamento para cenar y el globo
fue dejado sin un alma para vigilarlo. No fue mucho después que
ambos estuviéramos dentro de la canasta tomando nota de todo en
la forma de los instrumentos y el nombre de sus fabricantes, así
obtuvimos toda la información y fue posible salir antes de que
los hombres regresaran.
CÓMO
ENTRAR A UN FUERTE
Nuestro
siguiente paso era ver la maravillosa iluminación para trabajo
nocturno; en el transcurso de nuestras caminatas dimos con un
gran fuerte desde el cual proyectores habían sido colocados la
noche previa. Había una gran barda que rodeaba al fuerte a una
distancia de unas veinte yardas dispuesta de tal manera que nadie
entraría a este círculo sin ser visto. Nosotros razonamos que
una vez estando adentro cualquier centinela o detective habría
naturalmente supuesto que se nos había permitido estar ahí.
Intentamos la idea y funcionó
espléndidamente. Caminamos tranquilamente a través de campos,
pasamos centinelas sin temor y no se nos cuestionó una sola vez.
Una vez dentro de esta línea pudimos llegar directamente al
fuerte; ahí nos paseamos como si el lugar nos perteneciese.
Hay una cierta cantidad de arte requerida en no
hacerte aparecer como un extraño en un lugar nuevo. En los
menores detalles tales como el sombrero, botas y el nudo de la
corbata es bueno el vestir aquellos comprados en el país que
estás visitando, de otra manera tus artículos de manufactura
británica son una atracción segura al policía observador. En
los detalles de conducta te has de desenvolver como un nativo lo
haría estando acostumbrado a estar ahí.
Caminar dentro de un fuerte extraño debe ser
llevado a cabo de la misma forma como tú entrarías en una
ciudad extraña, más o menos. Tú caminas como si tuvieras
propósito para llegar a una cierta parte de ella, como si
pensaras que sabes el camino perfectamente, sin mostrar ningún
tipo de interés en lo que hay alrededor de ti. Si pasas frente a
un oficial o un dignatario a quien ves que todos saludan,
salúdalo también, para no verte así muy singular. Cuando
desees observar algo en especial te pones a holgazanear leyendo
un periódico o, en una ciudad, observando todo lo que desees ver
en el reflejo de la ventana de una tienda. La pena por espionaje
en este país era de cinco años sin la opción de una multa, o
incluso un juicio.
Habiendo caminado exitosamente de ida y de
regreso -que es otra cosa- nos sentimos tan eufóricos por
nuestro éxito, que esperamos a que cayera la noche para
intentarlo otra vez. Éste no era un trabajo fácil. Como el
lugar estaba rodeado por avanzadas era mucho más estrecha la
vigilancia para un enemigo que iba a hacer una maniobra de ataque
durante la noche. Manteniendo el sotavento de la posición
general uno era capaz de deslizarse silenciosamente, oliendo el
vientecillo, hasta que se podía juzgar dónde había una
avanzada y dónde había suelo abierto, de esta manera, oliendo
nuestro camino como lo hicimos, fuimos capaces de deslizarnos a
través y entre las avanzadas; así ganarnos el fuerte.
CÓMO
OBTUVIMOS LA LUZ SECRETA
Esto
significó pasar inadvertido el mayor tiempo posible y tuvimos
éxito equitativamente bien. Gracias a la buena fortuna llegamos
justo antes de que los experimentos con los cohetes de
iluminación comenzaran. La atención de todos estaba centrada en
esto y ninguno tenía tiempo para notar u observar lo que
hacíamos. Observamos los preparativos y también los resultados,
así, habiendo estudiado la rutina y, la geografía de la
práctica, estábamos al final capaces de hacernos de alguno de
los cohetes y de la composición de la iluminación, con esto
nosotros podríamos eventualmente irnos. Sin demora alguna nos
hicimos de nuestros tesoros y los entregamos a un agente
confiable que los transfería de inmediato a Inglaterra.
CÓMO CRUZAMOS EL GRAN RIO
Nuestro
siguiente paso era observar cómo cruzaba el río la caballería.
De una información que recibimos nos presentamos en un punto del
río poco antes de las diez de la mañana. El oficial agregado
había recibido la notificación de que una brigada de
caballería cruzaría el río en este sitio a las 10 en punto y,
como a las diez su tren especial debía llegar ahí.
Ahí estábamos nosotros, afortunadamente, con
media hora de anticipación y vimos a toda la brigada bajar
hacía el río y enfilarse a través de un vado, donde se mojaron
los caballos por una extensión, pero no nadaron.
En el banco más lejano unos pocos hombres
fueron dejados. Éstos tan pronto pasaban -de hecho eran todos
los hombres y caballos que podían nadar bien- y tan pronto el
tren arribaba y los agregados desembarcaban sobre el banco,
encontraban la mayor parte de la brigada ya arribada, mojada y al
resto nadando en ese momento.
Por supuesto en sus reportes ellos afirmaban
que habían visto a toda la brigada pasar a nado. Pero esto es
muy común en los reportes donde le esparcen historias que no son
estrictamente verdaderas.
Capítulo
XVII
CAPTURADO AL FIN
Alentados
por nuestro éxito en introducirnos a los fuertes de día y de
noche, nosotros continuamos el experimento por muchas noches
sucesivas, observando las prácticas posteriores con reflectores,
balas de salva y cohetes luminosos. Nosotros habíamos colectado,
sin embargo, toda la información que era necesaria y no había
necesidad de regresar. Pero nos llegaron noticias de que habría
una demostración final para el Emperador en persona, y no pude
resistir la tentación de regresar una vez más al fuerte; como
lo esperaba iba a tomar lugar una gran demostración pirotécnica
para esta ocasión.
Llegué a buen tiempo antes de la llegada del
Emperador y tomé mi posición como era usual. Mi hermano
permaneció afuera para ver el efecto de las luces desde el punto
de vista del atacante. Adentro, sin embargo, nada era igual en
ocasiones previas. Había un gran número de oficiales reunidos
ahí y un gran número de policías para mi gusto. Yo, por lo
tanto, me arrepentí de mis intenciones y tomé el camino de
vuelta.
Entonces al ir caminando de regreso por el
camino en la oscuridad, vi las luces del séquito del Emperador
que venían hacia mí. Tan pronto me pasó el primer carro hice
la peor cosa en el mundo que pudiera haber hecho en ese momento:
volteé mi cabeza para evitar ser reconocido al darme la luz de
las lámparas. Mi acción hizo que los ocupantes del primer carro
sospecharan. Ellos eran algunos miembros del grupo de oficiales
del Emperador.
En un momento
detuvieron el carro, corrieron hacía mí, y con apenas una
palabra, me prendieron y empujaron dentro del carro con ellos y
me condujeron de vuelta al fuerte. Me preguntaron unas cuantas
cosas como quién era y porqué estaba allí, al llegar al fuerte
fui entregado a otros oficiales y se me preguntó de nuevo por
mis asuntos. Yo sólo pude decir que era ingles que había estado
observando las maniobras como un espectador y que estaba ansioso
de encontrar mi camino a la estación (que estaba como a diez
millas). Esto era totalmente cierto, pero no lo suficientemente
bueno para ellos, e inmediatamente me metieron dentro de un carro
y me enviaron de regreso a cargo de un oficial a la estación,
con el objetivo de entregarme a la policía y, llevarme a la
capital.
Fue en los días de mi aprendizaje, y yo fui
excesivamente tonto al tomar algunas notas que, aunque
indescifrables, quizás podrían haber sido usadas como evidencia
en mi contra. Por consiguiente, tan pronto como estuvimos en
camino hice mi trabajo rompiendo en pequeños pedazos aquellas
notas y tirándolas por la ventana del carro cuando mi guardián
veía a otra parte. Cuando llegamos a la estación había poco
tiempo para esperar, pregunté si podía ir a la posada y recoger
mis pertenencias. El permiso me fue concedido y fui llevado bajo
el cuidado de un oficial de policía.
Precipitadamente empaqué mi maleta y el buen
oficial se empeñó en ayudarme, empacando cualquier cosa que
pudiera ver en el cuarto y metiéndolas con mis cosas.
Desgraciadamente él guardó las cosas de mi hermano también;
así cuando se dio la vuelta las empujé debajo de su cama porque
no quería que se supiera que él estaba también allí.
En un
momento detuvieron el carro, corrieron hacía mí, y con apenas
una palabra, me prendieron y empujaron dentro del carro con ellos
y me condujeron de vuelta al fuerte. Me preguntaron unas cuantas
cosas como quién era y porqué estaba allí, al llegar al fuerte
fui entregado a otros oficiales y se me preguntó de nuevo por
mis asuntos. Yo sólo pude decir que era ingles que había estado
observando las maniobras como un espectador y que estaba ansioso
de encontrar mi camino a la estación (que estaba como a diez
millas). Esto era totalmente cierto, pero no lo suficientemente
bueno para ellos, e inmediatamente me metieron dentro de un carro
y me enviaron de regreso a cargo de un oficial a la estación,
con el objetivo de entregarme a la policía y, llevarme a la
capital.
Fue en los días de mi aprendizaje, y yo fui
excesivamente tonto al tomar algunas notas que, aunque
indescifrables, quizás podrían haber sido usadas como evidencia
en mi contra. Por consiguiente, tan pronto como estuvimos en
camino hice mi trabajo rompiendo en pequeños pedazos aquellas
notas y tirándolas por la ventana del carro cuando mi guardián
veía a otra parte. Cuando llegamos a la estación había poco
tiempo para esperar, pregunté si podía ir a la posada y recoger
mis pertenencias. El permiso me fue concedido y fui llevado bajo
el cuidado de un oficial de policía.
Precipitadamente empaqué mi maleta y el buen
oficial se empeñó en ayudarme, empacando cualquier cosa que
pudiera ver en el cuarto y metiéndolas con mis cosas.
Desgraciadamente él guardó las cosas de mi hermano también;
así cuando se dio la vuelta las empujé debajo de su cama porque
no quería que se supiera que él estaba también allí.
Habiendo finalmente llenado mi baúl de viaje,
mi siguiente preocupación era dejar una advertencia para que no
fuera atrapado. Así que mientras aparentemente le pagaba la
cuenta al casero, que había sido llamado por el policía,
escribí una nota de advertencia en un pedazo de papel, que metí
a la fuerza en el candil, donde mi hermano no pudiera fallar en
encontrarla cuando regresara después a casa. Así fui hacia la
estación, llevado de regreso a la capital por un oficial del
Húsar de agradable temperamento. Con todos los buenos
sentimientos y la verdadera hospitalidad de su clase, insistió
en comprar media docena de botellas de cerveza para mi consumo
-como era un Inglés- y me ayudó con la prueba rigurosa durante
las primeras horas de la mañana.
En un
momento detuvieron el carro, corrieron hacía mí, y con apenas
una palabra, me prendieron y empujaron dentro del carro con ellos
y me condujeron de vuelta al fuerte. Me preguntaron unas cuantas
cosas como quién era y porqué estaba allí, al llegar al fuerte
fui entregado a otros oficiales y se me preguntó de nuevo por
mis asuntos. Yo sólo pude decir que era ingles que había estado
observando las maniobras como un espectador y que estaba ansioso
de encontrar mi camino a la estación (que estaba como a diez
millas). Esto era totalmente cierto, pero no lo suficientemente
bueno para ellos, e inmediatamente me metieron dentro de un carro
y me enviaron de regreso a cargo de un oficial a la estación,
con el objetivo de entregarme a la policía y, llevarme a la
capital.
Fue en los días de mi aprendizaje, y yo fui
excesivamente tonto al tomar algunas notas que, aunque
indescifrables, quizás podrían haber sido usadas como evidencia
en mi contra. Por consiguiente, tan pronto como estuvimos en
camino hice mi trabajo rompiendo en pequeños pedazos aquellas
notas y tirándolas por la ventana del carro cuando mi guardián
veía a otra parte. Cuando llegamos a la estación había poco
tiempo para esperar, pregunté si podía ir a la posada y recoger
mis pertenencias. El permiso me fue concedido y fui llevado bajo
el cuidado de un oficial de policía.
Precipitadamente empaqué mi maleta y el buen
oficial se empeñó en ayudarme, empacando cualquier cosa que
pudiera ver en el cuarto y metiéndolas con mis cosas.
Desgraciadamente él guardó las cosas de mi hermano también;
así cuando se dio la vuelta las empujé debajo de su cama porque
no quería que se supiera que él estaba también allí.
Habiendo finalmente llenado mi baúl de viaje,
mi siguiente preocupación era dejar una advertencia para que no
fuera atrapado. Así que mientras aparentemente le pagaba la
cuenta al casero, que había sido llamado por el policía,
escribí una nota de advertencia en un pedazo de papel, que metí
a la fuerza en el candil, donde mi hermano no pudiera fallar en
encontrarla cuando regresara después a casa. Así fui hacia la
estación, llevado de regreso a la capital por un oficial del
Húsar de agradable temperamento. Con todos los buenos
sentimientos y la verdadera hospitalidad de su clase, insistió
en comprar media docena de botellas de cerveza para mi consumo
-como era un Inglés- y me ayudó con la prueba rigurosa durante
las primeras horas de la mañana.
Al llegar a la
capital fui puesto en un hotel, se me quitó el pasaporte y se me
dijo que debía permanecer ahí hasta que se me mandara llamar.
Mientras tanto podía recorrer los alrededores de la ciudad, pero
no alejarme sin permiso. Muy pronto descubrí que estaba siendo
observado por un detective ex profeso, entonces conocí a un
espía extranjero que actuaba como mesero en el hotel. Él estaba
bien informado de la alta política, al igual que de asuntos
militares, que adiviné que debía ser un oficial del cuerpo de
inteligencia; él fue para conmigo de lo más amable y de mucha
ayuda en mi predicamento.
Él me señaló quién era el detective en el
personal del hotel y me informó que su deber era sólo
observarme, para averiguar cuáles eran mis movimientos a diario
y reportarlos por teléfono, al oficial en jefe de la policía.
Él me aconsejó en informar al conserje antes de salir cada
día, dejando saber así a los detectives cuáles eran mis
planes, ellos entonces telefonearían a la policía, quien
tendría sus propios detectives observándome mientras estaba
fuera.
Capítulo
XVIII
EL ESCAPE
En
poco tiempo mi hermano se me unió desde el área de maniobras,
pero al hacer eso él se puso bajo observación y bajo sospecha,
éramos prácticamente un par de prisioneros. Era tal este caso
que unos días después recibimos una visita, a la hora del
almuerzo, de un amigo en buena posición que también estaba en
contacto con la policía. Él nos aconsejó que el mejor camino
que podíamos tomar era el escapar del país mientras fuera
posible; él se encargaría de hacer los arreglos por nosotros.
La idea era deslizarnos a un puerto donde podríamos abordar un
vapor británico como si fuéramos dos más de la tripulación y
así salir del país.
Esa era la escena. Pero la dificultad era cómo
llevarla a cabo. Se encontró un barco cuyo capitán estaba
dispuesto a recibirnos una vez que pudiéramos llegar a él sin
ser observados. Con la ayuda de nuestro amistoso mesero, dejamos
al detective en el hotel dando a entender que estábamos cansados
de estar bajo sospecha y que audazmente iríamos a tomar el tren
y dejar el país.
A las diez un taxi iba a venir por nosotros y
nuestro equipaje para llevamos a la estación. Nadie podría
interferimos porque éramos ingleses libres y no estábamos
sujetos a las reglas de ningún hombre. El Embajador y todo el
resto de los poderes debían oír acerca de ello. Esto era para
la información del detective, él simplemente lo telefonearía a
la oficina de policía en la estación del tren, donde debíamos
ser arrestados en el momento de nuestra partida.
Entramos en
nuestro taxi y conducimos por las calles hacía la estación
hasta estar fuera de vista del hotel. Entonces le dijimos al
conductor que queríamos ir a otra estación. Este curso
involucraba ir al río y tomar el ferry. Fue un rato de mucha
ansiedad. ¿Habríamos sido descubiertos?, ¿estaríamos
perdidos?, ¿estaríamos siendo seguidos?
Estas preguntas se responderían por sí mismas
conforme progresáramos con nuestra maquinación. La respuesta,
cuando llegara, significaría muchísimo para nosotros: ¡triunfo
o cinco años en prisión!; así que teníamos todo para estar
ansiosos. De alguna manera, no nos preocupábamos mucho acerca de
las consecuencias sino del presente, cómo evadir la persecución
y la recaptura.
Al llegar al ferry le pagamos al taxista y nos
fuimos hacia el muelle. Aquí encontramos un bote que ya estaba
preparado, nos alejamos hacia el barco, que estaba esperando bajo
la niebla en medio del río para arrancar al momento en que lo
abordáramos.
En este momento supremo tuvo mi hermano la
temeridad de discutir con el barquero sobre el precio, le exigí
que le diera al hombre el doble de lo que pedía, sólo por ser
libre, pero mi hermano estaba tranquilo y por esta vez ¡estaba
en lo cierto! Su acción de negociar el precio pudo quitar toda
sospecha que podía tener hacia nosotros y al final llegamos a
salvo a bordo y nos alejamos.
CONCLUSIÓN
Tales son algunas
de las menores experiencias que, aunque no sean muy sensacionales
en sí, son parte del trabajo diario de un "agente de
inteligencia" (alias un espía), y mientras ellos tienden a
revelar tal trabajo de toda sospecha de monotonía, suman, como
regla, ese toque de romance y excitación que hace del espionaje
el fascinante deporte que es.
Cuando uno
reconoce también que podría tener resultados invaluables para
el propio país en tiempo de guerra, uno siente que aunque si
bien es a un tiempo gastar abundantemente un gozo, no significa
que es tiempo desperdiciado; y si bien el "agente" es
capturado, puede "pasar" sin honores y desconocido, él
sabe en su corazón que ha luchado tan valientemente por su país
como sus camaradas que cayeron en la batalla.
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